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Llega a las pantallas la irreverencia del director español de la Iglesia

GUADALAJARA, JALISCO (16/FEB/2014).- Las brujas de Zugarramurdi es como caballo desbocado: torrencial y salvaje. Una vez que se pone en movimiento el circo de fenómenos que acostumbran ser las películas de Alex de la Iglesia, no hay manera de parar a entender, a tratar de pensar; arrastran sin remedio hasta una culminación, por lo general, arrebatada y excesiva. Dicha parte en ésta ocasión tiene trazas de delirio arqueológico cebado con la incógnita de la Venus de Willendorf y las fantasías de H.P.Lovecraft, en escenificación en clave de fiesta rave feminista. Sin embargo, antes de entregarse a esa sofocante orgía de gritos, música, sonidos de todo tipo, e imágenes frenéticas, la cinta brinda poco más de una hora del mejor cine; un espectáculo vigoroso, surrealista, lleno de detalles interesantes, cómicos, y de maniobras narrativas bien ejecutadas.

El humor del director y de Guerricaechevarría, su permanente colega en el guión, destaca por la capacidad de combinar malevolencia y vulgaridad. Muchas de las sorpresas iniciales dependen de tales cualidades. Se encuentran a la hora de observar la verdadera actividad que realizan los que pasean en un sitio público disfrazados de personajes de caricatura, en la franqueza con que uno de los personajes masculinos menciona con orgullo que trabaja en un antro con nombre de fluido corporal, o en el uso de un niño para efectuar un delito. También gustan de la escatología, así en un par de ocasiones, el sanitario de una taberna se convierte en un lugar propicio para causar asco, tanto como espanto. Y disfrutan de lo lindo con el salpicón de sangre; por aquí a un pobre tipo le cortan los dedos de las manos y en el epílogo montan un chiste con el resultado, por allá beben de un corazón que exprimen cual naranja, más acá cocinan caldos con manos y pies de algún cuerpo humano.

Entre tantas cosas, la historia consta de un viaje forzoso de Madrid a la frontera con Francia. Un poco antes de llegar los personajes hacen alto en una pequeña localidad al norte de Navarra que se llama Zugarramurdi. El sitio es histórico, fue escenario en 1610 de uno de los grandes procesos de brujería que emprendió la Iglesia católica en sus intentos de acabar con las prácticas paganas. Como hiciera Shakespeare en Macbeth, el realizador arranca la trama con una escena de brujas, en torno a un caldero humeante, formulando cábalas. Si bien la apariencia de las señoras reproduce el estereotipo de cabello largo y blanco, rostro arrugado, manos huesudas de uñas largas, más tarde la imaginería del mito se renueva bastante con la presencia de una joven atractiva, con atuendo de cuero negro ajustado y corte de cabello muy moderno. Mismo personaje que luego, en uno de tantos chascarrillos, dará al manejo de la escoba una connotación erótica.

• "Las brujas de Zugarramurdi", España/ Francia, 2013; Dirección: Alex de la Iglesia; Guión: Jorge Guerricaechevarría; Actuación: Hugo Silva, Mario Casas, Carmen Maura, Terele Pávez, Carolina Bang.

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