México
Hallan en surcos una opción para subsistir
Los otomíes reconocen que la paga es poca por la pizca de cultivos; 75% de la población de Tolimán es pobre
COLÓN, QUERÉTARO (04/JUN/2012).- Trabajan hasta 12 horas al día en los campos, y aunque la paga es poca, también hay menos riesgos, al menos de acuerdo a Leticia, quien se protege de las inclemencias del Sol con un paliacate, un rebozo y un suéter. Los tres encimados.
Ella es una de las indígenas otomíes del municipio de Tolimán que trabaja en los campos de tomate, chile y cebolla del vecino municipio de Colón; en esas plantaciones han encontrado una forma de subsistir sin tener que migrar a otras entidades del país y, sobre todo, sin tener que viajar a Estados Unidos.
Todos los días, a las siete de la mañana, un camión de tres toneladas pasa por ella y varios pobladores de Tolimán; el tomate ya está maduro y hay que cortarlo.
La labor cotidiana es llenar tres camiones de esa dimensión, una tarea que culmina entre las tres o cuatro de la tarde. Una vez terminado el trabajo, regresan a casa, ubicada a 50 kilómetros.
Tradicionalmente, la población otomí migra a la ciudad de Querétaro y San Juan del Río, en Querétaro, o al Distrito Federal y Guadalajara, en donde se dedican a la venta de golosinas o de artesanías, mientras que los varones ingresan a la industria de la construcción, reporta una investigación sobre indígenas migrantes realizada por el antropólogo Diego Prieto Hernández.
Sin embargo, también es tradición en estos pueblos migrar a Estados Unidos en donde, incluso, hay colonias de tolimanenses en algunos estados de la Unión Americana.
Leticia Santiago, quien desde hace un año se dedica a la pizca, dice que es mejor hacer esto que irse “al otro lado”. “Cuando vamos a otra ciudad luego ni siquiera tenemos dónde quedarnos. En cambio acá sí está pesado, pero siempre regresamos a la casa”.
La colecta del tomate lastima sus manos que quedan negruzcas por el contacto constante con la cascarilla del vegetal.
De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), entre 50% y 75% de la población de este municipio está en situación de pobreza; es decir, que sus ingresos económicos son insuficientes para adquirir los bienes y los servicios que requiere para satisfacer sus necesidades.
Vivir con 500 semanales
Entre los surcos se encuentra Eliseo, quien decidió, con el respaldo de sus padres, dejar la escuela para venir a trabajar. Tiene 14 año y pasa más de mediodía en los campos de cultivo en compañía de vecinos y familiares. Entre los adultos —unos 20— hablan en su lengua materna el ñhañhü. Eliseo dice que entiende su idioma, pero casi no lo habla pues de poco le sirve.
Cada pizcador obtiene 500 pesos a la semana que resulta ser cantidad superior a la que consiguen, por ejemplo, vendiendo chicles y golosinas en la caseta de peaje de Palmillas, sobre la Autopista México-Querétaro.
La otra ventaja, explican, es que siempre hay trabajo; “si se acaba el tomate, nos vamos allá adelantito a levantar chile y si no, pues vamos a la cebolla”, dice Bernardo, quien al igual que el resto de los trabajadores, se niega a dar su apellido.
Dice que hace un par de años se fue a Estados Unidos pero poco pudo hacer; aun cuando consiguió trabajo en la construcción y “cobraba bien”, rápidamente perdió el empleo porque les cayó una redada. Estuvo detenido cerca de 15 días y después fue deportado. “De nada te sirve ir hasta allá para que luego te regresen y sin nada, sin un peso en la bolsa… por eso está mejor aquí. Quieras que no, no corres peligro con la Policía ni con los patrones de allá. Aquí estamos cerquita de la familia”.
En Querétaro, la producción de hortalizas se ha incrementado en los últimos años junto con la instalación de invernaderos. El secretario de Desarrollo Agropecuario, Manuel Valdés, informó que 90% de la producción en invernaderos se exporta, lo que significa cerca de 400 toneladas al mes, cuyo valor aproximado es de 4.8 millones de pesos.
Eliseo dice que sí le gusta trabajar en la recolección del tomate y que no se arrepiente de haber dejado la escuela por la pizca de hortalizas, pues a pesar del tiempo que se pasa en el campo, sabe que está muy cerca de su casa y de su papá, quien desde que regresó de Estados Unidos, hace un año y medio, decidió quedarse en su tierra queretana.
FICHA TÉCNICA
El municipio, a fondo
El municipio de Tolimán es habitado por 23 mil 386 personas, de las cuales nueve mil 588 son indígenas otomíes; es decir, 36.3 por ciento.
