México
La miseria de los adultos mayores
Olvidados, en la marginación y sin servicios de salud, siete millones de ancianos sobreviven en México
CIUDAD DE MÉXICO (31/OCT/2011).- En el abandono, la marginación, la desigualdad social y la falta de servicios de salud, viven siete millones de los poco más de 10 millones de adultos mayores que, en total, viven en México.
Los que algún día fueron el motor de crecimiento y desarrollo para este país, hoy apenas logran sobrevivir. La ausencia de políticas públicas adecuadas para este sector de la población incrementa esa circunstancia.
En México hay alrededor de 10.1 millones de hombres y mujeres mayores de 60 años de edad, lo que representa 9% de la población total del país, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). De esa cifra, poco más de siete millones viven en la pobreza y, entre ellos, más de 800 mil en la pobreza extrema, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).
Tres millones de adultos mayores están dentro de la población económicamente activa; de éstos, cerca de dos millones trabajan en el sector informal, sin sueldo fijo y sin prestaciones; y sólo uno de cada cinco recibe una pensión en México, afirma Alejandro Orozco, director general del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam).
Todas las entidades federativas del país cuentan con una Ley de Protección para los Adultos Mayores, sin embargo en Guanajuato, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Oaxaca, Sinaloa, Veracruz y Yucatán el Inapam señala que no hay legislación al respecto.
“Actualmente en México hay más de 170 mil adultos mayores que necesitan trabajar, pero no lo consiguen a causa de la edad; si combináramos el dinamismo de los jóvenes con la experiencia de los adultos mayores, formaríamos grandes personas y grandes profesionistas para el futuro”, asegura Orozco Rubio.
A pesar de que la salud en México es un derecho fundamental, tres de cada 10 adultos mayores no cuenta con seguridad social. El caso más extremo es Guanajuato, donde ocho de cada 10 no cuentan con algún esquema de protección.
El Inegi señala que de cada 100 adultos mayores en el país, 26 tienen alguna discapacidad, además de que la diabetes mellitus es la principal causa de ingreso hospitalario y de muerte entre las personas de 60 años y más.
En Hidalgo y San Luis Potosí se concentra el mayor número de personas discapacitadas de este rango de edad; ahí 29 de cada 100 adultos mayores tienen capacidades diferentes.
Datos de la Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis), elaborada junto con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) y el Inapam, revelan que 27.9% de las personas mayores ha sufrido alguna vez algún tipo de discriminación; 40.3% señala como su principal problema el económico; 37.3% el acceso a la salud y medicamentos y 25.9% la falta de trabajo.
Sonora es el Estado donde más ancianos viven solos, con 20% de esta población en esa condición.
De acuerdo con la Enadis, los altos niveles de exclusión, la falta de reconocimiento y la imposibilidad que tienen los adultos mayores para que se respeten sus derechos, impiden que puedan llevar una vida digna. Casi la mitad de los ancianos en México no tienen los ingresos suficientes para cubrir sus necesidades en salud, alimentación y vivienda. El Inegi indica que en México 21.4% de las personas mayores de 65 años en el país carecen de acceso a la alimentación adecuada.
El funcionario del Inamap señala que la edad promedio en México es de 26 años y se espera que para 2030 sea de 35 años, mientras que la perspectiva para 2050 es que los mayores de 60 años representen 27% de la población total.
Orozco Rubio afirma: “Tenemos que cambiar el estereotipo de los ancianos en México, el que se está en la mecedora sentado sin poder moverse; tenemos que tener una verdadera cultura del envejecimiento y esto implica crear un ambiente de reconocimiento al adulto mayor”.
El problema de los ancianos ha cobrado en décadas recientes cada vez mayor relevancia en la agenda nacional debido a que México experimenta una acelerada transición demográfica hacia el envejecimiento, dice.
La vejez implica una problemática social y económica, por ello es necesario que se le incluya en las políticas públicas a este grupo ya que los adultos mayores no pueden hacer frente a los problemas diarios de su vida, porque no cuentan con los recursos para sus necesidades.
“Por ello, los ancianos son más vulnerables de sufrir violaciones a sus derechos”.
Larga vida que se apaga entre sufrimientos
Tiene 105 años y vende paletas
CHETUMAL, QUINTANA ROO (31/OCT/2011).- A pesar de sus 105 años de edad, Manuel Pérez García sigue trabajando como vendedor de paletas en las calles de Chetumal, Quintana Roo. Manuel no pierde la esperanza que lo mantiene vivo: que lo vuelvan a contratar par desyerbar terrenos, que es como ganaba más.
