México

Un triunfo del PRI no significa retorno al pasado autoritario

Javier Hurtado, académico y funcionario público, critica a la ''comentocracia'' que busca reducir elección presidencial a un referéndum entre democracia y autoritarismo

GUADALAJARA, JALISCO (22/ENE/2012).- A seis meses de la elección presidencial, la posibilidad de que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) recupere Los Pinos tras más de una década en la oposición, ha suscitado debates acerca de la fortaleza de las instituciones y del sistema democrático. El fantasma del retorno del autoritarismo mexicano, y con ello de la “dictadura perfecta”, como catalogó Mario Vargas Llosa al régimen político del país, es objeto de álgidas y polémicas discusiones desde la academia y  el periodismo; está presente en las narrativas de los precandidatos a la Presidencia de la República.

Para Javier Hurtado, politólogo de la Universidad de Guadalajara (UdeG) y coordinador de asesores de la alcaldía de Guadalajara, la dicotomía entre continuar con el proceso de democratización del país simbolizado por el Partido Acción Nacional (PAN) o, incluso, por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), o el regreso al sistema autoritario de partido hegemónico encarnado en el tricolor, es falsa, ya que esconde “contradicciones” que, para el académico, son imposibles de soslayar.

Sin embargo, Javier Hurtado es enfático al señalar que el debate democrático no será el eje articulador de los discursos de campaña, a pesar de que destacados líderes de opinión quieran posicionar esta discusión de la agenda. Para el politólogo, la habilidad de un Gobierno para tomar decisiones y construir acuerdos será un rasgo fundamental para que el ciudadano emita su voto este primero de julio. Para sustentar esta afirmación, Hurtado se embulle en una serie de datos generados por la encuesta de Latinobarómetro, instancia que mide la profundización y el apego a los valores democráticos en América Latina. Así, tras una revisión de los principales indicadores de la encuesta, la conclusión es que en México la democracia ha sufrido un proceso de desgaste marcado, lo que ha llevado a una minusvaloración del concepto que lució con tanta solidez en la elección de 2000.

En entrevista con este medio, Javier Hurtado considera que las candidaturas independientes “no son la panacea”, y que el fortalecimiento de la democracia está íntimamente relacionado a la construcción de partidos políticos capaces de conducir adecuadamente las demandas ciudadanas.

— ¿Podemos catalogar esta elección dentro del binomio democracia-retroceso autoritario?

— Hay una corriente en la opinión pública, dentro de la llamada comentocracia, que quiere subir el tema de que está elección constituye un plebiscito entre un regreso al pasado si gana el PRI o si queremos mantener los niveles democráticos debe perder el PRI, lo cual a mí me parece carente de toda lógica y sustento. Lo que plantea una paradoja: si favoreces el cambio en el Gobierno eres reaccionario o antidemocrático, pero si dejas al partido en el poder eres democrático. Me parece que si esa idea crece sería muy peligroso, ya que nos podría llevar a una elección de Estado. Me preocupa que en los organismos electorales está prevaleciendo una cierta filia a esta idea, de la misma manera en que en el año 2000 el Instituto Federal Electoral (IFE) trabajó abiertamente a favor del cambio, y, en 2006, la autoridad electoral jurisdiccional se prestó a avalar las irregularidades que acontecieron en el proceso electoral. Creo que en esta elección no va a ser diferente, veamos la ridícula sanción del IFE en la elección de Michoacán. El IFE se está convirtiendo en una especie de censor, se está extralimitando en sus funciones. El verdadero retroceso democrático sería precisamente que continuara esta situación.

— ¿Cree que el concepto de democracia sigue siendo tan atractivo como lo fue en la elección del 2000?

— Yo creo que como estrategia para la generalidad de la población no será efectiva. Sin embargo, sí van a hacer que la idea flote y se mantenga en la opinión pública. También les puede ayudar para justificar ciertas prácticas del Ejecutivo Federal. No creo que el mexicano se siente interpelado por el discurso de la democracia. La encuesta de Latinobarómetro deja claro que al mexicano le importa poco la democracia, ya que está en el último lugar en su grado de apoyo. Al ciudadano lo que le importa es que le resuelvan sus problemas.