Tradicionalmente, la población otomí migra a la ciudad de Querétaro y San Juan del Río, en Querétaro, así como al Distrito Federal o a Guadalajara.
Las mujeres se dedican a la venta de golosinas o de artesanías, mientras que los varones ingresan a la industria de la construcción.
Ella es una de las indígenas otomíes del municipio de Tolimán que trabaja en los campos de tomate, chile y cebolla del vecino municipio de Colón; en esas plantaciones han encontrado una forma de subsistir sin tener que migrar a otras entidades del país y, sobre todo, sin tener que viajar a Estados Unidos.
Todos los días, a las siete de la mañana, un camión de tres toneladas pasa por ella y varios pobladores de Tolimán; el tomate ya está maduro y hay que cortarlo.
La labor cotidiana es llenar tres camiones de esa dimensión, una tarea que culmina entre las tres o cuatro de la tarde. Una vez terminado el trabajo, regresan a casa, ubicada a 50 kilómetros.
Tradicionalmente, la población otomí migra a la ciudad de Querétaro y San Juan del Río, en Querétaro, o al Distrito Federal y Guadalajara, en donde se dedican a la venta de golosinas o de artesanías, mientras que los varones ingresan a la industria de la construcción, reporta una investigación sobre indígenas migrantes realizada por el antropólogo Diego Prieto Hernández.
Sin embargo, también es tradición en estos pueblos migrar a Estados Unidos en donde, incluso, hay colonias de tolimanenses en algunos estados de la Unión Americana.
Leticia Santiago, quien desde hace un año se dedica a la pizca, dice que es mejor hacer esto que irse “al otro lado”. “Cuando vamos a otra ciudad luego ni siquiera tenemos dónde quedarnos. En cambio acá sí está pesado, pero siempre regresamos a la casa”.
La colecta del tomate lastima sus manos que quedan negruzcas por el contacto constante con la cascarilla del vegetal.
De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), entre 50% y 75% de la población de este municipio está en situación de pobreza; es decir, que sus ingresos económicos son insuficientes para adquirir los bienes y los servicios que requiere para satisfacer sus necesidades.
Vivir con 500 semanales
Entre los surcos se encuentra Eliseo, quien decidió, con el respaldo de sus padres, dejar la escuela para venir a trabajar. Tiene 14 año y pasa más de mediodía en los campos de cultivo en compañía de vecinos y familiares. Entre los adultos —unos 20— hablan en su lengua materna el ñhañhü. Eliseo dice que entiende su idioma, pero casi no lo habla pues de poco le sirve.
Cada pizcador obtiene 500 pesos a la semana que resulta ser cantidad superior a la que consiguen, por ejemplo, vendiendo chicles y golosinas en la caseta de peaje de Palmillas, sobre la Autopista México-Querétaro.
La otra ventaja, explican, es que siempre hay trabajo; “si se acaba el tomate, nos vamos allá adelantito a levantar chile y si no, pues vamos a la cebolla”, dice Bernardo, quien al igual que el resto de los trabajadores, se niega a dar su apellido.
Dice que hace un par de años se fue a Estados Unidos pero poco pudo hacer; aun cuando consiguió trabajo en la construcción y “cobraba bien”, rápidamente perdió el empleo porque les cayó una redada. Estuvo detenido cerca de 15 días y después fue deportado. “De nada te sirve ir hasta allá para que luego te regresen y sin nada, sin un peso en la bolsa… por eso está mejor aquí. Quieras que no, no corres peligro con la Policía ni con los patrones de allá. Aquí estamos cerquita de la familia”.
En Querétaro, la producción de hortalizas se ha incrementado en los últimos años junto con la instalación de invernaderos. El secretario de Desarrollo Agropecuario, Manuel Valdés, informó que 90% de la producción en invernaderos se exporta, lo que significa cerca de 400 toneladas al mes, cuyo valor aproximado es de 4.8 millones de pesos.
Eliseo dice que sí le gusta trabajar en la recolección del tomate y que no se arrepiente de haber dejado la escuela por la pizca de hortalizas, pues a pesar del tiempo que se pasa en el campo, sabe que está muy cerca de su casa y de su papá, quien desde que regresó de Estados Unidos, hace un año y medio, decidió quedarse en su tierra queretana.
FICHA TÉCNICA
El municipio, a fondo
El municipio de Tolimán es habitado por 23 mil 386 personas, de las cuales nueve mil 588 son indígenas otomíes; es decir, 36.3 por ciento.
Tradicionalmente, la población otomí migra a la ciudad de Querétaro y San Juan del Río, en Querétaro, así como al Distrito Federal o a Guadalajara.
Las mujeres se dedican a la venta de golosinas o de artesanías, mientras que los varones ingresan a la industria de la construcción.