Proyecto con visión

La presentación del macroproyecto portuario de Punta Colonet, Baja California, el mayor por su monto de inversión incluido en el Plan Nacional de Infraestructura 2007-2012, viene a demostrar el potencial de desarrollo que tiene México, se aprovechan de manera adecuada las ventajas que le ofrece el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Ubicado a 140 kilómetros al sur de Ensenada, este ambicioso proyecto pretende movilizar carga desde y hacia el continente asiático, con vías férreas de Estados Unidos y México, ampliando de esa manera el tamaño de los mercados y contribuyendo a hacer más eficientes y de mayor capacidad los movimientos masivos de mercancías.

Para darse una idea de la magnitud del proyecto, basta saber que podrá mover seis millones de contenedores al año,  lo cual es el doble de todo lo que se moviliza actualmente por todo el sistema portuario nacional.

Si se toma en cuanta que entre su construcción y operación, este novedoso proyecto generará 83 mil empleos y derramas económicas superiores a los 500 millones de dólares anuales, encontraremos que son este tipo de proyectos los que deben ser impulsados para colocar al país en una dinámica de despegue económico y no en una de deterioro como la que durante los últimos meses se ha percibido.

Obviamente, un proyecto de este tipo y magnitud no viene solo; por lo general lo acompaña una serie de inversiones complementarias que vienen a fortalecer los servicios que deben arropar al movimiento de mercancías y a la calidad de vida. Por ejemplo se está hablando de carga en el Ensenada, una carretera de Ensenada a Punta Colonet, una red eléctrica para conectar a Baja California con el resto del país, y seguramente surgirán proyectos en cascada que encontrarán la zona conveniente para agregar valor a sus inversiones.

Parece increíble  que a más de una década de haber entrado en operaciones el TLCAN, apenas empiecen a aparecer este tipo de macroproyectos que entrelazan de manera importante y a largo plazo a las economías de la región.

Seguramente, si el país estuviera proyectando otro tipo de imagen y resolviendo sus limitaciones de manera más expedita, las inversiones para este tipo de obras estarían fluyendo de manera más acelerada, sin embargo, en vez de estar trabajando por el progreso general de la Nación, gran parte del esfuerzo público sólo se ha concentrado en defender lo alcanzado, en cuidar los cotos de poder, en hacer que las cosas cambien sólo para quedar igual o en lidiar de manera burocrática en torno a las restricciones que impone el clima de inseguridad e ineficacia que entorpecen el progreso económico.

Si la meta es lograr que la inversión anual supere 6% del Producto Interno Bruto, este tipo de proyectos se deben multiplicar, pero ello no será factible si los propios mexicanos no resolvemos de una vez por todas el rumbo que podemos darle al país.

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