Ayer... y hoy

¿Por qué no?

Algunos de mis asiduos y amables lectores, frecuentemente me preguntan las razones por las cuales en mis artículos pocas veces me refiero a tantos problemas que tiene el país, que poco hablo de la inseguridad que prevalece en las calles de nuestra ciudad, de la pobreza que a diario se manifiesta en tantas colonias marginadas que tenemos, que nunca me refiero al alza de los productos básicos para la alimentación, como el arroz, el frijol o el maíz, que tampoco hablo de la incapacidad, la ignorancia o las raterías y negocios sucios de nuestros actuales gobernantes; que siempre dejo de lado referirme a los niños de y en la calle, así como de tantas jovencitas que se convierten en madres solteras en una forma irresponsable, pues no están preparadas para ser madres.

Que nunca escribo de los drogadictos ni de quienes los convirtieron en eso al traficar con estupefacientes; que no menciono la prostitución, el tráfico de influencias de los políticos ni lo metiches que son los de sotana.

Y así es, lo reconozco y asumo esa responsabilidad, pero no soy indiferente a ese actuar, aun cuando no lo comparto; pero si no lo hago, no es por falta de interés por los problemas que nos aquejan o porque los desconozca; por eso en este artículo me propongo dar a conocer las razones que tengo para no hablar de tales angustias y aflicciones, ya que nuestra sociedad está harta de sólo saber de conductas negativas y eso, eso es hacer mucho más que nada; a veces es más útil escribir sobre cosas pequeñas que alegren el alma, que hacer o querer hacer grandes cosas, pero que en nada ayudan al buen vivir; prefiero hablar de la fragancia de una flor que del olor de la mugre, de lo melodioso que es el canto de un pájaro que del estruendo que produce el disparo de una arma o del estallido de una granada de mano (quien prefiera eso que lea la nota roja de los periódicos), en vez de tristeza escribo sobre la otra cara de la moneda: la alegría; hay que saludarle y sonreír a nuestros semejantes en vez de sólo mortificarlos, no permitamos que opiniones negativas dominen nuestra conducta y quitar de ella la aflicción, la tristeza y la angustia.

La vida es corta y para disfrutarla sanamente nunca tendremos suficiente tiempo, por eso en esta columna mis amables lectores siempre encontrarán que en vez de hablar de las aguas fétidas y contaminadas de El Salto y Juanacatlán, prefiero escribir sobre la pureza del aire de Tapalpa y de su cascada “El Salto del Nogal”; que pocas veces me refiero a la cloaca en que se va a convertir el Río Santiago cuando se haga en la Barranca de Oblatos o Huentitán la presa dizque para surtir de agua a nuestra ciudad y prefiero hablar de las Cataratas de Iguazú o de la Barranca del Cobre en Chihuahua.

Quizás algunos lectores piensen que con lo anterior me alejo de la realidad, del diario vivir, pero lo prefiero a vivir siempre angustiado y con temor, pues quiero llegar vivo a mi muerte y no morirme la víspera anticipadamente.

ADOLFO MARTÍNEZ LÓPEZ / Escritor.

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