Jalisco

Urgente, programa de manejo del arbolado metropolitano

La mitad de los árboles de la ZMG están enfermos o en riesgo por plagas como el muérdago

GUADALAJARA, JALISCO (03/FEB/2013).- Anque la Zona Metropolitana de Guadalajara tiene ejemplos de buena gestión del arbolado urbano, lo usual es la mala planeación, factor clave para comprender la amenaza que el muérdago parásito haya infestado a la mitad de los árboles de la ciudad y los tenga en riesgo de desaparecer.

Los especialistas destacan la poca cultura y sensibilidad ambiental que históricamente han mostrado las autoridades y la sociedad tapatía, aunque hay unas pocas excepciones. La colonia Chapalita se pensó como un jardín urbano y retiene mucho de ese plan inicial, incluso en su capacidad de captación del agua pluvial. El Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) fue pensado para maximizar la convivencia armónica de su comunidad con la naturaleza. Colonias como La Calma se trazaron y construyeron con numerosos parques.

Pero la mala planeación ha sido más constante. La presencia de áreas verdes se ha concentrado tradicionalmente en el occidente de la ciudad. La falta de vegetación se vuelve dramática en las zonas económicamente más vulnerables, por la mala planeación y de los escasos recursos y cultura ambiental. Aunque en el oriente de la ciudad existen parques como el González Gallo, el San Rafael, el de la Solidaridad o los llamados Jardines de los Poetas, no son suficientes para equilibrar la desproporción.

En la necesidad de tomar decisiones basadas en una mayor conciencia ambiental, tanto ciudadana como oficial, coinciden con estas Fuentes del equipo de transición del próximo Gobierno estatal, así como Jaime Villa Castillo, gerente de Sanidad Forestal de la Comisión Nacional Forestal, organismo federal asentado en Zapopan; Raúl López Velázquez, gerente ambiental y de desarrollo sustentable de la Comisión Estatal del Agua de Jalisco y asesor técnico del proyecto de Vivero Metropolitano de la asociación de medios Extra; y Ricardo Agapito Jara Arce, director del Bosque de Los Colomos y presidente de la Asociación Mexicana de Arboricultura, AC.

El problema principal, destaca Ricardo Agapito Jara, es que el arbolado de la ZMG “se encuentra ya en estado de madurez y en algunas zonas de vejez, ya muy cerca de concluir su ciclo vital. Aunque Guadalajara ha sido tradicionalmente una ciudad arbolada, hace falta planeación para que la sustitución de ese arbolado maduro y viejo, que es indispensable, se haga con especies adecuadas”.

El problema con el muérdago

La presencia de plagas no es nueva, pero se ha agudizado en los años recientes, a decir de Jaime Villa, quien explica la variedad de factores que interviene: el cambio climático, que favorece las modificaciones en los ecosistemas, incluyendo la retirada o sobregeneración de fauna de aves e insectos estrechamente relacionada con los árboles; las presiones propias de una gran urbe, como la contaminación; y, por supuesto, los desmoches y podas irregulares, que abren heridas de lenta curación en el follaje y lo hacen vulnerable.

En este momento, sin ir más lejos, es muy visible la presencia de muérdago en amplias áreas del arbolado tapatío. Estas plantas parásitas aprovechan los nutrientes del árbol y, paulatinamente, se apoderan de su tronco y ramaje hasta secarlo. En la ZMG han sido detectadas en la actualidad 10 especies diferentes de muérdago y, aunque se carece de estudios precisos sobre la extensión y alcance de la plaga, para especialistas como Villa, López Velázquez y Jara Arce ha llegado el momento de actuar.

“El muérdago se extiende lentamente y tarda años en llevar un árbol a un punto crítico. Si esto sucede ahora es porque se descuidó el arbolado durante 10, 15 y hasta 20 años”, acota Villa, quien asegura que se requiere un diagnóstico completo y pormenorizado antes de tomar acciones, porque de otra manera “éstas serían puros parches” sin resultados permanentes. “Un estudio debería contener, tal como el que se hizo en una situación similar en la Ciudad de México, un listado razonado de especies afectadas, variedades de muérdago presentes, niveles de afectación, detección de agentes dispersores y, a partir de allí, la articulación de una estrategia de manejo metropolitano. El estudio en la capital costó dos millones de pesos, lo que es muy poco comparado con el gasto que evitó”.