Con la venta de paletas heladas dice llevarse a la bolsa un promedio de 40 pesos diarios. Pero además, dice, cuenta con el apoyo del programa Abuelito Estoy Contigo, que le da 800 pesos mensuales. Manuel sobrevive de su esfuerzo trabajando sin prestaciones como seguridad social, vacaciones o aguilando; dice que tampoco tiene familiares que le apoyen.
No cuenta con preparación académica. Aprendió a sumar y “medio leer y escribir” porque era necesario en la vida.
Para él no hay días festivos o descansos. Un “buen día” logra vender alrededor de 120 paletas de hielo, de lo que recibe aproximadamente 50 pesos, sin embargo, hay ocasiones en las que si bien le va se queda con 20 pesos en la bolsa.
Afanosamente ha buscado “chambitas”, dice, como desyerbar terrenos, pero nadie lo contrata. Vive en un cuarto con techo de lámina, por el que paga 500 pesos mensuales de renta. No tiene televisión, radio, ni refrigerador, solamente cuenta con una parrilla eléctrica para preparar sus alimentos. A pesar de su edad se mantiene con buena salud, aunque tiene serios problemas para escuchar.
Es viudo y de sus cuatro hijos no sabe nada desde hace más de 50 años, cuando abandonó su natal Veracruz.“No se si murieron o no, perdí todo contacto con ellos y no sé cómo localizarlos”.
Sola, y con angustias económicas
OAXACA.- Josefina Martínez Bustamante es originaria de Miahuatlán de Porfirio Díaz, municipio ubicado en la Sierra Sur de Oaxaca. Ignora qué edad tiene, aunque aclara, “en mi casa tengo mi papel de nacimiento, pero no me acuerdo, bueno, no sé leer, pero sí lo tengo”.
Todos los días, desde muy temprano, llega al Mercado de Abasto de la ciudad de Oaxaca para competir con cientos de mujeres, hombres, niños y niñas que venden bolsas de plástico que se utilizan para cargar las compras del mercado.
Para llegar a su sitio de trabajo tiene que recorrer 16 kilómetros en autobús o taxi colectivo desde la colonia Zapoteca, en el municipio de Zaachila, donde vive, porque allí sólo paga 200 pesos de renta al mes.
Menciona que le cuesta trabajo reunir tal cantidad, porque a cada bolsa sólo le gana dos pesos.
Las angustias económicas de Josefina Martínez van más allá de la renta del cuarto de lámina y madera donde vive. A sus gastos diarios incluye el importe del pasaje, ya que si viaja en autobús requiere 12 pesos y si tiene que utilizar el taxi colectivo el desembolso es de 20 pesos.
Hace dos años se dedicaba a los quehaceres del hogar, pero su esposo murió y se quedó sola, pues sus tres hijas “ya hicieron su vida, viven por ahí en las colonias con sus hombres, casi no las veo”.
Sin una pensión que cobrar, sin derecho al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y sola en la vida, optó por pedir prestado dinero y dedicarse a la venta de bolsas en el mercado.
“Cuando eres viejo el mundo te quiere comer a ti”
PACHUCA, HIDALGO.- A don Margarito le pesan los años, son ya 82, sus huesos cansados ya no lo aguantan y se ayuda de un bastón para caminar. Con su andar lento recuerda su juventud en la Vega de Metztitlán, ahí don Margarito pasó toda su niñez y su juventud.
“Desde siempre yo me he dedicado a cuidar de mis animales y a la siembra, ahora ya no puedo”.
María es una de sus siete hijos, pero la única que lo cuida. “Él ya no puede hacer nada, hace como cinco años empezó a estar mal y ahora lo tenemos que ayudar para todo, para caminar y vestirse”.
Hace ya casi un año la vida le cambió a este anciano, una enfermedad en los riñones lo mantiene en constante revisión en el Hospital General de Pachuca, a donde acude desde su comunidad cada tercer día.
“Con la vejez vienen todos los males y también la falta de dinero”, dice María, quien precisa que aún con el Seguro Popular, la mayoría de los estudios y análisis los tienen que realizar de manera particular, además de contratar un taxi para que los traslade, “todo es dinero y él ya no puede trabajar”.
Con su trabajo en el campo Margarito Hernández Reyes sacó adelante a su familia.“Él nos ha enseñado todo, no fue muchos años a la escuela, apenas la primaria, pero era muy bueno para hacer producir la tierra”, dice María.
