Jalisco
Policía tapatía reconoce presencia de delitos en el ''Parque Rojo''
Pese a la incidencia de robos y asaltos, impera una baja cifra de denuncias por parte de los ciudadanos
GUADALAJARA, JALISCO (17/MAR/2013).- Cuando la luz del día se va, el Parque de la Revolución —también conocido como el “Parque Rojo”— es una zona de delincuencia. Los robos y los asaltos son la constante, y pese a que la autoridad municipal sabe de ello, aún tiene un obstáculo a sortear: la cifra de denuncias sigue siendo mínima, por lo que las labores de prevención se priorizan en zonas donde las llamadas de alerta son mayores.
Carlos Mercado Casillas, secretario de Seguridad Ciudadana de Guadalajara, acepta que en los recorridos preventivos los elementos a su cargo le han reportado que “se ha incrementado la presencia de gente que quiere hacerle daño a los tapatíos”.
Por esta razón, la cifra de oficiales destinados a reforzar la vigilancia en esa zona se ha incrementado en últimas fechas. Y aunque han tenido éxito en la aprehensión de algunos ladrones detectados en flagrancia, la efectividad en la “limpia” del parque es endeble porque los señalamientos no se concretan, y la Fiscalía Central (antes Procuraduría de Justicia) no tiene más remedio que dejar en libertad a los infractores.
“Tiene que ver con que la gente no se apropia de un espacio, y el que estamos cediendo un espacio a la gente que le gusta hacer daño a la sociedad”, expone el mando policíaco. Desde su óptica resulta imperativo que la sociedad cambie ese actuar pasivo y permita mantener la tranquilidad en ese espacio de convivencia, sin importar la hora del día.
De que la falta de apropiación genera que el espacio sea tomado por la delincuencia, “eso no es cierto. Es hacer culpable al ciudadano de la mala calidad de los espacios públicos y las patologías que eso origina”, expresa el arquitecto del Departamento de Proyectos Urbanísticos del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD) de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Sergio González Guzmán, quien agrega que este parque no es un jardín vecinal, “es un lugar de paso”.
La ciudadanía se apropia del espacio público cuando éste contiene los elementos mínimos de seguridad, “y donde en el poco tiempo que lo utiliza se siente segura y no observa irregularidades como ambulantaje, prostitución, suciedad y falta de mantenimiento del mobiliario urbano”.
Y para atacar la problemática desde varias aristas, la corporación municipal ha iniciado gestiones con las áreas de Alumbrado Público, Parques y Jardines y Servicios Generales para que se implemente a la brevedad un programa donde todas las partes se coordinen y los delitos perpetrados no sean más realidad.
Para aplicar modelos de prevención que rindan resultados, Mercado Casillas invita a la comunidad a que no deje de denunciar a las líneas 089 y 066.
Nuevo jardín estará terminado en mes y medio
Ya iniciaron los trabajos y en un mes o mes y medio se espera entregar el Parque de la Revolución. La “manita de gato” en jardinería se dividió en tres fases: la primera fue la poda de los árboles, que ya está lista; la segunda incluye el levantamiento de follaje y plantación de nuevas especies, y la tercera es la protección de las áreas verdes, explica Juan Carlos Vázquez Becerra, director de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Guadalajara.
Entre las flores que se estrenarán están los laureles y los liriopes. Incluso, los paseantes del parque podrán apreciar arte en el entorno verde: hay tres árboles muertos que serán intervenidos por artistas.
Respecto a la protección, hay planes para resguardar las jardineras y sus flores recién plantadas con canceles bajos. Ya se han hecho pruebas y las personas sí responden a detenerse en pisar el espacio, comenta Vázquez Becerra, y pone como ejemplo una zona recién protegida, limítrofe a la calle Pedro Moreno.
Además, se pondrán letreros de advertencia para no pisar el pasto.
En las áreas de jardín que está marcado por el paso de los visitantes, sobre todo en las cercanías de las puertas de entrada al Tren Ligero, se planea delimitar un camino y que el resto de la superficie verde quede protegida. Aún se busca el material adecuado para estas veredas, pues se teme que si se delinean con piedras de río, por ejemplo, se utilicen para actos vandálicos.
