Conocidísimo es el dicho: “Detrás de un gran hombre hay una gran mujer”. Recordando esta frase me he puesto a pensar en las mujeres de todas las épocas que vivieron en las sombra mientras que sus maridos eran unos grandes personajes.
Poco se cuenta de la mujer de Cuauhtémoc, o de la de Moctezuma que, aunque ellas fueron muchas, entre las mismas habría siempre una preferida, ¿quién? ¿qué fue de ella?.
Damos un salto grande, pasamos el Atlántico y llegamos al tiempo del Cid Campeador, del cual la historia llena incontables páginas. ¿Y qué nos cuentan de su mujer, llamada Jimena Díaz, esposa del Cid Campeador, Ruy Díaz de Vivar? Apenas se menciona en el romancero castellano, libro que nos hacían leer en la escuela con mucho lujo, por ser el Cid uno de los más increíbles héroes en España.
De Jimena poco se dice. Ahora acabo de encontrar un libro, escrito por Ramón Menéndez Pidal, dedicado al Cid, que narra su boda con Doña Jimena, dama de alta alcurnia, hidalga leonesa, sobrina del rey Alfonso VI y bisnieta del rey Alfonso V de León.
Viene a mi memoria la película “El Cid”, interpretada por buenos artistas, en la que aparece Doña Jimena refugiada con sus hijas en el convento de Dueñas. Creo que el Cid era Gregory Peck. El papel de Doña Jimena fue para Sofía Loren.
También pide su lugar en mi mente el poema de Manuel Machado, “Castilla”, de emocionantes versos que cuentan la honradez del héroe ante una niña que teme por la vida de su familia: “Es toda ojos azules, y en sus ojillos lágrimas”.
El Cid comprende el dolor de esa gente, y en vez de tomar agua y pan por la fuerza, dice a sus hombres: “En marcha”.
¿Qué haría mientras Doña Jimena acogida a la caridad del convento? Cuidar de sus hijas, Doña Sol y Doña Elvira y rezaría por la suerte del Cid.
El Cid sigue adelante con su tropa. Conquista Valencia y se la entrega al rey que le había expulsado de su reino.
Los moros temían la presencia del Cid, tan valeroso y triunfador.
Interesante podemos hacer la historia de la mujer de El Greco, Doña Jerónima de Cuba; sólo se sabe de ella que, allá por 1578, tuvo un hijo de El Greco. Por la fecha deducimos que nada más llegar a Toledo, El Greco se vio ante ella y la amó, pero la historia de tan importante amor nadie la ha descubierto ni buscado documentos de aquella época en los archivos parroquiales. ¿Vivieron juntos a la usanza de ahora en aquella época de tanta seriedad, religiosidad y recato?
Sólo tuvieron ese hijo, Jorge Manuel, que también fue pintor, aunque no de la categoría de su padre, Doménico Theotocópuli. Muchos curiosos de la pintura y la biografía han querido saber la historia de Jerónima. Nada se sabe. Yo me conformo con saber que se amaron de verdad y que ella fue esa gran mujer que existe detrás de un gran hombre. Doménico y Jerónima. Ella le inspiraría, lo cuidaría, lo querría y en alguna obra sería su modelo.
Poco se cuenta de la mujer de Cuauhtémoc, o de la de Moctezuma que, aunque ellas fueron muchas, entre las mismas habría siempre una preferida, ¿quién? ¿qué fue de ella?.
Damos un salto grande, pasamos el Atlántico y llegamos al tiempo del Cid Campeador, del cual la historia llena incontables páginas. ¿Y qué nos cuentan de su mujer, llamada Jimena Díaz, esposa del Cid Campeador, Ruy Díaz de Vivar? Apenas se menciona en el romancero castellano, libro que nos hacían leer en la escuela con mucho lujo, por ser el Cid uno de los más increíbles héroes en España.
De Jimena poco se dice. Ahora acabo de encontrar un libro, escrito por Ramón Menéndez Pidal, dedicado al Cid, que narra su boda con Doña Jimena, dama de alta alcurnia, hidalga leonesa, sobrina del rey Alfonso VI y bisnieta del rey Alfonso V de León.
Viene a mi memoria la película “El Cid”, interpretada por buenos artistas, en la que aparece Doña Jimena refugiada con sus hijas en el convento de Dueñas. Creo que el Cid era Gregory Peck. El papel de Doña Jimena fue para Sofía Loren.
También pide su lugar en mi mente el poema de Manuel Machado, “Castilla”, de emocionantes versos que cuentan la honradez del héroe ante una niña que teme por la vida de su familia: “Es toda ojos azules, y en sus ojillos lágrimas”.
El Cid comprende el dolor de esa gente, y en vez de tomar agua y pan por la fuerza, dice a sus hombres: “En marcha”.
¿Qué haría mientras Doña Jimena acogida a la caridad del convento? Cuidar de sus hijas, Doña Sol y Doña Elvira y rezaría por la suerte del Cid.
El Cid sigue adelante con su tropa. Conquista Valencia y se la entrega al rey que le había expulsado de su reino.
Los moros temían la presencia del Cid, tan valeroso y triunfador.
Interesante podemos hacer la historia de la mujer de El Greco, Doña Jerónima de Cuba; sólo se sabe de ella que, allá por 1578, tuvo un hijo de El Greco. Por la fecha deducimos que nada más llegar a Toledo, El Greco se vio ante ella y la amó, pero la historia de tan importante amor nadie la ha descubierto ni buscado documentos de aquella época en los archivos parroquiales. ¿Vivieron juntos a la usanza de ahora en aquella época de tanta seriedad, religiosidad y recato?
Sólo tuvieron ese hijo, Jorge Manuel, que también fue pintor, aunque no de la categoría de su padre, Doménico Theotocópuli. Muchos curiosos de la pintura y la biografía han querido saber la historia de Jerónima. Nada se sabe. Yo me conformo con saber que se amaron de verdad y que ella fue esa gran mujer que existe detrás de un gran hombre. Doménico y Jerónima. Ella le inspiraría, lo cuidaría, lo querría y en alguna obra sería su modelo.