“Cuando más necesitas a tu familia es cuando menos los tienes, a mí ya me olvidaron. Cuando eres joven la vida no te alcanza para hacer las cosas, eres fuerte y te quieres comer el mundo, cuando eres viejo, el mundo te quiere comer a ti”.
Los que algún día fueron el motor de crecimiento y desarrollo para este país, hoy apenas logran sobrevivir. La ausencia de políticas públicas adecuadas para este sector de la población incrementa esa circunstancia.
En México hay alrededor de 10.1 millones de hombres y mujeres mayores de 60 años de edad, lo que representa 9% de la población total del país, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). De esa cifra, poco más de siete millones viven en la pobreza y, entre ellos, más de 800 mil en la pobreza extrema, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).
Tres millones de adultos mayores están dentro de la población económicamente activa; de éstos, cerca de dos millones trabajan en el sector informal, sin sueldo fijo y sin prestaciones; y sólo uno de cada cinco recibe una pensión en México, afirma Alejandro Orozco, director general del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam).
Todas las entidades federativas del país cuentan con una Ley de Protección para los Adultos Mayores, sin embargo en Guanajuato, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Oaxaca, Sinaloa, Veracruz y Yucatán el Inapam señala que no hay legislación al respecto.
“Actualmente en México hay más de 170 mil adultos mayores que necesitan trabajar, pero no lo consiguen a causa de la edad; si combináramos el dinamismo de los jóvenes con la experiencia de los adultos mayores, formaríamos grandes personas y grandes profesionistas para el futuro”, asegura Orozco Rubio.
A pesar de que la salud en México es un derecho fundamental, tres de cada 10 adultos mayores no cuenta con seguridad social. El caso más extremo es Guanajuato, donde ocho de cada 10 no cuentan con algún esquema de protección.
El Inegi señala que de cada 100 adultos mayores en el país, 26 tienen alguna discapacidad, además de que la diabetes mellitus es la principal causa de ingreso hospitalario y de muerte entre las personas de 60 años y más.
En Hidalgo y San Luis Potosí se concentra el mayor número de personas discapacitadas de este rango de edad; ahí 29 de cada 100 adultos mayores tienen capacidades diferentes.
Datos de la Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis), elaborada junto con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) y el Inapam, revelan que 27.9% de las personas mayores ha sufrido alguna vez algún tipo de discriminación; 40.3% señala como su principal problema el económico; 37.3% el acceso a la salud y medicamentos y 25.9% la falta de trabajo.
Sonora es el Estado donde más ancianos viven solos, con 20% de esta población en esa condición.
De acuerdo con la Enadis, los altos niveles de exclusión, la falta de reconocimiento y la imposibilidad que tienen los adultos mayores para que se respeten sus derechos, impiden que puedan llevar una vida digna. Casi la mitad de los ancianos en México no tienen los ingresos suficientes para cubrir sus necesidades en salud, alimentación y vivienda. El Inegi indica que en México 21.4% de las personas mayores de 65 años en el país carecen de acceso a la alimentación adecuada.
El funcionario del Inamap señala que la edad promedio en México es de 26 años y se espera que para 2030 sea de 35 años, mientras que la perspectiva para 2050 es que los mayores de 60 años representen 27% de la población total.
Orozco Rubio afirma: “Tenemos que cambiar el estereotipo de los ancianos en México, el que se está en la mecedora sentado sin poder moverse; tenemos que tener una verdadera cultura del envejecimiento y esto implica crear un ambiente de reconocimiento al adulto mayor”.
El problema de los ancianos ha cobrado en décadas recientes cada vez mayor relevancia en la agenda nacional debido a que México experimenta una acelerada transición demográfica hacia el envejecimiento, dice.
La vejez implica una problemática social y económica, por ello es necesario que se le incluya en las políticas públicas a este grupo ya que los adultos mayores no pueden hacer frente a los problemas diarios de su vida, porque no cuentan con los recursos para sus necesidades.
“Por ello, los ancianos son más vulnerables de sufrir violaciones a sus derechos”.
Larga vida que se apaga entre sufrimientos
Tiene 105 años y vende paletas
CHETUMAL, QUINTANA ROO (31/OCT/2011).- A pesar de sus 105 años de edad, Manuel Pérez García sigue trabajando como vendedor de paletas en las calles de Chetumal, Quintana Roo. Manuel no pierde la esperanza que lo mantiene vivo: que lo vuelvan a contratar par desyerbar terrenos, que es como ganaba más.
