México

Los nuevos jerarcas de la Cámara alta

Felipe Calderón, Manlio Fabio Beltrones y los “Chuchos” dominan las designaciones plurinominales para el Senado

CIUDAD DE MÉXICO (05/MAR/2012).- El Senado significa dentro del sistema político mexicano, la consolidación institucional del pacto federal y un espacio donde los intereses partidistas tendrían que quedar al margen.

Los legisladores no están principalmente en representación de su partido político, sino de su origen estatal; es decir, el Senado asegura la integridad nacional y, por ello, requiere de altura de miras. Sin embargo, contrario a la posibilidad de mandar cuadros de alta preparación al Senado, las listas plurinominales de los principales partidos reflejan negociaciones internas y fortalecen a los grupos que tienen ascendencia sobre la estructura partidista. Por un lado, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) manda tres señales muy claras con la lista nacional al Senado: Manlio Fabio Beltrones ha logrado ganar terreno al interior del tricolor tras tres años de dominio de Enrique Peña Nieto; los sectores sindical, campesino y agrario siguen siendo una piedra angular del partido; y que el huracán de acusaciones al ex presidente nacional Humberto Moreira provocó un reacomodo agresivo de fuerzas en la cúpula tricolor.

En el Partido Acción Nacional (PAN) no se puede  negar que tras la lista nacional se fortalece la tendencia dominante del grupo de Los Pinos al interior del partido. Desde 2006, la habilidad partidista de Felipe Calderón le ha permitido dominar la mayoría de los espacios de decisión al interior del PAN, lo que ha llevado a que algunos denuncien que el Presidente de la República tiene cooptado las principales estructuras del partido. De esta manera, a diferencia de Vicente Fox que no tuvo tantas cartas que jugar en las cámaras tras la culminación de su sexenio, Calderón asegura niveles de influencia legislativa, aún si los resultados electorales no favorecen al PAN. No podemos negar que Calderón será una instancia de poder en el PAN más allá de los límites temporales de su sexenio.

En el Partido de la Revolución Democrática (PRD) las negociaciones presidenciales permean las distintas candidaturas. Por un lado, la asunción de Andrés Manuel López Obrador como candidato presidencial liberó una serie de acuerdos que fortalecen a distintas expresiones al interior del PRD. Los llamados “Chuchos” —grupo encabezado por personajes como Jesús Ortega, Jesús Zambrano, Guadalupe Acosta Naranjo y Carlos Navarrete— son los “ganones” en la repartición de espacios plurinominales al Senado.

La hegemonía de los “Chuchos” al interior del PRD, combinada con el respaldo ofrecido a Marcelo Ebrard y el discurso conciliador con el candidato presidencial (uno de sus rivales durante más de un lustro), les permitió constituirse como la “tribu” al interior del sol azteca con más capacidad institucional para impulsar candidaturas. Este grupo, conformado por perfiles que provienen desde el ya extinto Partido Socialista de los Trabajadores, ha mostrado que su estrategia no es llevarse los espacios y las candidaturas de mayoría relativa, sino que apuesta a un control del Consejo Nacional del partido y, con ello, tener fuerza partidista para orientar las candidaturas a su favor.

El retorno de Manlio

Manlio Fabio Beltrones fue considerado el “vicepresidente” en el primer trienio presidencial del Presidente Calderón. El acuerdo legislativo y político del Mandatario con el líder senatorial del PRI permitió márgenes de gobernabilidad en un país sumido en la polarización postelectoral.

Ante la imposibilidad de contar con una legitimidad amplia que le permitiera conducir acuerdos en las cámaras, Calderón se apoyó en Beltrones, que a su vez incorporó a Emilio Gamboa Patrón, coordinador legislativo en San Lázaro y uno de sus aliados históricos.

La victoria del PRI en las elecciones intermedias de 2009 —y con ello el control logrado por los gobernadores del tricolor— debilitó la posición del ex gobernador de Sonora, al punto de excluirlo en decisiones importantes para el partido: elección de la dirección nacional o la definición de candidaturas estatales. Beltrones pasó de ser el fiel de la balanza a un actor sin poder y con nula capacidad de orientar acuerdos entre las cámaras, ante el predominio de Peña Nieto en la nueva Cámara baja.

