México
Campos de EU, trampa mortal para migrantes
Los doctores que atienden a los connacionales les ponen muchos obstáculos para conseguir los beneficios de la ley
CIUDAD DE MÉXICO.- Carolina, trabajadora agrícola de Lamont, California, es viuda y madre de cinco hijos. Ella y su hija mayor, ambas mexicanas, son las únicas que proveen recursos para su familia, aunque Carolina ya no puede respirar por sí misma, y para ello requiere de un tubo en su tráquea. Trabajó a lo largo de 10 años en los campos de uvas de California, considerados los de más alta peligrosidad por pesticidas.
“Hace como un año y medio, mientras trabajaba sentí un fuerte dolor de cabeza y vómito. Luego me rascaba las manos y toda la piel, y tuve una infección en la garganta que se convirtió en infección pulmonar”.
De hecho toda la cuadrilla se sintió mal ese día, por lo que el mayordomo les indicó que regresaran a sus casas para retomar el trabajo a la mañana siguiente , pero Carolina no pudo retomarlo más; fueron muchos años, cuando menos 10, de estar expuesta a los pesticidas (insecticidas, herbicidas, funguicidas) que son mortales, a decir de la Organización Líderes Campesinas en California, cuya misión es abogar por los derechos de la comunidad campesina en las regiones de Valles de Coachella, Imperial y Salinas, y condados de Ventura, Madera, Merced, Santa Cruz y Fresno.
Daniela Ramírez, activista y directora ejecutiva de Líderes Campesinas, considera que la dispersión de los pesticidas en el aire en California con concentraciones bastante mayores a los niveles de exposición aguda o crónica, considerados “seguros” por las agencias reglamentarias, está causando abortos espontáneos, esterilidad y cáncer de mama en mujeres, así como estragos en la salud de los niños que asisten a las escuelas cercanas a los campos agrícolas tales como: pérdida de la memoria, asma, alergias y pérdida de la visión.
Efectos agudos como vómito, náuseas, mareos y dolor de cabeza, fatiga, somnolencia y erupciones en la piel, a veces pueden ser identificados y tratados apropiadamente; mientras que otros a largo plazo o crónicos como cáncer, defectos de nacimiento, problemas reproductivos, del desarrollo y daños al sistema nervioso son muy difíciles de vincular con la exposición a pesticidas.
Una ocupación casi mortal
“Trabajar en la agricultura es una de las ocupaciones más peligrosas de Estados Unidos: además de las largas jornadas de trabajo y de un mayor riesgo de lesiones físicas, los 2.5 millones de trabajadores del campo que se calcula existen en el país, se enfrentan al riesgo de exponerse a pesticidas, más que cualquier otro segmento de la población. Vale decir que 79% de los trabajadores en dichos campos (aproximadamente 600 mil hombres y mujeres) son latinos, la inmensa mayoría de origen mexicano, 3% puertorriqueño y una pequeña porción de otros países latinoamericanos; sumado a ello, la Encuesta Nacional de Trabajadores Agrícolas, reportó que sus familias no tienen seguro médico de ningún tipo, ni individual ni patronal.
“La dificultad inherente al estudiar dichas enfermedades se exacerba en las poblaciones de trabajadores migrantes, quienes rutinariamente se mudan de un Estado a otro o de un país a otro. Algunos trabajadores agrícolas pueden buscar tratamiento en clínicas migrantes que reciben fondos federales, pero la gran mayoría simplemente se quedan sin atención médica.
“Un estudio de cáncer determinó que cuando se les compara con la población general, tanto granjeros como trabajadores y trabajadoras agrícolas muestran un incremento de mieloma múltiple y cánceres de estómago y próstata. Además los trabajadoras muestran un singular aumento de cánceres en la boca, faringe, pulmones e hígado”, suscribe el reporte Los trabajadores agrícolas y los pesticidas en California, que fue realizado y presentado por la Red de Acción sobre Plaguicidas de Norteamérica.
A veces la dispersión es obvia, pero a menudo es insidiosa, invisible e inodora, y puede persistir durante días, semanas o hasta meses después de la aplicación; ésta puede avanzar varias millas desde el sitio de fumigación, y bajo techo se concentran en la capa de aire justamente encima del piso, donde suelen jugar los niños, además se acumulan en los artículos de plástico, como los juguetes.
En muchos casos el médico no presenta el informe o la persona afectada no acude o no cuenta con los recursos económicos para la atención médica necesaria. Los bajos ingresos y el miedo a perder el trabajo son motivo para quedarse laborando, aún bajo la sospecha de estar envenenado. Aunado a ello, la mayoría de los trabajadores agrícolas tiene acceso limitado a chequeos médicos de rutina y prevención y no se están usando los pocos exámenes de sangre disponibles que identifican envenenamientos por pesticidas específicos.
