Jalisco

Recursos de Jalisco contrastan con fallas en educación básica

El Estado tiene 26 alumnos por profesor y 124 por escuela, lo que debería aliviar la saturación; cambios demográficos lo dificultan, justifica la autoridad

GUADALAJARA, JALISCO (25FEB/2012).- Los 65 mil maestros de la educación básica —preescolar, primaria y secundaria— de Jalisco atienden a un millón 722 mil 481 alumnos, según las cifras oficiales. Eso significa que, en el Estado, cada maestro debería atender a un promedio de 26 estudiantes. Y más todavía: hay 13 mil 825 escuelas; es decir, un promedio de 124 alumnos por plantel.

Entonces, ¿por qué hay sobrepoblación en las aulas de Jalisco, que tienen 50 alumnos o más, principalmente en primero de primaria? ¿Y por qué falla la calidad educativa, si esos indicadores oficiales señalan que debería haber suficientes maestros y escuelas en Jalisco?

Pedro Díaz Arias, coordinador de Educación Básica, atribuye este fenómeno a la migración intraurbana que padece el municipio de Guadalajara: hay escuelas en el Centro tapatío que tienen poca población estudiantil, pero la plantilla de maestros tiene que mantenerse igual: no debe reducirse. Mientras tanto, en las zonas periféricas hay una alta demanda de estudiantes, pero pocos maestros y planteles; allí se trabaja con lo que se tiene, mientras el déficit de infraestructura asciende a 14 mil aulas, con un costo de siete mil millones de pesos en Jalisco.

Pese a las cifras promedio, los indicadores oficiales denuncian problemas de calidad educativa: la matrícula en el nivel básico apenas creció 9% en la última década; en preescolar se incumple con la cobertura universal porque hay un rezago de 117 mil 677 menores de entre tres y cinco años; en secundaria, tres de cada 10 reprueban o desertan, mientras la cobertura se ubica en 91%; y los datos de las pruebas ENLACE arrojan la necesidad de mejorar conocimientos en matemáticas, español y ciencias.

Evaluación

Para el titular de la Secretaría de Educación  Jalisco (SEJ), Antonio Gloria Morales, la evaluación anunciada por el Gobierno federal para el próximo mes de junio servirá para medir el efecto de la calidad de los maestros en los problemas de la educación, pero subrayó que el Estado ya tiene mecanismos de evaluación permanente que no hay en el resto de las entidades.

Incluso, insistió, se han reforzado las exigencias para los aspirantes a maestro: para asignar una plaza directiva antes era suficiente con acumular puntos en el escalafón; “ahora tienes que demostrar las competencias directivas; es decir, hay evaluaciones para los docentes que quieren una plaza de dirección, supervisión o inspección. Eso ya es una evaluación (…) A quien no pasa, no se le otorga la plaza. Eso ya sucede aquí y no en otros estados”.

Y presume: “Para admitir muchachos en la Normal se subió el promedio a ocho. Antes era de seis. Hay quienes llegan al ocho, pero ya no hay cupo porque alguien tuvo nueve o 10. Por otra parte, el año pasado se evaluó a 15 mil aspirantes a maestro, se acreditaron cinco mil, pero nomás había mil 500 plazas. ¿Cuáles? Entraron los mejores”.

CRÓNICA
En los cines, un documental que “se queda corto”


Los espectadores comunes salieron indignados del cine; los maestros, de peor ánimo: avergonzados, con coraje, apenados, por la exhibición de un corrompido sistema educativo mexicano. La película fue la misma: el documental De panzazo, estrenado ayer en los cines y de cuyas primeras funciones, a pregunta expresa, la gente salió opinando lo mismo: que Elba Esther Gordillo, la lideresa del magisterio, debe irse. “Basta de estarnos quejando y hay que actuar: ley de transparencia y que se salga Elba Esther”, pidió enérgica Adriana Ferriz, madre de familia, por ejemplo.

La maestra Susana Ponce, que radica en Morelia, admitió cuán lastimada luce la dignidad de su profesión: “Vi cosas que yo nunca he hecho, como faltar por cualquier cosa o involucrarme en cuestiones políticas sindicales, porque creo que un maestro elige serlo por vocación, nada más. Todos los que entran en la política y a los sindicatos no están por vocación, y me dio mucha tristeza, porque soy educadora y no soy de ésos”.

La película, dirigida por Juan Carlos Rulfo y Carlos Loret de Mola, expone una visión global del sistema educativo nacional y exhibe varios factores que contribuyen a que México sea de los peor evaluados, en comparación con otros países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

El resultado es muy duro, pero el documental “se queda corto”, según las maestras Mary Cruz Allende y Enriqueta Pulá, que laboran en una secundaria privada en Guadalajara y lo vieron ayer. “No creo que hayan pasado toda la entrevista con Elba Esther, definitivamente hay mucho corte, y también con Lujambio. Hay mucho que sacarle”, opinó la primera de ellas.

La maestra insistió en que los padres de familia deben involucrarse más en la educación de sus hijos, pues “son seis horas y, el resto del día, los muchachos están con los papás; nosotros no podemos suplirlos. El trabajo educativo en realidad es de los padres, pero, como no se los dan, nosotros tratamos y logramos mucho, pero no todo lo que es necesario”.

Su compañera lamentó el cinismo de “La Maestra” Elba Esther, quien acepta que las plazas de maestro se venden por precios entre 50 mil y 100 mil pesos. Aunque la maestra Pulá, al trabajar en una institución privada, no está en contacto directo con este problema, aseguró que ha visto en escuelas públicas a conserjes dando clases tras conseguir su plaza.

Por su lado, Reynaldo Meléndez, padre de familia, lamentó haber descubierto que las escuelas privadas están igual de mal que las públicas: “Uno piensa que la educación privada te da otras opciones, en horas, en calidad, en relaciones, pero los números reflejan que están muy similar”.

La película apenas empezó ayer su exhibición en cines, en Guadalajara; este domingo, los maestros que acudan a verla y presenten una credencial entrarán gratis.

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