Sin embargo, los escándalos del ex dirigente nacional, Humberto Moreira, provocaron un ajuste de fuerzas al interior, retirando la mayoría absoluta al grupo de Peña Nieto. La salida de Moreira llevó a la presidencia a Pedro Joaquín Coldwell, un viejo elemento del partido vinculado a Manlio Fabio. Con esto, Manlio fue clave para determinar los espacios plurinominales para el Senado.

En la primerísima posición de la lista nacional encontramos a uno de los aliados más cercanos del actual senador, el líder de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), Emilio Gamboa Patrón. Tras tres años dedicado a aceitar la maquinaria del sector como dirigente de la corporación priista vinculada a las clases medias, Gamboa Patrón podría ser el nuevo coordinador de la bancada en el Senado. En el escenario de que Enrique Peña Nieto consolidará las tendencias que marcan las encuestas y llegara a Los Pinos, la presencia de Gamboa Patrón en el Senado no implica lealtad absoluta, por el contrario, el simple hecho de que Gamboa Patrón se encuentre en la Cámara alta, es motivo para que Peña Nieto interpele la autoridad de Manlio Fabio constantemente.

En el mismo tenor, vinculados con Manlio Fabio, encontramos en la posición tres a Armando Neyra, actual diputado. El escaño número dos de la lista nacional que se quedó en manos de la secretaria general del partido, Cristina Díaz, también es un guiño de concordia al ex senador. Lo que sorprende de la lista al Senado es la poca participación del grupo de los gobernadores priistas, reflejando la incapacidad de Peña Nieto para influir en la lista para la Cámara alta. Ni Mario Marín ni Ulises Ruiz pudieron amarrar espacios en el Senado. Sin embargo, líderes sindicales de amplia trayectoria concretaron sus aspiraciones. Carlos Romero Deschamps y Ricardo Aldana, viejos líderes del sindicato petrolero, seguramente ingresarán a la cámara alta debido a su posición privilegiada en la lista.

Calderón, más allá de su sexenio

Si en el PRI podemos afirmar que las designaciones plurinominales al Senado emparejaron la cancha entre distintos actores políticos, en el PAN  refleja el control férreo que ejercen Los Pinos sobre el partido. La bancada del PAN en el Senado será definitivamente calderonista; basta con echarle un ojo a los primeros lugares de la lista para darnos cuenta que los plurinominales se autorizaron desde la Presidencia.

Ernesto Cordero, “delfín” de Calderón en la carrera presidencial y ex secretario de Hacienda, encabeza la lista al Senado. De la misma manera, si la lógica se mantiene, el propio Cordero sería el coordinador de la bancada senatorial. Con esto, el Presidente de la República se asegura un espacio de acción, y envía el mensaje que el sexenio no es la culminación de su poder político. Roberto Gil y Luisa María Calderón también entran en la lista de íntimos del Presidente Calderón.

El primero, aunque coordina actualmente la campaña de Josefina Vázquez Mota, fue secretario particular del Presidente y lo empujó a la dirigencia nacional del partido. Por otra parte, Luisa María Calderón, hermana del Presidente, fue candidata a la gubernatura de Michoacán; elección donde quedó de manifiesto la capacidad de operación electoral de la estructura del Gobierno federal.

En la cuarta posición vemos a Mariana Gómez del Campo, ex legisladora y con un liderazgo marcado en el PAN del Distrito Federal. Gómez del Campo es prima de la primera dama, Margarita Zavala. De esta manera, la composición panista del Senado nos indica un claro predominio de Calderón, que con esto afirma uno de los rasgos característicos de su actuación política, su énfasis por la estructura partidista y su cercanía con las decisiones internas del PAN. A diferencia de Fox, para Calderón la vida interna del blanquiazul es una prioridad.

De alcanzar Josefina Vázquez Mota la Presidencia de la República, podría contar con Roberto Gil como su interlocutor en el Senado, sin embargo estaría obligado a reconocerle poder fáctico al Presidente Calderón.

