México
Las inclemencias del tiempo
Una pertinaz lluvia, una noche cerrada y ¡bum! un helicóptero que se estrella contra la copa de un árbol
ROSSANA FUENTES BERAIN
La neblina, una pertinaz lluvia, una noche cerrada y ¡bum! un helicóptero que se estrella contra la copa de un árbol nos congeló el corazón a todos, porque todos hemos pasado frío en la semana que concluye, pero las inclemencias del tiempo son nada frente a la tragedia de una familia, los Saba Masri, que hiela la sangre.
Veinte estados de la República Mexicana han enfrentado temperaturas menores a los cinco grados centígrados en los últimos días, azotados por una de las peores oleadas de frío de las que se tenga registro en las últimas dos décadas.
La navegación área se ha visto trastocada por los retrasos de vuelos hacia y desde México, pero las autoridades aseguran, de acuerdo a las investigaciones iniciales, que no fue el mal tiempo sino un error del piloto quien volaba más bajo de lo recomendado en esa zona, lo que provocó la caída del helicóptero con matrícula XALSA en el que murieron cinco personas: Moisés Saba, Adela Tuachi de Saba, Alberto Saba Jr. y Judith Cattan de Saba, miembros de la comunidad judía, además del capitán Armando Fernández.
La pregunta que salta a la vista, sin embargo, es ¿por qué un profesional como el piloto Armando Fernández habría de volar por debajo de la altura recomendada, si como refrendan las autoridades, no era por la falta de visibilidad?
Las interrogativas necesarias para tratar de establecer los hechos que llevaron a la tragedia son necesarias pero no suficientes.
Una sucesión de datos recopilados que establezca por qué y para qué se abandonó la ruta de navegación y hasta cómo se dio el impacto, documenta el accidente y tiene que hacerse, pero deja con una explicación insatisfactoria la duda fundamental, ¿por qué ellos? ¿por qué así?
Algunos piensan que el destino es irreversible; otros, como yo, que lo dudamos basados en el culto al libre albedrío, ante la contundencia de la muerte sin sentido empezamos a dudarlo.
El poder supremo, los dioses, la Naturaleza nos están recordando al inicio de este año que ricos y pobres estamos inermes frente a la fuerza del destino.
En Haití muchos tuvieron una cita final con el reconocimiento de lo vulnerable que resultamos los seres humanos, incluso albergados en nuestras construcciones que simbolizan el poder frente a las inclemencias del tiempo.
En Tlanchinol, Hidalgo, el presidente del PRI en ese municipio, Carlos Guzmán Hernández, fue hallado muerto tras sufrir un accidente vial, luego del cual salió de su auto para resguardarse del frío abajo de un árbol, en el que murió por hipotermia.
En la República la crudeza del invierno nos recuerda que hace muy, muy poco se dudaba del impacto del cambio climático en nuestras vidas o, como parece el caso, en nuestras muertes.
Si como sostienen las teorías del caos y la complejidad, “todo tiene que ver con todo” y una mariposa que aletea en el Amazonas cambia el clima en el Polo Norte, preguntémonos con humildad esta semana si estamos haciendo lo suficiente para entender la fuerza de la sobrevivencia, sea ésta literal, es decir física, o metafórica, como se vive después de una tragedia nacional en Haití; o personal, los deudos de la familias Saba y del diputado Carlos Guzmán Hernández.
¿Cómo nos estamos preparando para lo peor? Deseable sería que no sucediera, pero sin preparación y protección consciente, aún los anillos de protección —usuales por más caros que sean— como lo demostró el caso Saba, no funcionan.
¿Debió haber despegado ese helicóptero con esa familia? ¿en una noche lóbrega? ¿quién lo autorizó? ¿por qué se dio el permiso? las autoridades, por supuesto no sorprende, buscan deslindarse de la responsabilidad, error humano gritan.
La investigación aclarará, pero nada despeja la contundencia de los muertos.
No es lo mismo tiritar de frío que de frío y de dolor.
Enero de 2010 está siendo un recordatorio de que nuestras vidas dependen en mucho de la fuerza de la Naturaleza y del azar, un recordatorio que cuando menos a mí me hace buscar con humildad el espacio de reconocimiento de que hay que tratar de vivir con el poder del ahora, porque no sabemos si mañana estaremos aquí.
