La tragedia ocurrida el viernes 20 de junio en una discoteca de la Ciudad de México, en la que 12 personas perdieron la vida y varias más resultaron con lesiones serias, es una de las peores muestras de cómo actúan con frecuencia los cuerpos de seguridad del Estado, y la pobre concepción que se tiene de la manera en que deben ser atendidas las conductas de los jóvenes.
El operativo que se armó desde los mandos policiacos del Gobierno del Distrito Federal y la Delegación Gustavo A.
Madero para ingresar al centro de diversión, lleno de jóvenes y adolescentes que acudieron a una de las tradicionales “tardeadas” que se realizan en esos lugares, resultó tan mal planeado y peor ejecutado, que en realidad la tragedia pudo ser mayor, si bien una docena de fallecidos siempre será demasiado.
La conmoción social no cesa, conforme se revelan más datos de lo que ocurrió en ese lugar denominado “News Divine”, producto de las investigaciones que está llevando a cabo la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal. La tragedia en la discoteca es tema de conversación por todos lados, al margen de dónde haya ocurrido, porque se acumula el conocimiento de comportamientos absurdos por parte de diversos actores que intervinieron en los hechos.
Entre los puntos centrales de discusión están dos: Primero, si realmente los elementos de las corporaciones policiacas del país, y sus respectivos mandos, están capacitados para emprender operativos en los que se pone en juego la vida de las personas a las que se pretende proteger. E igualmente importante, preguntarnos si la protección a los jóvenes y menores de edad contra los largos brazos de las mafias que los envenenan con drogas y alcohol puede realizarse con la acumulación de policías a su alrededor, y con procedimientos que los vejan y someten a revisiones que atentan contra sus derechos y su dignidad como personas.
No podemos dejar pasar la oportunidad que nos da esta lamentable tragedia para entrar como sociedad a la reflexión, al debate y a las propuestas en torno a lo que debe hacerse para proteger a la juventud de la delincuencia organizada y respetar sus derechos humanos. No podemos minimizar la crítica al proceder de corporaciones policiacas que pasan por encima de los principios elementales de respeto a las personas, con el pretexto de que van contra los envenenadores de los muchachos.
En la Ciudad de México hay una investigación judicial en curso; la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal está recabando testimonios y siguiendo puntualmente el proceder de las autoridades en el caso de la muerte de 12 personas; en el Gobierno local se han producido ya movimientos administrativos y siguen las repercusiones políticas por este tema. Ojalá que no se pierda de vista lo central, que es concentrar energías, sociedad y Gobierno, para evitar operativos fallidos que terminan en tragedias, y para proteger a la juventud.
El operativo que se armó desde los mandos policiacos del Gobierno del Distrito Federal y la Delegación Gustavo A.
Madero para ingresar al centro de diversión, lleno de jóvenes y adolescentes que acudieron a una de las tradicionales “tardeadas” que se realizan en esos lugares, resultó tan mal planeado y peor ejecutado, que en realidad la tragedia pudo ser mayor, si bien una docena de fallecidos siempre será demasiado.
La conmoción social no cesa, conforme se revelan más datos de lo que ocurrió en ese lugar denominado “News Divine”, producto de las investigaciones que está llevando a cabo la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal. La tragedia en la discoteca es tema de conversación por todos lados, al margen de dónde haya ocurrido, porque se acumula el conocimiento de comportamientos absurdos por parte de diversos actores que intervinieron en los hechos.
Entre los puntos centrales de discusión están dos: Primero, si realmente los elementos de las corporaciones policiacas del país, y sus respectivos mandos, están capacitados para emprender operativos en los que se pone en juego la vida de las personas a las que se pretende proteger. E igualmente importante, preguntarnos si la protección a los jóvenes y menores de edad contra los largos brazos de las mafias que los envenenan con drogas y alcohol puede realizarse con la acumulación de policías a su alrededor, y con procedimientos que los vejan y someten a revisiones que atentan contra sus derechos y su dignidad como personas.
No podemos dejar pasar la oportunidad que nos da esta lamentable tragedia para entrar como sociedad a la reflexión, al debate y a las propuestas en torno a lo que debe hacerse para proteger a la juventud de la delincuencia organizada y respetar sus derechos humanos. No podemos minimizar la crítica al proceder de corporaciones policiacas que pasan por encima de los principios elementales de respeto a las personas, con el pretexto de que van contra los envenenadores de los muchachos.
En la Ciudad de México hay una investigación judicial en curso; la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal está recabando testimonios y siguiendo puntualmente el proceder de las autoridades en el caso de la muerte de 12 personas; en el Gobierno local se han producido ya movimientos administrativos y siguen las repercusiones políticas por este tema. Ojalá que no se pierda de vista lo central, que es concentrar energías, sociedad y Gobierno, para evitar operativos fallidos que terminan en tragedias, y para proteger a la juventud.