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Aprendiendo a decir: Padre Nuestro

Repetiremos la oración hasta que se incruste en nuestra vida y nos eleve a un plano superior

     Inexorablemente los días avanzan y el calendario va desprendiendo sus hojas una a una.

     Pero estamos apenas al inicio de este año, lleno de promesas y también de amenazas y temores. Por eso es bueno volver la mirada a nuestro Salvador, al cual recibimos con tanta alegría en los días de la Navidad, y con luces, cantos y fiestas recordamos su presencia en este mundo.

     Lo verdaderamente importante es irlo reconociendo cada día en nuestro corazón, recordando sus enseñanzas y llevándolas a la vida de cada día.

     Por lo pronto nos empeñaremos en elevar nuestra voz suplicante al cielo y decir con fe, con amor y fervor aquella oración que el mismo Cristo Jesús nos enseñó:


Padre Nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre.
Hágase tu voluntad,
así en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en tentación
y líbranos del mal. Amén.

     Desde luego que el invocar a Dios como nuestro Padre tiene muchas implicaciones, que tenemos que asumir para merecer plenamente ese derecho.

     Es bueno reflexionar en el significado de cada uno de los enunciados que repetimos en el Padre Nuestro.

Santificado sea tu nombre

     Necesitamos que tu nombre se respete en todos los lugares del mundo, especialmente en nuestro hogar, en nuestro ambiente de trabajo y en nuestro corazón.

Venga a nosotros tu Reino

     Que a todos llegue tu reino de justicia, de amor y de paz, porque sólo contigo podremos encontrar ese lugar soñado en el cual se logra la verdadera felicidad.

Hágase tu voluntad

     Necesitamos comprender que lo que nosotros deseamos y pedimos no es lo que más nos conviene, pero lo que Tú quieres sí es lo mejor para nosotros.

Danos hoy nuestro pan de cada día

     Que todos los seres humanos y que todas familias tengan cada día su alimento material y espiritual; que a nadie falte su ración de amor y de alegría.

Perdónamos, Señor  

     Esto hay que repetirlo a diario y muchas veces, porque constantemente te ofendemos y nos ofendemos.

     Enséñanos también a perdonarnos mutuamente,  de manera especial en nuestra familia.

No nos dejes caer en tentación

     El mal que nos acosa viene vestido de colores brillantes y apariencias atrayentes... y nosotros ¡caemos tantas veces y tan fácilmente!

Líbranos de todos los males, Señor

     Líbranos de los males que nos acechan desde fuera y los que germinan en nuestro corazón, de los desastres naturales y de tantos males que nosotros mismos provocamos. Amén.

     Desde la perspectiva de Jesús iremos ahondando nuestras reflexiones sobre el Padre Nuestro, y mientras tanto repetiremos la oración hasta que se incruste en nuestra vida y nos eleve a un plano superior, en donde ciertamente encontraremos cosas mejores, con la gracia de Dios.

María Belén Sánchez  fsp  

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