Las modificaciones se llevan a cabo con recursos de la Dirección de Parques y Jardines y se trabajan en conjunto con la Dirección de Alumbrado Público para que la rehabilitación del Parque de la Revolución sea integral, comenta el funcionario.
CRÓNICA
La misión, caminar por lo “oscurito”
La misión es que la joven de los tacones cruce sana y salva un parque de noche. Tarea sencilla si el espacio estuviera libre de peligros. Pero la realidad es distinta.
El parque está en el corazón de la ciudad, donde los ciudadanos son indiferentes. Esta mujer tiene que evadir a los jóvenes que se drogan o beben cerveza en lo “oscurito”, a los hombres que esperan la muerte en las bancas, a los asaltantes que operan en la zona, a las parejas entretenidas en las caricias y hasta a los insectos que salen de los botes de basura ante la vista de dos héroes de una Revolución.
Esta escena podría formar parte de un videojuego; pero, no es así, la misión se repite todos los días para la joven de tacones, quien tiene que cruzar el Parque de la Revolución, ubicado entre la Avenida Federalismo y la calle Marcos Castellanos, entre Pedro Moreno y López Cotilla.
Ahí también está la entrada y salida de la Estación Juárez del Tren Ligero; sin embargo, el flujo de transeúntes no significa seguridad, ya que los peatones toman caminos distintos y pocos cruzan el parque, prefieren rodearlo, porque de 113 lámparas sólo 17 funcionan.
De no ser por los puestos ambulantes, ubicados en la acera de la calle de Pedro Moreno, habría más oscuridad, ya que los comerciantes colocaron focos en sus comercios para despachar las bolsas de papas o los refrescos. Esa luz es la que aprovecha la joven para cruzar el parque con la esperanza de concluir su misión.
Hasta que el delito lo permite
A él no lo molesten. Sus ojos están inmóviles como los de Venustiano Carranza y Francisco I Madero que, en estatua, resguardan al Parque de la Revolución, firmes sobre Avenida Juárez, esquina con Federalismo. Él, con la ropa rota, está sentado en el jardín y lee un periódico maltratado. El barullo de los jóvenes alrededor no lo molesta.
Son grupos de amigos con mochilas a la espalda que parecen usar el parque para pasar su tiempo libre. Él sigue atento al periódico, resguarda un par de cobijas; así aprovecha la luz de la mañana en un espacio público, en uno igual al que seguramente pasó la noche.
Él no desvía su atención a los pasos de los usuarios del Tren Ligero, que salen como hormigueo de la Estación Juárez. Hay paseantes que no entretienen su vista en contemplar los zapatos rotos o la larga barba enredada de él. Hay otros que lo miran desde lejos.
Lo observa, por ejemplo, Francisco Hernández, quien frecuenta el parque para descansar y para ver si de paso consigue un cigarro de marihuana. Voltea a verlo José Ángel Ávalos, quien aprovecha el día para vender dulces típicos en el jardín y, sin quererlo, le tocan los gritos, casi cada semana, de quienes son víctimas de robo.
Él decide irse. Lo ahuyenta el ruido de la podadora de árboles que el Ayuntamiento usa para mantenimiento del lugar. Se va como Francisco y José Ángel lo hacen cuando oscurece en el “Parque Rojo”. Se pone peligroso.
Usuarios del parque
“Este parque sí está peligroso”, resuelve José Ángel Ávalos. Acude diario a trabajar como comerciante y para platicar recuerda dos anécdotas recientes: hace una semana se escucharon gritos de una muchacha; le arrebataron el celular y hasta patrullas llegaron. Hace 15 días había una pareja de hombres acostada en el pasto, se acercó un grupo de jóvenes y aventaron piedras acompañadas de gritos ofensivos por su preferencia sexual. Pero nunca ha visto personas drogarse, comenta.
Un mes atrás Francisco Hernández estuvo un buen rato acostado en el “Parque Rojo” y se levantó para tomar el último camión que lo llevaría a su casa. Ya en la parada, se dio cuenta que el dinero se le había salido de la bolsa: no era hora para caminar y tampoco había forma de pagarle a un taxi. Se regresó al parque a pasar la noche. “Pero en ningún rato me dormí, tenía miedo que me picaran”, aclara Francisco de esa experiencia. Siempre alerta a quienes se acercaban y escondido cuando su temor le indicaba.
