Pasando revista a las incomodidades naturales que acompañan la vida de la mujer, no es extraño comprender que en los pasados siglos la consideraran de segunda categoría, es decir, inferior al hombre que pasa a la totalidad de tal cuando empiezan a brotarle la barba y otros pelillos, incomodidad esa de la barba si ha de ir afeitado todos los días.
Así es que suponían que la inteligencia de la mujer era chiquita, que no podía pensar ni idear como el hombre y durante largo tiempo fue dedicada a labores “propias de su sexo”, es decir del “hogar”, y en los colegios terminaban sus estudios con la primaria. Si ya sabían leer y escribir ¿para qué más? Y hubo varias damas que no se conformaron y si no podían avanzar en el estudio por ser mujer y llevar faldas, se las quitaron, como Sor Juana Inés de la Cruz, Concepción Arenal y, más exagerada, Aurora Dupin o Jorge Sand y tuvieron la tentación de usar pantalones, traje de hombre, demostrando ser tan inteligentes como ellos en la ciencia y el arte, ahí están madame Curie y madame Elizabeth le Brun, la pintora de María Antonieta y otras más.
¿Que son pocas comparadas con los éxitos de los hombres? Bueno, las trabas que se les ponían en sus caminos las hicieron desistir a muchas de la dura lucha y encerrarse en la cocina y, por las tardes, bordar y remendar calcetines. Hay una mujer, nacida en Galicia, la condesa Emilia Pardo Bazán que, por ser rica, pudo hacer fácilmente lo que quiso. Le gustaba escribir y como vivió de 1851 a l921, ya no eran tan duras las zancadillas que colocaron a su paso. Y escribió.
Su principal novela se titula “Los âzos de Ulloa”, siendo “âzos” en Galicia lo que aquí llamamos hacienda.
La historia de esos pazos o casa solariega existe. Lo que en ellos sucede es creación de doña Emilia.
Contaban en tiempos del franquismo que entre todo el pueblo de Galicia “voluntariamente” se costeó la compra de “Los Pazos de Ulloa” y se los regalaron a Franco y allí iba él con su familia a pasar los veranos.
Muerto el caudillo, salieron a relucir muchas verdades y se supo que se exigió a los trabajadores gallegos dar una cuota para hacer “voluntariamente” ese regalo al dictador, que también era gallego.
Esta mujer, Emilia Pardo Bazán, figuró mucho en la vida intelectual de su tiempo por mujer lista que, además de sus libros que la hicieron el más importante personaje de la novela en España, para ella se creó la cátedra de Literaturas Románicas y fue directora de la Biblioteca de la Mujer. Lista, pues, y reconocida. Tiene un monumento en Madrid, calle
De la Princesa.
Muchas mujeres listas no lo parecieron por la época que les tocó vivir. Hoy esto ha cambiado. La mujer puede estudiar la profesión que desee y ya vemos que hasta presidentas de varias repúblicas hay.
¡Quién se lo hubiera dicho a mi abuela, que leía los libros de la condesa Pardo Bazán!
GABRIEL PAZ / Escritora.
Correo electrónico: macachi809@hotmail.com
Así es que suponían que la inteligencia de la mujer era chiquita, que no podía pensar ni idear como el hombre y durante largo tiempo fue dedicada a labores “propias de su sexo”, es decir del “hogar”, y en los colegios terminaban sus estudios con la primaria. Si ya sabían leer y escribir ¿para qué más? Y hubo varias damas que no se conformaron y si no podían avanzar en el estudio por ser mujer y llevar faldas, se las quitaron, como Sor Juana Inés de la Cruz, Concepción Arenal y, más exagerada, Aurora Dupin o Jorge Sand y tuvieron la tentación de usar pantalones, traje de hombre, demostrando ser tan inteligentes como ellos en la ciencia y el arte, ahí están madame Curie y madame Elizabeth le Brun, la pintora de María Antonieta y otras más.
¿Que son pocas comparadas con los éxitos de los hombres? Bueno, las trabas que se les ponían en sus caminos las hicieron desistir a muchas de la dura lucha y encerrarse en la cocina y, por las tardes, bordar y remendar calcetines. Hay una mujer, nacida en Galicia, la condesa Emilia Pardo Bazán que, por ser rica, pudo hacer fácilmente lo que quiso. Le gustaba escribir y como vivió de 1851 a l921, ya no eran tan duras las zancadillas que colocaron a su paso. Y escribió.
Su principal novela se titula “Los âzos de Ulloa”, siendo “âzos” en Galicia lo que aquí llamamos hacienda.
La historia de esos pazos o casa solariega existe. Lo que en ellos sucede es creación de doña Emilia.
Contaban en tiempos del franquismo que entre todo el pueblo de Galicia “voluntariamente” se costeó la compra de “Los Pazos de Ulloa” y se los regalaron a Franco y allí iba él con su familia a pasar los veranos.
Muerto el caudillo, salieron a relucir muchas verdades y se supo que se exigió a los trabajadores gallegos dar una cuota para hacer “voluntariamente” ese regalo al dictador, que también era gallego.
Esta mujer, Emilia Pardo Bazán, figuró mucho en la vida intelectual de su tiempo por mujer lista que, además de sus libros que la hicieron el más importante personaje de la novela en España, para ella se creó la cátedra de Literaturas Románicas y fue directora de la Biblioteca de la Mujer. Lista, pues, y reconocida. Tiene un monumento en Madrid, calle
De la Princesa.
Muchas mujeres listas no lo parecieron por la época que les tocó vivir. Hoy esto ha cambiado. La mujer puede estudiar la profesión que desee y ya vemos que hasta presidentas de varias repúblicas hay.
¡Quién se lo hubiera dicho a mi abuela, que leía los libros de la condesa Pardo Bazán!
GABRIEL PAZ / Escritora.
Correo electrónico: macachi809@hotmail.com