Con la venta de paletas heladas dice llevarse a la bolsa un promedio de 40 pesos diarios. Pero además, dice, cuenta con el apoyo del programa Abuelito Estoy Contigo, que le da 800 pesos mensuales. Manuel sobrevive de su esfuerzo trabajando sin prestaciones como seguridad social, vacaciones o aguilando; dice que tampoco tiene familiares que le apoyen.
No cuenta con preparación académica. Aprendió a sumar y “medio leer y escribir” porque era necesario en la vida.
Para él no hay días festivos o descansos. Un “buen día” logra vender alrededor de 120 paletas de hielo, de lo que recibe aproximadamente 50 pesos, sin embargo, hay ocasiones en las que si bien le va se queda con 20 pesos en la bolsa.
Afanosamente ha buscado “chambitas”, dice, como desyerbar terrenos, pero nadie lo contrata. Vive en un cuarto con techo de lámina, por el que paga 500 pesos mensuales de renta. No tiene televisión, radio, ni refrigerador, solamente cuenta con una parrilla eléctrica para preparar sus alimentos. A pesar de su edad se mantiene con buena salud, aunque tiene serios problemas para escuchar.
Es viudo y de sus cuatro hijos no sabe nada desde hace más de 50 años, cuando abandonó su natal Veracruz.“No se si murieron o no, perdí todo contacto con ellos y no sé cómo localizarlos”.
Sola, y con angustias económicas
OAXACA.- Josefina Martínez Bustamante es originaria de Miahuatlán de Porfirio Díaz, municipio ubicado en la Sierra Sur de Oaxaca. Ignora qué edad tiene, aunque aclara, “en mi casa tengo mi papel de nacimiento, pero no me acuerdo, bueno, no sé leer, pero sí lo tengo”.
Todos los días, desde muy temprano, llega al Mercado de Abasto de la ciudad de Oaxaca para competir con cientos de mujeres, hombres, niños y niñas que venden bolsas de plástico que se utilizan para cargar las compras del mercado.
Para llegar a su sitio de trabajo tiene que recorrer 16 kilómetros en autobús o taxi colectivo desde la colonia Zapoteca, en el municipio de Zaachila, donde vive, porque allí sólo paga 200 pesos de renta al mes.
Menciona que le cuesta trabajo reunir tal cantidad, porque a cada bolsa sólo le gana dos pesos.
Las angustias económicas de Josefina Martínez van más allá de la renta del cuarto de lámina y madera donde vive. A sus gastos diarios incluye el importe del pasaje, ya que si viaja en autobús requiere 12 pesos y si tiene que utilizar el taxi colectivo el desembolso es de 20 pesos.
Hace dos años se dedicaba a los quehaceres del hogar, pero su esposo murió y se quedó sola, pues sus tres hijas “ya hicieron su vida, viven por ahí en las colonias con sus hombres, casi no las veo”.
Sin una pensión que cobrar, sin derecho al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y sola en la vida, optó por pedir prestado dinero y dedicarse a la venta de bolsas en el mercado.
“Cuando eres viejo el mundo te quiere comer a ti”
PACHUCA, HIDALGO.- A don Margarito le pesan los años, son ya 82, sus huesos cansados ya no lo aguantan y se ayuda de un bastón para caminar. Con su andar lento recuerda su juventud en la Vega de Metztitlán, ahí don Margarito pasó toda su niñez y su juventud.
“Desde siempre yo me he dedicado a cuidar de mis animales y a la siembra, ahora ya no puedo”.
María es una de sus siete hijos, pero la única que lo cuida. “Él ya no puede hacer nada, hace como cinco años empezó a estar mal y ahora lo tenemos que ayudar para todo, para caminar y vestirse”.
Hace ya casi un año la vida le cambió a este anciano, una enfermedad en los riñones lo mantiene en constante revisión en el Hospital General de Pachuca, a donde acude desde su comunidad cada tercer día.
“Con la vejez vienen todos los males y también la falta de dinero”, dice María, quien precisa que aún con el Seguro Popular, la mayoría de los estudios y análisis los tienen que realizar de manera particular, además de contratar un taxi para que los traslade, “todo es dinero y él ya no puede trabajar”.
Con su trabajo en el campo Margarito Hernández Reyes sacó adelante a su familia.“Él nos ha enseñado todo, no fue muchos años a la escuela, apenas la primaria, pero era muy bueno para hacer producir la tierra”, dice María.
“Cuando más necesitas a tu familia es cuando menos los tienes, a mí ya me olvidaron. Cuando eres joven la vida no te alcanza para hacer las cosas, eres fuerte y te quieres comer el mundo, cuando eres viejo, el mundo te quiere comer a ti”.