El Parque Rojo es punto de reunión para Paulina Flores y sus compañeros de la preparatoria. Se quedan de ver ahí y procuran siempre que sea antes de anochecer. Nunca le ha tocado ver robos, drogas o cualquier tipo de delincuencia en el lugar. Evita la noche ahí, dice que comienzan a llegar personas que parece que quieren asaltar.
Carlos Mercado Casillas, secretario de Seguridad Ciudadana de Guadalajara, acepta que en los recorridos preventivos los elementos a su cargo le han reportado que “se ha incrementado la presencia de gente que quiere hacerle daño a los tapatíos”.
Por esta razón, la cifra de oficiales destinados a reforzar la vigilancia en esa zona se ha incrementado en últimas fechas. Y aunque han tenido éxito en la aprehensión de algunos ladrones detectados en flagrancia, la efectividad en la “limpia” del parque es endeble porque los señalamientos no se concretan, y la Fiscalía Central (antes Procuraduría de Justicia) no tiene más remedio que dejar en libertad a los infractores.
“Tiene que ver con que la gente no se apropia de un espacio, y el que estamos cediendo un espacio a la gente que le gusta hacer daño a la sociedad”, expone el mando policíaco. Desde su óptica resulta imperativo que la sociedad cambie ese actuar pasivo y permita mantener la tranquilidad en ese espacio de convivencia, sin importar la hora del día.
De que la falta de apropiación genera que el espacio sea tomado por la delincuencia, “eso no es cierto. Es hacer culpable al ciudadano de la mala calidad de los espacios públicos y las patologías que eso origina”, expresa el arquitecto del Departamento de Proyectos Urbanísticos del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD) de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Sergio González Guzmán, quien agrega que este parque no es un jardín vecinal, “es un lugar de paso”.
La ciudadanía se apropia del espacio público cuando éste contiene los elementos mínimos de seguridad, “y donde en el poco tiempo que lo utiliza se siente segura y no observa irregularidades como ambulantaje, prostitución, suciedad y falta de mantenimiento del mobiliario urbano”.
Y para atacar la problemática desde varias aristas, la corporación municipal ha iniciado gestiones con las áreas de Alumbrado Público, Parques y Jardines y Servicios Generales para que se implemente a la brevedad un programa donde todas las partes se coordinen y los delitos perpetrados no sean más realidad.
Para aplicar modelos de prevención que rindan resultados, Mercado Casillas invita a la comunidad a que no deje de denunciar a las líneas 089 y 066.
Nuevo jardín estará terminado en mes y medio
Ya iniciaron los trabajos y en un mes o mes y medio se espera entregar el Parque de la Revolución. La “manita de gato” en jardinería se dividió en tres fases: la primera fue la poda de los árboles, que ya está lista; la segunda incluye el levantamiento de follaje y plantación de nuevas especies, y la tercera es la protección de las áreas verdes, explica Juan Carlos Vázquez Becerra, director de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Guadalajara.
Entre las flores que se estrenarán están los laureles y los liriopes. Incluso, los paseantes del parque podrán apreciar arte en el entorno verde: hay tres árboles muertos que serán intervenidos por artistas.
Respecto a la protección, hay planes para resguardar las jardineras y sus flores recién plantadas con canceles bajos. Ya se han hecho pruebas y las personas sí responden a detenerse en pisar el espacio, comenta Vázquez Becerra, y pone como ejemplo una zona recién protegida, limítrofe a la calle Pedro Moreno.
Además, se pondrán letreros de advertencia para no pisar el pasto.
En las áreas de jardín que está marcado por el paso de los visitantes, sobre todo en las cercanías de las puertas de entrada al Tren Ligero, se planea delimitar un camino y que el resto de la superficie verde quede protegida. Aún se busca el material adecuado para estas veredas, pues se teme que si se delinean con piedras de río, por ejemplo, se utilicen para actos vandálicos.
Las modificaciones se llevan a cabo con recursos de la Dirección de Parques y Jardines y se trabajan en conjunto con la Dirección de Alumbrado Público para que la rehabilitación del Parque de la Revolución sea integral, comenta el funcionario.
CRÓNICA
La misión, caminar por lo “oscurito”
La misión es que la joven de los tacones cruce sana y salva un parque de noche. Tarea sencilla si el espacio estuviera libre de peligros. Pero la realidad es distinta.
