Jalisco

Vida entre callejones…

la visión constante entre los callejones del núcleo habitacional conocido como la ''Comunidad Mixteca''

GUADALAJARA, JALISCO (28/ABR/2012).- El Sol abrazador de mediodía ataca sin piedad las calles enterregadas de la Colonia Ferrocarril, en Guadalajara. Adolescentes con instrumentos musicales y damas jóvenes con niño en brazo: la visión constante entre los callejones del núcleo habitacional conocido como la “Comunidad Mixteca”.

En no más de 50 modestas casas aledañas a un breve y recientemente pavimentado callejón, ahí es donde radican cientos de personas integrantes de esa etnia nativa de Jalisco. Gran parte de ellas dedican su jornada a la elaboración de artesanías. Otros tantos explotan su talento musical, y recorren las calles de la ciudad para sacarle algún provecho.

Los minutos pasan con suma calma para Eugenia, una dama de mediana edad que se está sentada junto a una “tiendita”. Recién compró un par de pastelillos, y entregó las golosinas a sus hijos, quienes corren entre otros tantos niños de entre seis y ocho años. “Esos dos son”; la única frase que esgrime. Corta el diálogo de lleno, pese a la insistencia del preguntón que la atiborra de cuestionamientos. “No, yo no sé qué decir”, expone. La plática concluye.

La vida ahí funciona como los engranes de un reloj: todos tienen un rol que asumen y desarrollan con dominio pleno. Un intruso que llega a preguntar no es mal visto, aunque la extrañeza de sus pasos por una zona que a ellos pertenece es notable. Parece incomodarles.

Incluso los infantes detienen por momentos su improvisado juego y cesan de intentar a atraparse. Voltean a ver con extrañeza a quien ahí no radica, como si el instinto les llamara a relacionarlo con un peligro latente. Sin embargo, tampoco les merece demasiada atención; al final, son niños y reanudan su carrera en círculos a la brevedad.

El núcleo habitacional mantiene la calma y “vive a gusto”, aunque el hacinamiento que padecen es evidente. Nueve personas salen, una tras otra, de una pequeña vivienda en la cual bien podrían albergarse únicamente sus instrumentos musicales. Pese a ello, no se quejan. De eso se encargan sus representantes, ahora que la comunidad de mixtecos se encuentra organizada.

Su más grande urgencia es que la autoridad les tome en cuenta y lo demuestre, entregándoles una zona para construir sus viviendas. Ellos saben trabajar, y lo hacen a la perfección, por lo que, aunado a las facilidades para ejercer su trabajo, la única petición a las instancias gubernamentales es, precisamente, un terreno de mayor dimensión que les permita mejorar su calidad de vida.

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