El muérdago debe ser considerado el problema número uno del arbolado urbano en este momento, asegura Ricardo Agapito Jara Arce. Las especies más agresivas de la planta parásita presentes en la ZMG pertenecen al género Struthantus interruptus, un muérdago tropical que “brincó la barrera natural de la Sierra, colándose en plantas de vivero traídas de allá” y se aclimató con éxito en la ciudad.

Desde el punto de vista técnico, asienta Jara, además de un inventario “que podría ser muy lento y caro” y paralelamente al diagnóstico y plan de manejo del muérdago en toda la ciudad, “deberían tomarse medidas que den forma a un plan emergente y, a largo plazo, recursos y capacitación para un plan permanente, porque el problema va a seguir”.

Dicho plan podría incluir el uso de químicos suministrados por aspersión a los árboles afectados, pero principalmente podas especializadas y monitoreo. “Los químicos ofrecen riesgos de contaminación a especies de fauna y seres humanos que no son deseables; lo que yo propongo es que se opte por podas especializadas, que salven la planta y se concentran en atacar al muérdago; en algunas áreas de Los Colomos hemos alcanzado buenos resultados”.

“En la Ciudad de México, el presupuesto de Medio Ambiente anda sobre 7% de los recursos totales. En nuestra ciudad es de 1.3%. Aunque creo que va en vías de aumentar, porque está aumentado la conciencia sobre la importancia de que esos recursos lleguen”.

Aunque se muestra de acuerdo en que los estudios son indispensables, Raúl López Velázquez asegura que hay acciones que se pueden ir adelantando. “Los químicos autorizados para el tratamiento del muérdago no parecen estar funcionando en este caso, así que deben hacerse más pruebas en campo de inmediato”. Otro problema es que varias especies de aves urbanas contribuyen a dispersar y fertilizar el muérdago, por lo que propone que se tomen, eventualmente, medidas para controlarlas. “El zanate, el tordo ojirrojo y el garrapatero son cucarachas del aire. No sólo desplazan a otras especies de aves, porque se comen lo que sea y sobreviven más fácilmente, sino que están haciendo crecer el problema del muérdago. Debería acordarse un programa de manejo, que a la vez permitiría el regreso de especies nativas que han sido desplazadas, como las conguitas, los jilgueros y gorriones”.

Los especialistas alertan: aunque un plan de manejo permita controlar el muérdago, en los próximos años se espera la llegada de mayores plagas. “El ganoderma, llamado comúnmente hongo michoacano, está por todos lados. No es muy difícil eliminarlo pero no se ha hecho nada y aumenta su presencia, afectando sobre todo laureles o galeanas. En la mismísima Rotonda de los Jaliscienses Ilustres hay ganoderma”. El riesgo de esas plagas, si crecen, es que salten a un área natural protegida o un macizo boscoso.

Ante otras plagas del pasado —Jara Arce recuerda al gusano barrenador del ganado, de los sesenta y setenta, o la mosca mexicana de la fruta, más recientemente— motivaron a tomar medidas a escala nacional. “El muérdago debería ser enfrentado con esa misma energía; se está extendiendo a los bosques, como efecto del cambio climático”.

Villa subraya que en muchas ocasiones la falta de cultura del propio personal municipal agrava los daños: “Se perdieron muchas palmas hace años porque les plantaban flores al pie. Las flores debían ser regadas diario, pero la palma se riega una o dos veces al mes. El resultado fue que se secaron por sobrerriego y la primera enfermedad leve se las llevó”.

“A veces la peor plaga es el humano”, filosofa Raúl López.

La mala capacitación del personal y su poco o nulo equipamiento agrava los problemas. “Hay jardineros municipales o supuestos manejadores que cortan las raíces superficiales de los árboles porque creen que con las subterráneas basta. Es como pensar que se puede vivir sin cerebro porque hay corazón. Lo que hace es aniquilar a mediano plazo el árbol”, insiste Villa.  Fuentes del Ayuntamiento de Guadalajara aceptan el bajo nivel de conocimiento técnico de su personal. “No tienen preparación ni equipo. No hay sierras ni pelícanos que sirvan. Muchas veces, el propio personal hace desmoches sin criterio, porque los ciudadanos pagan. Hay una ignorancia ciudadana que se combina con una ignorancia oficial”. De los 900 jardineros urbanos de Guadalajara, apenas 50 están medianamente especializados.

