A 300 años de ser un ícono
La Catedral de Guadalajara ha tenido un significado muy especial para los tapatíos a lo largo de tres siglos
GUADALAJARA, JALISCO (16/OCT/2016).- A la lejanía, sus dos torres son la referencia geográfica inmediata para indicar el Centro de la ciudad. La capital de Jalisco tiene en su Centro Histórico a su emblemático edificio sacro: la Catedral de Guadalajara. Este año se cumplen 300 años de su consagración como tal, sucedida el 12 de octubre de 1716. Su nombre oficial, casi desconocido para la mayoría de los feligreses, es el de Catedral de la Asunción de María Santísima y funge como sede de la Arquidiócesis de Guadalajara.
Tricentenaria como catedral, su pasado se remonta un poco más atrás en el tiempo, cuando apenas habían pasado unas decenas de años de haberse instaurado la Colonia en el ahora territorio mexicano. Al igual que la fundación de Guadalajara sucedió varias veces antes de asentarse en este valle, la instauración de su catedral tuvo una primera sede en el que ahora es el Templo de Santa María de Gracia. Esta sede provisional de la catedral su instauró a comienzos de la década de 1540, pero veinte años más tarde comenzaría la construcción de la siguiente morada. El destino estaba marcado para esa efímera catedral, que pasó a la historia tras consumirse por un incendio. ¿El motivo? El fuego fue provocado accidentalmente por vecinos del recinto, por utilizar pirotecnia. Corría el año de 1574.
El vacío religioso que dejó el improvisto fue mayor del que se hubiera pensado: si las edificaciones de las primeras catedrales sucedieron en poco más de 10 años cada una, la tercera (y definitiva), tendría que esperar poco más del siglo y medio. La demora acabó cuando finalmente se concretó el proyecto a manos del arquitecto Martín Casillas (de allí el nombre del teatro que honra su aporte a la ciudad), ya en los albores el siglo XVII.
Debido en parte a la demora y en parte a que las tendencias y modas arquitectónicas tardaban en arribar y asimilarse hasta estos lares, al grado que se mezclaban sin ton ni son, la catedral ostenta una mixtura de estilos. Neoclásico, un poco de barroco, morisco y el interior de estilo gótico… esta diversidad ha sido argumento en su contra por parte de los detractores. La distribución de su espacio interior es de tres naves (“basilical” en la terminología).
Una característica de los edificios históricos es que, pese a haber sobrevivido, suelen tener marcas por el paso del tiempo o registros de cambios menores, pero también a veces sustanciales. La catedral tapatía ostenta un estilo arquitectónico de contraste aún mayor debido a que sus icónicas torres no son las originales. Cuesta creerlo, pero esa silueta que resulta en un sinónimo de la ciudad se originó con la adenda de las torres construidas a mediados del siglo XIX.
Las torres parecían estar selladas por el destino al reconstruirse tres veces, como sucedió con la catedral en su totalidad: Estas torres que conocemos fueron construidas luego de un sismo en 1849, cuando se perdieron las torres que decenios atrás se habían reconstruido tras un primer terremoto que causó estragos en la estructura original.
El interior de la catedral guarda secretos y encantos dignos de su magnitud: destaca por su historia el obsequio de Carlos V, la Virgen de la Rosa, además de un Cristo de marfil y óleos y demás pinturas que hacen de esta morada de la fe también una galería de arte sacro. La sacristía, su capilla, la sala capitular son otros de los sitios de la catedral donde se guardan las piezas, incluso hay murales y una copia de Rafael, siempre con el tema religioso como motivo central (vírgenes, la última cena, santos, etcétera) y con varios siglos de antigüedad, lo que les da un valor aún mayor. La ebanistería está presente con las sillas en madera tallada, cercano al altar y reservadas para los invitados especiales.
Sin duda, un elemento que corona el interior de la catedral es su órgano bicentenario, uno de los más grandes de México y que con frecuencia resuena. El magno instrumento ha sido el pretexto idóneo para que la catedral sea sede de conciertos y festivales de órgano, que promueven la música sacra.
Un tema que aterra a más de alguno es el de las criptas, y no es para menos: como todo recinto de tales cualidades, sus partes inferiores funcionan como “camposanto”, es decir, como el depósito de los restos mortales. Pero el terreno de la catedral no estuvo destinado a resguardar los cadáveres de cualquier persona. La cripta de los arzobispos, como su nombre lo dice, está destinada a los sacerdotes que alcanzan dicho rango. Se encuentra debajo del coro, y aunque su nombre dice “arzobispos”, no se ciñe sólo a ellos, pues también hay cardenales.
La majestuosidad de la catedral no sería la misma sin su entorno, que también se ha visto notablemente modificado. Como pérdida se suele mencionar su amplio atrio, que tuvo desde su inauguración hasta poco después del inicio de la revolución. Como ganancia, un gran cambio en sus alrededores la tomó como el eje para el diseño de la conocida “cruz de plazas”, que toma a la catedral como el centro.
El entorno ideal
En el mapa de la “Guadalajara que fue”, las manzanas que rodean a la catedral gozan de popularidad, pues el arquitecto Ignacio Díaz Morales planificó la demolición de los inmuebles circundantes para dotar a la catedral de las plazas que la escoltan. Los fotógrafos y el negocio de las postales agradecen el gesto, pero la Zona Metropolitana de Guadalajara perdió varios edificios allá por 1949. A espaldas, frente al Teatro Degollado, había dos manzanas que desaparecieron para crear la Plaza Liberación. En una de ellas estuvo el Palacio Cañedo, un hogar que también fue conocido con el mote de la “Casa de los Huesitos” (con una construcción del siglo XIX). A un costado, donde ahora se ubica la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, hubo un par de pérdidas: primero el Templo de la Soledad (ya sabemos que antaño se construían templos sin importar la cercanía de otros), además del edificio de correos. En frente, la construcción que se derribó era de fines comerciales, con un estilo típico del porfiriato (y que albergaba al Cine Lux, entonces la sala de cine de mayor prestigio en la urbe).
Actividades
Dentro del marco del 78 Curso de Información sobre Guadalajara (a realizarse en la sala de cabildos de la Presidencia Municipal) se presentarán conferencias magistrales cuya temática se centrará en la catedral. La gestión es del Departamento de Estudios Históricos de la Arquidiócesis de Guadalajara. El lunes 24 de octubre (20:00 horas), se presentará Los estudios interdisciplinarios de la Catedral de Guadalajara, con el doctor Arturo Camacho Becerra. Al día siguiente, a la misma hora, tendrá lugar la charla El expediente de la fábrica material de la Capilla de la Purísima de la Catedral tapatía, con José Alfonso Ayala Muñoz. Para el miércoles 26, Daniela Gutiérrez Cruz continuará con La organización y sistematización de las fuentes para el estudio de la Catedral de Guadalajara, para finalmente terminar el viernes 28 con el presbítero Tomás de Híjar Ornelas y la presentación de Fuentes documentales contrastantes: la ubicación de las sedes provisionales de la Catedral de Guadalajara.
EL INFORMADOR / JORGE PÉREZ