Los “Chuchos” se salen con la suya


Al PRD es propicio analizarlo desde distintas pistas: por un lado, Andrés Manuel López Obrador se ha constituido como un líder indiscutible de la izquierda social, lejana a las instituciones partidistas. Esto le ha cobrado y restado influencia al tabasqueño, que ve como lo excluyen de las negociaciones concretas de las candidaturas plurinominales. En este terreno, los “Chuchos” se mueven como peces en el agua.

El grupo liderado por Jesús Ortega y Jesús Zambrano —actual dirigente nacional del partido— se dedican de cuerpo y alma a una estrategia que les ha dejado buenos frutos: alianzas regionales que incrementan su rango de acción al interior del partido y un trabajo de bases únicamente partidistas que sirven como válvulas eficaces de operación. Es raro que los “Chuchos” luchen por las candidaturas de mayoría relativa, su apuesta es por las plurinominales y el control de las cámaras, a través de un dominio sobre el Consejo Nacional del sol azteca.

Esta realidad queda de manifiesto en la lista nacional presentada por el PRD. La posición uno va para Miguel Barbosa, líder nacional de la corriente Nueva Izquierda, expresión partidista equivalente a los “Chuchos”. En la siguiente posición encontramos a Angélica de la Peña, esposa de Jesús Ortega, de notable vínculo con los “Chuchos”. Después aparece la secretaria general del partido, Dolores Padierna, que aunque tiene su propia expresión en conjunto con René Bejarano, ha construido acuerdos con el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard. De la misma manera, encontramos a Luis Sánchez, dirigente del PRD en el Estado de México, que encabeza la corriente Alternativa Democrática Nacional, pero que cuenta con una alianza con los propios “Chuchos”. La quinta posición también cayó en los terrenos de Nueva Izquierda, con la designación de José Luis Nájera.

Afuera quedó Andrés Manuel López Obrador, así su llegada a Los Pinos tampoco le aseguraría una bancada afín en el Senado.

ANÁLISIS
La izquierda y la batalla que viene

Enrique Toussaint (Periodista)

No quiero pecar de profético, pero me queda claro que Andrés Manuel López Obrador —a menos de que recurra a un golpe de timón sumamente exitoso— quedará en una lejana tercera posición en las elecciones presidenciales de 2012. Estancado en el voto duro y ante la desconfianza de los independientes, el tabasqueño parece que navegará por las aguas de 18-23% del voto, lo que le significará un retroceso considerable en relación a los cosechado en 2006. Solamente la casa de estudios de opinión Covarrubias y Asociados (muy cercana a Andrés Manuel) pone en segunda posición al tabasqueño, todas las encuestas independientes de partidos lo sitúan en un rango no mayor a 21%, en preferencia bruta, y en una clara tercera posición.

De mantenerse la evolución de las preferencias como hasta el día de hoy, la izquierda amanecería el 2 de julio con un poder superior al que detenta tras la derrota de la elección intermedia de 2009 y la caída en bastiones claves como Michoacán o Zacatecas, aunque menor a su fuerza parlamentaria y política tras los comicios de 2006. Si se confirman las encuestas, la izquierda lograría retener el Gobierno capitalino por seis años más y además contaría con una mayoría en la Asamblea Legislativa aparentemente cómoda. De la misma manera, sus niveles de voto llevarían a la izquierda a 120 diputados y a unos 25-30 senadores. Una tercera fuerza sólidamente fincada y con amplia capacidad de ser un partido bisagra en San Lázaro.

La repartición de candidaturas favorece a dos grupos al interior: las filas que siguen a Marcelo Ebrard, que por primera vez tiene estructura propia en el PRD y no prestada como ha sucedido desde que participa en la izquierda, y por supuesto, a los “Chuchos” que a través de negociaciones se han asegurado importantes posiciones plurinominales. Las patas de sostenimiento de la izquierda serían los “Chuchos” en control de la estructura partidaria y con cuotas muy importantes en el Congreso; Marcelo con la capital y con fuerza legislativa; y Andrés Manuel con la articulación partidista-ciudadana del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y el PT y Movimiento Ciudadano.