ROSSANA FUENTES BERAIN / Profesora e investigadora de la Universidad de Guadalajara.
La neblina, una pertinaz lluvia, una noche cerrada y ¡bum! un helicóptero que se estrella contra la copa de un árbol nos congeló el corazón a todos, porque todos hemos pasado frío en la semana que concluye, pero las inclemencias del tiempo son nada frente a la tragedia de una familia, los Saba Masri, que hiela la sangre.
Veinte estados de la República Mexicana han enfrentado temperaturas menores a los cinco grados centígrados en los últimos días, azotados por una de las peores oleadas de frío de las que se tenga registro en las últimas dos décadas.
La navegación área se ha visto trastocada por los retrasos de vuelos hacia y desde México, pero las autoridades aseguran, de acuerdo a las investigaciones iniciales, que no fue el mal tiempo sino un error del piloto quien volaba más bajo de lo recomendado en esa zona, lo que provocó la caída del helicóptero con matrícula XALSA en el que murieron cinco personas: Moisés Saba, Adela Tuachi de Saba, Alberto Saba Jr. y Judith Cattan de Saba, miembros de la comunidad judía, además del capitán Armando Fernández.
La pregunta que salta a la vista, sin embargo, es ¿por qué un profesional como el piloto Armando Fernández habría de volar por debajo de la altura recomendada, si como refrendan las autoridades, no era por la falta de visibilidad?
Las interrogativas necesarias para tratar de establecer los hechos que llevaron a la tragedia son necesarias pero no suficientes.
Una sucesión de datos recopilados que establezca por qué y para qué se abandonó la ruta de navegación y hasta cómo se dio el impacto, documenta el accidente y tiene que hacerse, pero deja con una explicación insatisfactoria la duda fundamental, ¿por qué ellos? ¿por qué así?
Algunos piensan que el destino es irreversible; otros, como yo, que lo dudamos basados en el culto al libre albedrío, ante la contundencia de la muerte sin sentido empezamos a dudarlo.
El poder supremo, los dioses, la Naturaleza nos están recordando al inicio de este año que ricos y pobres estamos inermes frente a la fuerza del destino.
En Haití muchos tuvieron una cita final con el reconocimiento de lo vulnerable que resultamos los seres humanos, incluso albergados en nuestras construcciones que simbolizan el poder frente a las inclemencias del tiempo.
En Tlanchinol, Hidalgo, el presidente del PRI en ese municipio, Carlos Guzmán Hernández, fue hallado muerto tras sufrir un accidente vial, luego del cual salió de su auto para resguardarse del frío abajo de un árbol, en el que murió por hipotermia.
En la República la crudeza del invierno nos recuerda que hace muy, muy poco se dudaba del impacto del cambio climático en nuestras vidas o, como parece el caso, en nuestras muertes.
Si como sostienen las teorías del caos y la complejidad, “todo tiene que ver con todo” y una mariposa que aletea en el Amazonas cambia el clima en el Polo Norte, preguntémonos con humildad esta semana si estamos haciendo lo suficiente para entender la fuerza de la sobrevivencia, sea ésta literal, es decir física, o metafórica, como se vive después de una tragedia nacional en Haití; o personal, los deudos de la familias Saba y del diputado Carlos Guzmán Hernández.
¿Cómo nos estamos preparando para lo peor? Deseable sería que no sucediera, pero sin preparación y protección consciente, aún los anillos de protección —usuales por más caros que sean— como lo demostró el caso Saba, no funcionan.
¿Debió haber despegado ese helicóptero con esa familia? ¿en una noche lóbrega? ¿quién lo autorizó? ¿por qué se dio el permiso? las autoridades, por supuesto no sorprende, buscan deslindarse de la responsabilidad, error humano gritan.
La investigación aclarará, pero nada despeja la contundencia de los muertos.
No es lo mismo tiritar de frío que de frío y de dolor.
Enero de 2010 está siendo un recordatorio de que nuestras vidas dependen en mucho de la fuerza de la Naturaleza y del azar, un recordatorio que cuando menos a mí me hace buscar con humildad el espacio de reconocimiento de que hay que tratar de vivir con el poder del ahora, porque no sabemos si mañana estaremos aquí.
ROSSANA FUENTES BERAIN / Profesora e investigadora de la Universidad de Guadalajara.