A pesar de que a los patrones de las fincas agrícolas se les exige tener el seguro de Worker´s Compensation; para Silvia Berrones, líder campesina esta red de seguridad no ha probado ser efectiva para el tratamiento de envenenamientos por pesticidas. Según informes de la United Farm Workers of America algunos trabajadores se quejan que estos “doctores de la compañía” proveen tratamientos mínimos y los mandan de regreso a los campos; otros aseguran que estos médicos protegen a las compañías por Worker´s Compensation y así minimizan las lesiones de los trabajadores; además, los trabajadores agrícolas no están cubiertos por el Estándar de Comunicación de Peligros de la Administración de Salud y Seguridad Ocupacional que requiere que los patrones informen a sus trabajadores de los riesgos asociados con cada químico en su centro de trabajo.
“Me rascaba las manos, tenía erupciones en el cuello —comenta Luis, trabajador agrícola, de 28 años—. Creí que desaparecerían solas. El doctor de la compañía me dijo que tenía una alergia y me recetó unas pastillas y una crema para la irritación. Tuve que perder un día de trabajo. Si no trabajo no me pagan, así es que prefiero presentarme a trabajar. Descubrí que había otros trabajadores con irritación en las manos, pero existen muy pocos exámenes accesibles y comúnmente disponibles para identificar el pesticida específico o el tipo de pesticida implicado en un caso particular de envenenamiento y no existen antídotos para el envenenamiento con los fumigantes”.
Foto aérea de un campo en California donde laboran migrantes mexicanos, quienes no son advertidos de los riesgos que los químicos utilizados implican para su salud.
CRÓNICA
“Obligados a laborar, aún enfermos”
“Mi mano estaba cubierta de ampollas a causa de un pesticida, comenta Jaime, acudí al doctor y me dijo que consiguiera una lista de todos los químicos usados en los campos donde había trabajado. Mi supervisor se rehusó a esta petición y dijo que los pesticidas no habían podido causarme tales quemaduras”.
“Volví a mi trabajo. Trabajé hasta el medio día y cuando me quité los guantes para comer, salieron un montón de pellejos. Me dio asco, ya no pude comer y mejor me fui. Quería usar la Worker´s Compensation, pero la compañía no estuvo de acuerdo. No me creían y pidieron que fuera a ver al médico de la compañía”
Mi supervisor también dijo que quería ver una muestra de sangre. El médico de la compañía reclamó que debí haberlo visto antes, y que yo sólo trataba de aprovecharme. Al final después de muchos problemas pude obtener la Worker´s Compensation a la que tenía derecho desde el inicio, pero a partir de esa circunstancia el trato hacia mí ya no fue el mismo”.
“He tenido dolores de cabeza, mareos, náuseas, dolor de estómago y vómito por envenenamiento en el trabajo. Le dije al mayordomo como me sentía, y él dijo que estaba crudo. Me ignoró y se fue. Soy el que rocía el pesticida y continuamente me mojo con el líquido que se usa para las plantas. Mi ropa no me protege, es muy delgada y los brazos se me mojan. Nunca puedo ir al doctor porque no tengo suficiente dinero”, comenta Julio, mientras Magdalena agrega que cuando se sintió enferma durante su trabajo como piscadora de fresas en una gran finca, le comentó al mayordomo que las crecientes erupciones en su piel se debían a estar expuesta a los químicos.
“De mala gana me dieron permiso de acudir con el doctor de la compañía, con la advertencia de que debía pagar por la consulta, en caso de que el médico determinara que mi enfermedad no se debía a los pesticidas. En pocos días fui despedida con la única explicación de que no estaba esforzándome lo suficiente en el trabajo”. (Cristina Pérez-Stadelmann/El Universal)
FICHA TÉCNICA
Faltan letreros indicadores
-- Según datos del Programa de Vigilancia de Enfermedades por Pesticidas en California, las dos fuentes más comunes de exposición que han conducido a enfermedades, son los restos que flotan en el aire por el rociado de pesticidas (44%) y los residuos en el campo (33%).
-- La falta de letreros indicadores y notificaciones cuando los sembradíos van ser rociados, también pone en peligro a los trabajadores en los campos, los intervalos de entradas restringidas(REIs) y los letreros en el campo —para protegerlos de los residuos— son inadecuados y/o no se exhiben como deben.
-- Los datos sobre enfermedades relacionadas con su uso también son limitados, toda vez que resulta prácticamente imposible determinar qué pesticidas están asociados con las enfermedades reportadas.
-- El Department of Pesticid Regulation (DPR), revisa unos dos mil casos potenciales de envenenamiento.
