México
Hospital Juárez, mucha inversión y pocos pacientes
El costo de la remodelación del hospital fue de 213 millones 325 mil pesos
CIUDAD DEL MÉXICO (20/JUN/2011).- Llegaron hace más de medio año. Son unas cajas de madera, grandes, voluminosas, que podrían pasar por desecho. A la intemperie, en el estacionamiento del recién remodelado Hospital Juárez del Centro (HJC), parecen no importar, como si su valor fuera nulo o contuvieran desechos. Si no fuera porque en su interior se encuentra sofisticado equipo de radiología importado de Italia, por el que la Secretaría de Salud pagó casi cinco millones de pesos.
Los pasillos se recorren inmaculados, no por los esfuerzos de los trabajadores de limpieza, sino porque nadie los transita. Se encuentran desiertos. Los quirófanos, las camillas, incluso la farmacia, están llenas de cajas empaquetadas sin abrir. Parecen estar en la línea de salida, esperando por un banderazo que no llega.
La remodelación del hospital fue tipificada como “obra nueva” y tuvo un costo de 213 millones 325 mil pesos. Esta inversión millonaria descansa en la labor de sólo 53 médicos y 75 enfermeras, que mensualmente cobran casi tres millones de pesos. Aunque sumando el personal administrativo, la nómica supera los cuatro millones de pesos mensuales.
En recorridos hechos en el lugar, del personal médico difícilmente se contabilizaron cuatro o cinco galenos, y unas 15 enfermeras. Esto se debe, de acuerdo con un empleado del administrativo del HJC, que, a falta de un checador electrónico, la asistencia del personal es tomada con base en firmas: “Basta con que le lleves un regalito a la secretaria o te pongas de acuerdo con ella, para decirle que le firmas toda la semana y listo”. Lo que fomenta una nómina de aviadores.
Las salas de espera tampoco son como las de los demás hospitales públicos. En el HJC éstas se encuentran vacías. Aquí no hay emergencias, no porque no haya gente que las sufra, sino porque no son recibidas. “Se canalizan a otro hospital”, advierte escueto uno de los galenos.
Las enfermeras, a falta de pacientes que atender, se pasean, platican el final de las telenovelas o programas de concursos, o miran con suspicacia a los visitantes.
Los médicos, los pocos que asisten, también optan por pasear, fantasmagóricos, envueltos en su bata blanca, o por platicar en los pocos consultorios abiertos, con sus demás colegas.
Salud precaria
De acuerdo con las últimas estadísticas oficiales disponibles (2009), se otorgaron más de 200 millones de consultas en todo el país, 16 millones de ellas en el Distrito Federal, lo que generó un promedio de consultas diarias por médico de 11.85, nacional, y 8.76, en DF.
Si se considera el índice menor, el del DF, el HJC debió haber atendido a mil 473 pacientes, después de su reinauguración en septiembre de 2010. Pero sólo atendió a 352, 25 por ciento.
Lejos parecen quedar en la memoria las cifras de 2005, cuando aún con sus limitantes estructurales, por el sismo del 85, el HJC atendió a 55 mil personas y practicó tres mil 500 cirugías.
Actualmente, siete de cada 10 mexicanos son atendidos a través de alguna de las instituciones de la Secretaría de Salud o locales, ya sea por no contar con otro tipo de cobertura médica o por estar afiliados al Seguro Popular.
El exterior del HJC se encuentra enmarcado del comercio ambulante, la mayoría de ellos jóvenes, en compañía de un trapo empapado con algún solvente. Los comerciantes cercanos no saben si el hospital entró en funcionamiento. “Creo que no”, responde una locataria que se encuentra a 10 metros del hospital.
Para aclarar la funcionalidad del HJC, se pidieron varias veces una entrevista con el director de la institución, Carlos Rojas Enriquez, y con el titular de la Comisión Coordinadora de los Institutos Nacionales de Salud, de la SS, Romeo Rodríguez Suárez, sin que al cierre de esta edición se hubiera obtenido respuesta.
“Clínicas de excelencia”
El Hospital Juárez del Centro cuenta con tres “clínicas de excelencia” destinadas a medicina especializada para el adolescente, a trastornos alimenticios y a gerontogeriatría. Pocos saben de ellas.
A la entrada del centro de Salud, cuando se pregunta por algunas de las clínicas al guardia, le dice que “ahí no es”. Entonces se aclara que la página de internet del hospital indica que se encuentra en su interior y que, para mayores informes, es necesario acudir, pues no muestra números telefónicos. Entonces, se accede.
El horario de consulta es restrictivo. A trastornos alimenticios y medicina adolescente se puede acudir de lunes a viernes, excepto los miércoles, de 8:000 a 12:00 horas. Pero, alerta la recepcionista, “hay que llegar máximo a las nueve, porque si no ya no pasa”.