¿Qué pasa en este escenario con Andrés Manuel? Tendrá una decisión que tomar: se refugiará en una bancada diminuta de leales del Partido del Trabajo, Movimiento Ciudadano y algún sector del PRD, o buscará incluirse en la estructura del partido sin los chantajes del pasado y con miras a la renovación del instituto político. Hay voces al interior que reclaman la refundación de los partidos de izquierda, lo que parece una petición cíclica. Manuel Camacho Solís está en primera fila dentro de esta posibilidad de convertir al PRD, PT y Movimiento Ciudadano, en un partido-bloque, algo así como el Frente Amplio Progresista en Uruguay, ejemplo que le gusta traer a colación a altos dirigentes perredistas como Jesús Ortega o el petista Ricardo Monreal.

Lo cierto es que el escenario es ideal para una renovación de la izquierda en México: Andrés Manuel debilitado; Ebrard y los “Chuchos” fortalecidos y una lejana tercera fuerza podrían orientar una renovación. Un tiempo propicio para definiciones estructurales e ideológicas: posición ante la inversión privada y el mercado; papel del Estado en la economía; actitud ante las instituciones y los procesos democráticos, desmarcarse de su pasado conservador vinculado al nacionalismo revolucionario.

De la debilidad y de los tropiezos han surgido las transformaciones más importantes para los partidos de la izquierda. La izquierda dilapidó un enorme capital política al optar por una oposición destructiva y darle la espalda a una crítica de la Presidencia calderonista desde los aparatos legislativos y las posición institucionales del partido. El escenario volvería a poner a la izquierda en esa posición, ¿cómo construir una oposición sólida que apuesta por una crítica dentro de las instituciones?

Así, el derrumbe del proyecto fincado en la figura de López Obrador, puede ser el punto de partida para la construcción de una nueva izquierda en México, alejada de los liderazgos carismáticos y abrazando la institucionalización del partido.

Solamente Covarrubias y Asociados pone a López Obrador segundo en la carrera presidencial; las demás encuestadoras lo colocan debajo de Peña Nieto y Vázquez Mota

La voz del experto
Los plurinominales no deben desaparecer, pero se han pervertido

Jorge Alatorre Flores, (Académico de la Universidad de Guadalajara)


No todos se unen a las voces que reclaman la desaparición de los escaños de representación proporcional en las cámaras. Jorge Alatorre Flores, académico de la Universidad de Guadalajara, plantea que la mejor forma para hacerlos representativos es a través de mecanismos que fortalezcan los márgenes de decisión de los votantes. “Va a sonar políticamente incorrecto, pero no estoy a favor de que desaparezcan los plurinominales, creo que a través de listas abiertas donde el ciudadanos elija el orden de las opciones, podemos aprovechar las ventajas que dan las candidaturas plurinominales, como la profesionalización de los legisladores y la experiencia”.

En el mismo tenor, el candidato a doctor en ciencia política es enfático al señalar que el debate sobre los plurinominales debe, al menos, tener en cuenta una imagen del Congreso que queremos tener. “El debate se debe dar en torno al Congreso que buscamos, las distintas opción de reforma política tendrían que estar vinculadas a los principios que queremos fortalecer en el Congreso”.

El profesor del Departamento de Políticas Públicas de la propia UdeG considera que en el Senado los plurinominales sí pervierten la función original de la Cámara alta. “En el caso del Senado, sí puedo estar de acuerdo que la lista nacional no responde a la integración inicial de lo que se pretende del Senado; es el reflejo del pacto federal, por lo tanto la representación proporcional no aplica”.

Sobre designaciones de los partidos políticos en la Cámara alta a través de la lista nacional, Alatorre Flores prefiere ser optimista y señalar que “podría ser peor”, ya que los partidos políticos nos han demostrado su “capacidad constante de decepcionar a los ciudadanos con estas decisiones cupulares”.

Alatorre Flores considera que los plurinominales tienen que regresar a representar la pluralidad del sistema de partido y no simplemente los caprichos de las dirigencias partidistas.

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