-- Frecuentemente pueden ser mal diagnosticados como enfermedades estomacales, bronquitis o asma.
-- En una revisión de los récords médicos de 20 bebés y niños severamente envenenados con pesticidas, transferidos a varios hospitales, en 16 de los 20 casos hubo diagnósticos equivocados.
“Hace como un año y medio, mientras trabajaba sentí un fuerte dolor de cabeza y vómito. Luego me rascaba las manos y toda la piel, y tuve una infección en la garganta que se convirtió en infección pulmonar”.
De hecho toda la cuadrilla se sintió mal ese día, por lo que el mayordomo les indicó que regresaran a sus casas para retomar el trabajo a la mañana siguiente , pero Carolina no pudo retomarlo más; fueron muchos años, cuando menos 10, de estar expuesta a los pesticidas (insecticidas, herbicidas, funguicidas) que son mortales, a decir de la Organización Líderes Campesinas en California, cuya misión es abogar por los derechos de la comunidad campesina en las regiones de Valles de Coachella, Imperial y Salinas, y condados de Ventura, Madera, Merced, Santa Cruz y Fresno.
Daniela Ramírez, activista y directora ejecutiva de Líderes Campesinas, considera que la dispersión de los pesticidas en el aire en California con concentraciones bastante mayores a los niveles de exposición aguda o crónica, considerados “seguros” por las agencias reglamentarias, está causando abortos espontáneos, esterilidad y cáncer de mama en mujeres, así como estragos en la salud de los niños que asisten a las escuelas cercanas a los campos agrícolas tales como: pérdida de la memoria, asma, alergias y pérdida de la visión.
Efectos agudos como vómito, náuseas, mareos y dolor de cabeza, fatiga, somnolencia y erupciones en la piel, a veces pueden ser identificados y tratados apropiadamente; mientras que otros a largo plazo o crónicos como cáncer, defectos de nacimiento, problemas reproductivos, del desarrollo y daños al sistema nervioso son muy difíciles de vincular con la exposición a pesticidas.
Una ocupación casi mortal
“Trabajar en la agricultura es una de las ocupaciones más peligrosas de Estados Unidos: además de las largas jornadas de trabajo y de un mayor riesgo de lesiones físicas, los 2.5 millones de trabajadores del campo que se calcula existen en el país, se enfrentan al riesgo de exponerse a pesticidas, más que cualquier otro segmento de la población. Vale decir que 79% de los trabajadores en dichos campos (aproximadamente 600 mil hombres y mujeres) son latinos, la inmensa mayoría de origen mexicano, 3% puertorriqueño y una pequeña porción de otros países latinoamericanos; sumado a ello, la Encuesta Nacional de Trabajadores Agrícolas, reportó que sus familias no tienen seguro médico de ningún tipo, ni individual ni patronal.
“La dificultad inherente al estudiar dichas enfermedades se exacerba en las poblaciones de trabajadores migrantes, quienes rutinariamente se mudan de un Estado a otro o de un país a otro. Algunos trabajadores agrícolas pueden buscar tratamiento en clínicas migrantes que reciben fondos federales, pero la gran mayoría simplemente se quedan sin atención médica.
“Un estudio de cáncer determinó que cuando se les compara con la población general, tanto granjeros como trabajadores y trabajadoras agrícolas muestran un incremento de mieloma múltiple y cánceres de estómago y próstata. Además los trabajadoras muestran un singular aumento de cánceres en la boca, faringe, pulmones e hígado”, suscribe el reporte Los trabajadores agrícolas y los pesticidas en California, que fue realizado y presentado por la Red de Acción sobre Plaguicidas de Norteamérica.
A veces la dispersión es obvia, pero a menudo es insidiosa, invisible e inodora, y puede persistir durante días, semanas o hasta meses después de la aplicación; ésta puede avanzar varias millas desde el sitio de fumigación, y bajo techo se concentran en la capa de aire justamente encima del piso, donde suelen jugar los niños, además se acumulan en los artículos de plástico, como los juguetes.
En muchos casos el médico no presenta el informe o la persona afectada no acude o no cuenta con los recursos económicos para la atención médica necesaria. Los bajos ingresos y el miedo a perder el trabajo son motivo para quedarse laborando, aún bajo la sospecha de estar envenenado. Aunado a ello, la mayoría de los trabajadores agrícolas tiene acceso limitado a chequeos médicos de rutina y prevención y no se están usando los pocos exámenes de sangre disponibles que identifican envenenamientos por pesticidas específicos.