— ¿Que el PRI no abra la designación de su candidato a la militancia o a la población en general, significa que sea antidemocrático y que no ha cambiado?

— El tema de la selección de candidatos al interior del partido es sumamente importante. Quiero recordar que el primer partido que hizo elecciones primarias para elegir al candidato a la Presidencia de la República fue el PRI en 1999. Las elecciones primarias acarrean ventajas y desventajas, y es una decisión que tiene que tomar el partido hacia su interior. Ningún método de designación de candidatos es más democrático que otro, sino que es fruto de la deliberación y el cálculo al interior de las fuerzas políticas. La democracia no tiene un sustento ético ni sustantivo, la democracia es un simple método para acordar la toma de decisión. Que no se nos olvide que la democracia es un procedimiento. La elección del método de designación de candidatos es parte del ejercicio de su libertad y su autonomía. Lo que sí creo es que como son entes de interés público, el Estado sí debe de entrar a supervisar su vida interna y la consistencia con sus estatutos.

— ¿Se puede hablar de un PRI?

— Claro. En primer lugar hay un recambio generacional. No es lo mismo Enrique Peña Nieto que tiene cuarenta y tantos años que Manlio Fabio Beltrones que tiene más edad. Es otra generación, y a las generaciones les distinguen aptitudes, formas de entender la realidad y hasta habilidades. Eso es lo que está ocurriendo en Jalisco que el PRI propondrá a un joven; con el gobernador Rodrigo Medina, en Nuevo León. Esta generación se está imponiendo como la clase dirigente. Es un partido que ha establecido cumplir lo que promete. Y por eso la ciudadanía le ha refrendado su confianza, por ello vemos los resultados electorales en los Estados, municipios y congresos locales. Por otro lado, el nuevo PRI significa también haber sido oposición e hizo un balance de los errores que cometió. Hoy en día significa que el PRI realmente es mayoría, gobierna la mayoría de los estados y tiene mayoría en los congresos.

— ¿Cómo recuperó el PRI la confianza en los estados, cómo volvió a ser un partido protagonista de la vida política en México?

— Creo que es un fenómeno de dos caras. Por un lado, el PAN ha demostrado ser un fiasco, un fracaso en muchas de las entidades donde ha gobernado. Pero, por otro lado, es claro que el PRI ha demostrado una nueva forma de entender el ejercicio de Gobierno a través de jóvenes. Todo esto se mezcla con el fracaso de las políticas prometidas en campaña: los 50 mil muertos en la lucha contra el narcotráfico y, aquella promesa, del Presidente del empleo, que bien pudiéramos catalogarlo a la inversa como el Presidente del desempleo. La recuperación del PRI también es la ausencia de alternativas viables.

— ¿Cree que la idea de que el PRI se subyugue a los designios de Peña Nieto es una característica del mantenimiento de algunas estructuras del pasado?

— Creo que es una idea que no está planteada adecuadamente. En cualquier democracia del mundo, el Presidente es el líder de su partido, es la única forma de darle certeza al ejercicio del Gobierno. Aquella tontería que dijo Ernesto Zedillo de la “sana distancia con el partido”, ha permeado hasta crear la imagen de que la relación del Presidente con el partido, es negativa y debe evitarse. En México se oye mal hasta que los legisladores respondan al Presidente, lo que sucede en cualquier democracia.

— En caso de que el PRI gane la Presidencia de la República, continúe acentuando su dominio en los estados y gane la mayoría legislativa, ¿existe riesgo de una vulneración de la democracia?


— Primero, debido a la legislación en la materia, para ganar la mayoría absoluta es casi necesario conquistar todos los distritos electorales, lo que significaría arrasar a todos los partidos hasta en zonas donde dominan. Considero que, a pesar de que es necesario consolidar algunos avances democráticos, existen instituciones lo suficientemente sólidas como para volver a un régimen de partido hegemónica. Es necesario solidificar aquellas instituciones que aseguren que no se geste una “tiranía de la mayoría”, que construya oposiciones fieles y con alternativa de participar en la vida pública. Sin embargo, la situación de lograr mayoría absoluta en la Cámara de diputados, no creo que sea factible para el PRI.

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