El parque está en el corazón de la ciudad, donde los ciudadanos son indiferentes. Esta mujer tiene que evadir a los jóvenes que se drogan o beben cerveza en lo “oscurito”, a los hombres que esperan la muerte en las bancas, a los asaltantes que operan en la zona, a las parejas entretenidas en las caricias y hasta a los insectos que salen de los botes de basura ante la vista de dos héroes de una Revolución.
Esta escena podría formar parte de un videojuego; pero, no es así, la misión se repite todos los días para la joven de tacones, quien tiene que cruzar el Parque de la Revolución, ubicado entre la Avenida Federalismo y la calle Marcos Castellanos, entre Pedro Moreno y López Cotilla.
Ahí también está la entrada y salida de la Estación Juárez del Tren Ligero; sin embargo, el flujo de transeúntes no significa seguridad, ya que los peatones toman caminos distintos y pocos cruzan el parque, prefieren rodearlo, porque de 113 lámparas sólo 17 funcionan.
De no ser por los puestos ambulantes, ubicados en la acera de la calle de Pedro Moreno, habría más oscuridad, ya que los comerciantes colocaron focos en sus comercios para despachar las bolsas de papas o los refrescos. Esa luz es la que aprovecha la joven para cruzar el parque con la esperanza de concluir su misión.
Hasta que el delito lo permite
A él no lo molesten. Sus ojos están inmóviles como los de Venustiano Carranza y Francisco I Madero que, en estatua, resguardan al Parque de la Revolución, firmes sobre Avenida Juárez, esquina con Federalismo. Él, con la ropa rota, está sentado en el jardín y lee un periódico maltratado. El barullo de los jóvenes alrededor no lo molesta.
Son grupos de amigos con mochilas a la espalda que parecen usar el parque para pasar su tiempo libre. Él sigue atento al periódico, resguarda un par de cobijas; así aprovecha la luz de la mañana en un espacio público, en uno igual al que seguramente pasó la noche.
Él no desvía su atención a los pasos de los usuarios del Tren Ligero, que salen como hormigueo de la Estación Juárez. Hay paseantes que no entretienen su vista en contemplar los zapatos rotos o la larga barba enredada de él. Hay otros que lo miran desde lejos.
Lo observa, por ejemplo, Francisco Hernández, quien frecuenta el parque para descansar y para ver si de paso consigue un cigarro de marihuana. Voltea a verlo José Ángel Ávalos, quien aprovecha el día para vender dulces típicos en el jardín y, sin quererlo, le tocan los gritos, casi cada semana, de quienes son víctimas de robo.
Él decide irse. Lo ahuyenta el ruido de la podadora de árboles que el Ayuntamiento usa para mantenimiento del lugar. Se va como Francisco y José Ángel lo hacen cuando oscurece en el “Parque Rojo”. Se pone peligroso.
Usuarios del parque
“Este parque sí está peligroso”, resuelve José Ángel Ávalos. Acude diario a trabajar como comerciante y para platicar recuerda dos anécdotas recientes: hace una semana se escucharon gritos de una muchacha; le arrebataron el celular y hasta patrullas llegaron. Hace 15 días había una pareja de hombres acostada en el pasto, se acercó un grupo de jóvenes y aventaron piedras acompañadas de gritos ofensivos por su preferencia sexual. Pero nunca ha visto personas drogarse, comenta.
Un mes atrás Francisco Hernández estuvo un buen rato acostado en el “Parque Rojo” y se levantó para tomar el último camión que lo llevaría a su casa. Ya en la parada, se dio cuenta que el dinero se le había salido de la bolsa: no era hora para caminar y tampoco había forma de pagarle a un taxi. Se regresó al parque a pasar la noche. “Pero en ningún rato me dormí, tenía miedo que me picaran”, aclara Francisco de esa experiencia. Siempre alerta a quienes se acercaban y escondido cuando su temor le indicaba.
El Parque Rojo es punto de reunión para Paulina Flores y sus compañeros de la preparatoria. Se quedan de ver ahí y procuran siempre que sea antes de anochecer. Nunca le ha tocado ver robos, drogas o cualquier tipo de delincuencia en el lugar. Evita la noche ahí, dice que comienzan a llegar personas que parece que quieren asaltar.