Ante la turbulencia, cautela

Por más que las autoridades financieras mexicanas declaren que nuestra economía está fuerte y ha logrado librar de manera digna el turbulento clima que enfrenta internacionalmente, debemos tener presente que si los motores económicos del mundo —Estados Unidos, la Unión Europea y Japón— enfrentan problemas recesivos, éstos afectarán al resto del planeta, y México no puede ser la excepción.

De acuerdo a opiniones calificadas en la materia, lo que vive el sistema financiero estadounidense repercutirá en la inversión, empleo, tipo de cambio, envío de remesas y  consumo interno de nuestro país, pues al ser más cautas las instituciones financieras estadounidenses, restringirán sus flujos de capitales hacia mercados emergentes.

Esta restricción reducirá los fondos disponibles para financiar actividades productivas en nuestro país, incrementará los costos de los créditos e impactará negativamente el volumen de exportaciones mexicanas, pero además, al prolongarse la desaceleración estadounidense, se generará menos empleo y será más difícil para los migrantes conseguir oportunidades de trabajo, disminuyendo el envío de remesas, lo cual inevitablemente incidirá en el consumo interno y la actividad económica nacional.

Ante este panorama, el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, reconoció que debido a que Estados Unidos vive la peor crisis financiera de los últimos 50 años, el desempeño de la economía mexicana se verá afectado; sin embargo, esto no será tan grave como en otras ocasiones, debido a que ni el Gobierno de México, ni la banca, ni las empresas dependen del crédito externo, por lo cual el nivel del impacto sólo será a través del ritmo de actividad de los mercados en que mantengamos intercambio.

Habrá que estar pendientes de cómo reaccionan los mercados estadounidenses a la serie de medidas que a lo largo de toda la semana se han venido anunciando, y cómo afectan éstas a las operaciones financieras hacia México, pues de ello dependerá en buena medida el impacto a nuestra economía.

Mientras tanto, la regla de oro de obrar con cautela, ser prudentes ante los créditos, ya sean inmobiliarios, automotrices o al consumo y, sobre todo, no gastar por encima de la capacidad de pago, sigue siendo la receta eterna para evitar quebrantos. El tiempo lo probará.

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