México

México tiene prisa

El silencio opresor de la ignorancia

Con la firme determinación vasconcelista de “romper el silencio opresor de la ignorancia y contagiar lo prodigioso que para el espíritu colectivo tienen la tolerancia, el diálogo, la igualdad, la democracia, el respeto y la búsqueda de mejores niveles de bienestar”, es que los mexicanos celebramos con profundo orgullo el primer centenario de nuestra Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Fue precisamente el 22 de septiembre de 1910, en el marco de las celebraciones del Centenario de nuestra Independencia, que a la luz de la iniciativa del entonces presidente Porfirio Díaz Mori y la organización de “El Maestro de América”, Justo Sierra Méndez, a la sazón ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, que nace la Universidad Nacional Autónoma de México, con un primer rector como el connotado académico Joaquín Eguía Lis, quien evolucionó institucionalmente aquella herencia de la Real Universidad de México, creada originalmente en el año de 1551.

Legado académico que data de 459 años de existencia que mucho ha contribuido desde la Ciencia y la participación de su comunidad universitaria en la solución de los problemas nacionales, siendo incluso considerada como una de las más antiguas de América Latina, además de Patrimonio de la Humanidad su campus universitario y recientemente reconocida con el premio Príncipe de Asturias, por sus invaluables aportes al pensamiento contemporáneo.

Y es que como decía el maestro Sierra, contemporáneo de José Vasconcelos, Manuel Gómez Morín y José Barros Sierra, grandes pilares de la prestigiada institución que ahora dirige mi dilecto amigo, el rector José Narro Robles, “México es un pueblo con hambre y sed de justicia”, que sólo pueden saciarse a la luz de la razón y la justicia, forjadas desde la educación y las leyes.

Hoy en día, la UNAM es el pilar fundamental de la docencia, investigación y difusión de la cultura en México, que tiene bajo su cuidado al menos a 300 mil universitarios desde bachillerato, licenciatura y posgrados, en su mayoría con reconocimiento de excelencia y altamente reconocidos a nivel mundial.

Sus más de tres mil 250 miembros adscritos al Sistema Nacional de Investigadores hablan de la profunda vocación de la Universidad por la ciencia al servicio de sus semejantes, conocimiento que no tiene otro fin mayor que desterrar la ignorancia y por consecuencia abatir la desigualdad, la pobreza y marginación.

El fin de la ignorancia nos lleva a la libertad creadora y propositiva del ser humano, al tiempo de promover e impulsar su desarrollo y evolución hacia condiciones de mayor progreso y bienestar de los pueblos.

Es por eso que mucho del progreso y desarrollo de nuestra nación no puede explicarse sin la trascendente participación de la UNAM, a través de sus cientos de miles de egresados.

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