López Velázquez añade que un modelo de manejo correcto implicaría “la existencia de brigadas multidisciplinarias con capacidad técnica y equipo suficiente”, que rompa con el molde del manejo de arbolado como un servicio al ciudadano, cuando el árbol jala los cables o rompe la banqueta, sino que contemple los árboles como un bien urbano en sí y contribuya a su conservación y restauración.

Hace falta, pues, convocar biólogos, ingenieros forestales, paisajistas, viveristas, podadores y técnicos calificados y dotarlos con equipo

Especies exóticas

El universo del arbolado local presenta, por sí mismo, un grado de complejidad importante. Se calcula que 85% de las especies arbóreas presentes en la ZMG son exóticas, es decir, que fueron traídas por motivos estéticos o productivos (en el caso de algunos frutales) o porque “son árboles políticos, como los ficus, que triplican su masa en pocos años y permiten levantarse el cuello y dar la impresión de que se hizo muy bien el trabajo porque crecen rápido”.

Algunas venerables y otras recién llegadas, estas especies ocupan nuestras banquetas, camellones y parques. Eucaliptos, galeanas, alamillos, casuarinas, jacarandas, tabachines, laureles de la India, zalates, hules, ceibas, arrayanes, rosamoradas, guayabafresas, olivos negros, cedros del Líbano, álamos, etcétera.

La diversidad tiene sus ventajas, Por ejemplo, ayudar a que las plagas no se extiendan. “Si más de 20% del arbolado de una ciudad es de la misma especie, se corren muchos riesgos con el avance de las plagas. Una variedad como la que hay lo obstaculiza”, afirma Villa. A la vez, esta pluralidad y “falta de criterio” en la selección histórica de especies ha traído conflictos. “El predominio de una sola especie no suele ser la mejor señal. Lo ideal en un medio urbano es la diversidad”, asienta Jara Arce. “En Guadalajara crece cualquier cosa que se plante. Y algunas especies exóticas se han adaptado tan bien que se dan más vigorosas que muchas de las nativas”. López Velázquez pone el ejemplo con los árboles de copa vertical, que se caen con facilidad en las tormentas del verano. “Las especies nativas, por ello mismo, desarrollaron copas horizontales”.

Otra consecuencia de la introducción indiscriminada de especies foráneas es su dura interacción con el medio. “Muchos de estos árboles, al no tener depredadores naturales por ser exóticos, alcanzan crecimientos colosales. Tiran basura, levantan banquetas, tocan cables y hasta al drenaje se meten. El ciudadano los ve como un problema y no como un ser vivo a su cuidado”, tercia Villa. López Velázquez subraya que “es primordial controlar árboles como el ficus, que es hogar de la chinche hocicona, que puede transmitir el mal de chagas, y sustituir paulatinamente alamillos, casuarinas y hules, porque han provocado accidentes al caerse”.

Un programa de manejo metropolitano debería incluir cambios a reglamentos para favorecer la introducción de especies nativas o bien adaptadas, coinciden ambos. “No sólo por adaptación biológica sino cultural”, dice el especialista. “Hay plantas que ya juraron bandera y son como nativas, aunque hayan sido exóticas. Las jacarandas, las lluvias de oro, la rosamorada, cítricos como el limón mexicano, son árboles identificados plenamente con nuestra cultura. Los tapatíos usamos el limón hasta para peinarnos. Es nuestro”, ríe López Velázquez.

¿Y las soluciones?

Un principio de solución pasa, desde luego, por comenzar con un plan global de reordenamiento. El equipo de transición, que dará paso a nuevo gobierno estatal en marzo de 2013, dice contar con sus bases. “Se debe comenzar por una política pública que reconozca al árbol como bien y se centre en su bienestar. Un censo pormenorizado de árboles metropolitanos ya ha sido cotizado con la Universidad de Guadalajara. Costaría 16 millones de pesos y tardaría un año en llevarse a cabo. Eso nos daría la base para un plan de manejo integral, aunque ya tenemos los criterios primordiales, que parten del tratamiento y restauración de árboles dañados o perturbados y la sustitución de ejemplares muertos”.

Este plan busca reintroducir especies nativas para equilibrarlas con las exóticas y adoptadas: las nueve variedades de pino locales, así como clavellinas, primaveras, parotas, higueras, mezquites, sauces, ahuehuetes, tepames, guamúchiles, etcétera.