Para atender el caso de un joven con bulimia de 18 años, primero hay que pasar con el especialista en medicina para el adolescente, quien lo valorará y trasladará al área correspondiente. El costo de la consulta es de 64 pesos, es decir, 1.07 salario mínimo diario.
Los pasillos se recorren inmaculados, no por los esfuerzos de los trabajadores de limpieza, sino porque nadie los transita. Se encuentran desiertos. Los quirófanos, las camillas, incluso la farmacia, están llenas de cajas empaquetadas sin abrir. Parecen estar en la línea de salida, esperando por un banderazo que no llega.
La remodelación del hospital fue tipificada como “obra nueva” y tuvo un costo de 213 millones 325 mil pesos. Esta inversión millonaria descansa en la labor de sólo 53 médicos y 75 enfermeras, que mensualmente cobran casi tres millones de pesos. Aunque sumando el personal administrativo, la nómica supera los cuatro millones de pesos mensuales.
En recorridos hechos en el lugar, del personal médico difícilmente se contabilizaron cuatro o cinco galenos, y unas 15 enfermeras. Esto se debe, de acuerdo con un empleado del administrativo del HJC, que, a falta de un checador electrónico, la asistencia del personal es tomada con base en firmas: “Basta con que le lleves un regalito a la secretaria o te pongas de acuerdo con ella, para decirle que le firmas toda la semana y listo”. Lo que fomenta una nómina de aviadores.
Las salas de espera tampoco son como las de los demás hospitales públicos. En el HJC éstas se encuentran vacías. Aquí no hay emergencias, no porque no haya gente que las sufra, sino porque no son recibidas. “Se canalizan a otro hospital”, advierte escueto uno de los galenos.
Las enfermeras, a falta de pacientes que atender, se pasean, platican el final de las telenovelas o programas de concursos, o miran con suspicacia a los visitantes.
Los médicos, los pocos que asisten, también optan por pasear, fantasmagóricos, envueltos en su bata blanca, o por platicar en los pocos consultorios abiertos, con sus demás colegas.
Salud precaria
De acuerdo con las últimas estadísticas oficiales disponibles (2009), se otorgaron más de 200 millones de consultas en todo el país, 16 millones de ellas en el Distrito Federal, lo que generó un promedio de consultas diarias por médico de 11.85, nacional, y 8.76, en DF.
Si se considera el índice menor, el del DF, el HJC debió haber atendido a mil 473 pacientes, después de su reinauguración en septiembre de 2010. Pero sólo atendió a 352, 25 por ciento.
Lejos parecen quedar en la memoria las cifras de 2005, cuando aún con sus limitantes estructurales, por el sismo del 85, el HJC atendió a 55 mil personas y practicó tres mil 500 cirugías.
Actualmente, siete de cada 10 mexicanos son atendidos a través de alguna de las instituciones de la Secretaría de Salud o locales, ya sea por no contar con otro tipo de cobertura médica o por estar afiliados al Seguro Popular.
El exterior del HJC se encuentra enmarcado del comercio ambulante, la mayoría de ellos jóvenes, en compañía de un trapo empapado con algún solvente. Los comerciantes cercanos no saben si el hospital entró en funcionamiento. “Creo que no”, responde una locataria que se encuentra a 10 metros del hospital.
Para aclarar la funcionalidad del HJC, se pidieron varias veces una entrevista con el director de la institución, Carlos Rojas Enriquez, y con el titular de la Comisión Coordinadora de los Institutos Nacionales de Salud, de la SS, Romeo Rodríguez Suárez, sin que al cierre de esta edición se hubiera obtenido respuesta.
“Clínicas de excelencia”
El Hospital Juárez del Centro cuenta con tres “clínicas de excelencia” destinadas a medicina especializada para el adolescente, a trastornos alimenticios y a gerontogeriatría. Pocos saben de ellas.
A la entrada del centro de Salud, cuando se pregunta por algunas de las clínicas al guardia, le dice que “ahí no es”. Entonces se aclara que la página de internet del hospital indica que se encuentra en su interior y que, para mayores informes, es necesario acudir, pues no muestra números telefónicos. Entonces, se accede.
El horario de consulta es restrictivo. A trastornos alimenticios y medicina adolescente se puede acudir de lunes a viernes, excepto los miércoles, de 8:000 a 12:00 horas. Pero, alerta la recepcionista, “hay que llegar máximo a las nueve, porque si no ya no pasa”.
Para atender el caso de un joven con bulimia de 18 años, primero hay que pasar con el especialista en medicina para el adolescente, quien lo valorará y trasladará al área correspondiente. El costo de la consulta es de 64 pesos, es decir, 1.07 salario mínimo diario.