Entre Veras y Bromas

 “Centro vivo”

Es poco probable que el alcalde de Zapopan, Juan Sánchez Aldana, haya tenido la intención de subirse al ring, para enfrascarse con su homólogo de Guadalajara en una guerra verbal —máscara contra cabellera, a dos de tres caídas, sin límite de tiempo, en la modalidad de “superlibre” — como la que enfrentó durante varias semanas a las fracciones que se disputan el poder en la Universidad de Guadalajara. De hecho, lo más probable es que le haya dolido en el alma haber encontrado en Guadalajara —el corazón de la zona metropolitana, querámoslo o no— el elemento de contraste a la medida para justificar la recién emprendida remodelación de la cabecera municipal de la otrora “villa maicera”.

—II—

Se cuestionaba, de entrada, la pertinencia de esas obras. Se decía que la zona céntrica de Zapopan ya ha sufrido varias transformaciones sustanciales, dramáticas incluso, en las últimas décadas. Ahora que se han iniciado acciones para ampliar banquetas, ocultar los cables eléctricos, renovar la infraestructura hidráulica y el mobiliario urbano —paraderos para los camiones, bancas, luminarias, depósitos para la basura... —, sustituir los adoquines por concreto prensado, reparar algunas fachadas en extremo deterioradas, Sánchez Aldana justificaba el esfuerzo de la comuna apoyándose en la aseveración de que “Zapopan tiene un centro vivo”... y en una frase complementaria, que dolió escuchar —y dolerá leer, quizá— tanto como debió doler decirla: “Guadalajara, en cambio, tiene un centro muerto”.

—III—

Dice el adagio que “El que dice la verdad, ni peca ni miente”. Tapatío al final de cuentas —el zapopano no es menos tapatío que el oriundo de Guadalajara— Sánchez Aldana dio en el blanco...

El centro de Zapopan, de día, es como otro cualquiera. Claro: con la ventaja de que dispone de un atractivo para el turismo religioso que ni Guadalajara ni la generalidad de los municipios de Jalisco —y aun de México— tienen. De noche, en cambio, mientras Zapopan atrae visitantes —de Guadalajara, sobre todo—, Guadalajara los repele. Y mientras Zapopan se preocupa por mantener y acrecentar sus atractivos, Guadalajara —dirán sus virtuosos gobernantes que “para dormir se hizo la noche, no para pecar”— se duerme, a pierna suelta, en sus laureles...

JAIME GARCÍA ELÍAS / Periodista y conductor radiofónico.

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