La selección particular del arbolado tendrá que ver con la zona en que se busque plantar y con cuatro criterios específicos: el ecológico, ya mencionado, para equilibrar especies nativas y adoptadas; el de relación con la ciudad, que busca que se minimicen perjuicios al entorno urbano, que se ajusten lineamientos y se respeten; el de mantenimiento, que privilegiará especies de las que el ciudadano y la autoridad puedan hacerse cargo más fácilmente y, al fin, pero no menos importante, el de calidad ambiental, que favorecerá árboles que capturen más carbono y emitan más oxígeno. “Si me preguntas por una jacaranda, pues es hermosa, pero vulnerable, y captura poco carbono. En cambio, un fresno es un termorregulador excelente y ayuda a mantener las temperaturas urbanas más frescas. Y el pino y la parota capturan más carbono que otras especies. Eso debemos pensar”, explican fuentes del equipo de transición.

Desde luego, para lograr que estas iniciativas, más allá del censo, perduren, sería necesario aumentar permanentemente los presupuestos respectivos y transformar las direcciones de Parques y Jardines en auténticas agencias forestales urbanas. “Guadalajara tiene apenas 18 millones anuales para ese fin, lo que claramente es insuficiente”, reconocen las fuentes. “Con mayor capacitación y un nuevo entorno reglamentario se evitarían desmoches sin razón o mal realizados, además de trámites obsoletos. Hay que decir con todas sus letras los beneficios de los árboles: mantenimiento del microclima,  filtrado de contaminación, captura de carbono… Un árbol filtra al día 324 gramos de contaminantes”.

Villa matiza: “La aportación ecológica del arbolado urbano es limitada pero cultural y socialmente es enorme. Como ciudadanos, cuidamos los árboles del ayer, los que nuestros abuelos plantaron hace tres generaciones. Nuestros nietos cuidarán los nuestros. Conservarlos es no sólo una obligación sino un derecho para quienes nos sucedan”.

EL MUÉRDAGO Y SU COMBATE

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Muérdago es el nombre genérico de varias especies vegetales semiparásitas o parásitas, presentes en casi todas las ciudades y bosques de América del Norte, y que se alojan en los árboles y aprovechan sus nutrientes para su propio crecimiento hasta secarlos.

Las semillas del muérdago llegan a los árboles luego de hacer eclosión, llevadas por el viento o por aves que las ingieren o las transportan pegadas en las patas hacia sus nidos.

La semilla se “ancla” en el árbol, pues está cubierta de una goma que la hace muy pegajosa. Una vez hospedada (en ocasiones de manera muy visible, a lo largo y ancho de todo el árbol), su semilla florece y cada siete años, durante el verano (junio-agosto), da frutos: nuevas semillas que contaminan más árboles.

Además de reducir el crecimiento de las plantas hasta en 50% de diámetro y altura, el muérdago debilita al árbol. También reduce la producción de semilla y el tamaño de la hoja, con lo que un árbol tiene menor fotosíntesis y captura menos carbono. Lo recomendable es realizar podas controladas. También pueden utilizarse productos herbicidas, pero supervisados para evitar la contaminación de otras plantas, fauna y personas.  Los árboles secos o moribundos pueden ser sustituidos por árboles nuevos de especies seleccionadas.

FUENTE:
CONAFOR/AMA AC

LA OPORTUNIDAD DE UN VIVERO METROPOLITANO

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Una iniciativa innovadora para la ciudad es la del Vivero Metropolitano en la que se encuentra trabajando la asociación de medios Extra, AC. Raúl López la considera “un proyecto que cambiará la cara de la ciudad en un tiempo relativamente corto, a partir de cuatro a seis años, pero que además ayudará a un cambio de fondo, que es lo que hace falta”.

Este vivero, que estará ubicado en la Calzada Independencia y Paseo del Zoológico, al norte de la ciudad, tendrá varias funciones. “Contará con un banco de semilla que permita plantar árboles perfectamente apropiados para el entorno. También nos permitirá un control directo de la producción de árboles con altos cánones técnicos y planta de primera calidad. Además, contará con un espacio extra aulas, es decir, un programa de cursos y talleres que permitirán brindar ese apoyo técnico tan ausente y tan indispensable para que tengamos manejadores de árboles de muchas disciplinas y no empleados municipales de puro machete”, asienta Raúl López Velázquez.

Además, el vivero servirá “como un parque temático que ayude a generar una nueva conciencia en los ciudadanos; queremos instrumentar campañas y publicar material de divulgación. Y, finalmente, servir también como un espacio ciudadano para crear compromiso de parte de la autoridad e influir en las políticas públicas”.

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