A pesar de que a los patrones de las fincas agrícolas se les exige tener el seguro de Worker´s Compensation; para Silvia Berrones, líder campesina esta red de seguridad no ha probado ser efectiva para el tratamiento de envenenamientos por pesticidas. Según informes de la United Farm Workers of America algunos trabajadores se quejan que estos “doctores de la compañía” proveen tratamientos mínimos y los mandan de regreso a los campos; otros aseguran que estos médicos protegen a las compañías por Worker´s Compensation y así minimizan las lesiones de los trabajadores; además, los trabajadores agrícolas no están cubiertos por el Estándar de Comunicación de Peligros de la Administración de Salud y Seguridad Ocupacional que requiere que los patrones informen a sus trabajadores de los riesgos asociados con cada químico en su centro de trabajo.
“Me rascaba las manos, tenía erupciones en el cuello —comenta Luis, trabajador agrícola, de 28 años—. Creí que desaparecerían solas. El doctor de la compañía me dijo que tenía una alergia y me recetó unas pastillas y una crema para la irritación. Tuve que perder un día de trabajo. Si no trabajo no me pagan, así es que prefiero presentarme a trabajar. Descubrí que había otros trabajadores con irritación en las manos, pero existen muy pocos exámenes accesibles y comúnmente disponibles para identificar el pesticida específico o el tipo de pesticida implicado en un caso particular de envenenamiento y no existen antídotos para el envenenamiento con los fumigantes”.
Foto aérea de un campo en California donde laboran migrantes mexicanos, quienes no son advertidos de los riesgos que los químicos utilizados implican para su salud.
CRÓNICA
“Obligados a laborar, aún enfermos”
“Mi mano estaba cubierta de ampollas a causa de un pesticida, comenta Jaime, acudí al doctor y me dijo que consiguiera una lista de todos los químicos usados en los campos donde había trabajado. Mi supervisor se rehusó a esta petición y dijo que los pesticidas no habían podido causarme tales quemaduras”.
“Volví a mi trabajo. Trabajé hasta el medio día y cuando me quité los guantes para comer, salieron un montón de pellejos. Me dio asco, ya no pude comer y mejor me fui. Quería usar la Worker´s Compensation, pero la compañía no estuvo de acuerdo. No me creían y pidieron que fuera a ver al médico de la compañía”
Mi supervisor también dijo que quería ver una muestra de sangre. El médico de la compañía reclamó que debí haberlo visto antes, y que yo sólo trataba de aprovecharme. Al final después de muchos problemas pude obtener la Worker´s Compensation a la que tenía derecho desde el inicio, pero a partir de esa circunstancia el trato hacia mí ya no fue el mismo”.
“He tenido dolores de cabeza, mareos, náuseas, dolor de estómago y vómito por envenenamiento en el trabajo. Le dije al mayordomo como me sentía, y él dijo que estaba crudo. Me ignoró y se fue. Soy el que rocía el pesticida y continuamente me mojo con el líquido que se usa para las plantas. Mi ropa no me protege, es muy delgada y los brazos se me mojan. Nunca puedo ir al doctor porque no tengo suficiente dinero”, comenta Julio, mientras Magdalena agrega que cuando se sintió enferma durante su trabajo como piscadora de fresas en una gran finca, le comentó al mayordomo que las crecientes erupciones en su piel se debían a estar expuesta a los químicos.
“De mala gana me dieron permiso de acudir con el doctor de la compañía, con la advertencia de que debía pagar por la consulta, en caso de que el médico determinara que mi enfermedad no se debía a los pesticidas. En pocos días fui despedida con la única explicación de que no estaba esforzándome lo suficiente en el trabajo”. (Cristina Pérez-Stadelmann/El Universal)
FICHA TÉCNICA
Faltan letreros indicadores
-- Según datos del Programa de Vigilancia de Enfermedades por Pesticidas en California, las dos fuentes más comunes de exposición que han conducido a enfermedades, son los restos que flotan en el aire por el rociado de pesticidas (44%) y los residuos en el campo (33%).
-- La falta de letreros indicadores y notificaciones cuando los sembradíos van ser rociados, también pone en peligro a los trabajadores en los campos, los intervalos de entradas restringidas(REIs) y los letreros en el campo —para protegerlos de los residuos— son inadecuados y/o no se exhiben como deben.
-- Los datos sobre enfermedades relacionadas con su uso también son limitados, toda vez que resulta prácticamente imposible determinar qué pesticidas están asociados con las enfermedades reportadas.
-- El Department of Pesticid Regulation (DPR), revisa unos dos mil casos potenciales de envenenamiento.
-- Frecuentemente pueden ser mal diagnosticados como enfermedades estomacales, bronquitis o asma.
-- En una revisión de los récords médicos de 20 bebés y niños severamente envenenados con pesticidas, transferidos a varios hospitales, en 16 de los 20 casos hubo diagnósticos equivocados.