Alimentos en la escuela

El tema de la prohibición de venta de alimentos “chatarra” en las escuelas es añejo; en diciembre de 2005, la Cámara de Diputados aprobó una reforma para obligar a la Secretaría de Salud a emitir una serie de normas para procurar una alimentación sana y nutritiva de los menores. Estudios realizados en distintos puntos del país, revelaron una alta incidencia de obesidad en los estudiantes de primaria, por lo que se vio la necesidad de acelerar la aplicación de aquella reforma, y la Secretaría de Educación Pública (SEP) tomó cartas en el asunto, empezando por el Distrito Federal con la emisión de una serie de lineamientos que envió a las cooperativas escolares con el propósito de evitar la presencia de alimentos sin ningún valor nutritivo.

En Jalisco, después de meses de análisis y discusión, recientemente el Congreso del Estado aprobó la prohibición de venta de alimentos “chatarra” en las escuelas; la Comisión de Salud promovió realizar modificaciones a la Ley de Educación y Salud, mediante las cuales se impide definitivamente la venta de productos con bajo o nulo valor nutricional dentro de los planteles educativos, y que contribuyan al sobrepeso, u otros problemas relacionados.

El titular de la Secretaría de Educación Jalisco (SEJ), Miguel Ángel Martínez Espinosa, señaló que, aunque se harán observaciones a esta prohibición, será ejecutada, si bien se enfrentarán algunos problemas, entre otros, que los encargados de las cooperativas, o “tienditas” como se les conoce dentro de las escuelas, deberán conocer ampliamente la nueva ley, y adecuarse a la misma, toda vez que no se trata de que cierren, sino de que expendan otro tipo de alimentos.

A partir de que entre en vigor la nueva ley, será obligación de los órganos de gobierno y del área de control de las cooperativas escolares fomentar el consumo de productos nutritivos y balanceados; tendrán que supervisar y vigilar que se vendan alimentos con amplio valor nutricional, tales como fruta, verduras y cereales y tubérculos.

Claro está que lo ideal sería que vendieran a los alumnos productos de origen animal, como leche, yogur, huevo, queso, pollo y pescado, pero esto es ilusorio, ya que además el grueso de la población escolar, en el nivel de educación básica, no tiene los medios económicos para adquirir ese tipo de productos.

La solución está en que las cooperativas dejen de vender productos sin valor nutritivo y ajustarse a la lista que la Secretaría de Salud les debe proporcionar; pero más importante será que los padres de familia vuelvan a la vieja costumbre de no enviar a sus hijos a la escuela con el estómago vacío, y en lugar de darles dinero para que “compren lo que quieran”, poner en su mochila los alimentos a consumir en la hora del recreo. A fin de cuentas, la responsabilidad de la alimentación de los niños es de los padres de familia, y ésta nunca será suplida por los planteles escolares.

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