Jalisco
Nunca les advirtieron que La Martinica era propensa a desastres
Familia de la zona señalan que si les hubieran avisado otra historia hubiera sido
GUADALAJARA, JALISCO (06/JUN/2013).- Otra historia hubiera sido: pero nunca alguien les advirtió que el área donde comenzaron a construir sus casas desde hace 40 años era propensa a desastres. Se dieron cuenta cuando la lluvia del temporal de 2011 ahogó sus viviendas en la calle Cuauhtémoc de la colonia La Martinica; ahora las autoridades urgen que ese terreno esté desalojado. Ya vienen las aguas.
Quedan ruinas al borde de un canal. Cuando Consuelo Rodríguez y su esposo compraron el terreno y construyeron su casa, al abrir la puerta tenían un arroyo y pastizales enfrente; sus hijos ahí se bañaban. Eran tierras ejidales que se regularizaron en tiempos de Carlos Salinas de Gortari como presidente.
"Si Salinas hubiera dicho: 'Saben qué, aquí no se puede porque es zona de riesgo'; desde entonces hubieran hecho algo por sacarnos. Hasta esta última inundación (de 2011) ya no nos dejaron vivir aquí".
Después de 38 años de vivir ahí, Consuelo y su esposo echan vueltas en la camioneta con sus muebles a su nueva casa. La lluvia ya viene y se tienen que salir, porque es casi garantía que las aguas se metan a su hogar; antes no sucedía esto.
Una tarde de junio de 2011 se empezaron a escuchar gritos: "¡Sálganse!". "¡Ahí viene el agua!". Eran trabajadores que laboraban en la obra que amuralla el arroyo. Llevaban trabajando casi todo el período de estiaje, fincaron calles aledañas y aprovecharon para edificar infraestructura hidráulica: un ducto y modificar una boca de tormenta cercana. Ése fue el problema y la primera lluvia fuerte no respetó las nuevas construcciones ni las antiguas casas.
La familia de Consuelo fue de las primeras en llegar a la calle Cuauhtémoc, y en las casi cuatro décadas de vivir ahí no les había tocado una inundación como ésa. Hace unos 20 años se desbordó el agua del canal porque por ahí corrían tablas y materiales, de alguna construcción desbaratada, que taparon la boca de tormenta. El desastre de 2011 fue porque hicieron más pequeña la boca de tormenta y no tuvo capacidad para el flujo con ramas y basura. Las aguas la rebasaron y fueron a dar a las casas. Las taparon.
Consuelo se acuerda y se limpia el lagrimal. La suya es de las últimas casas que quedan habitadas y construidas, y si no se ha salido es porque no había llegado a un acuerdo con el Ayuntamiento: le querían pagar 350 mil pesos y su valuador particular le aconsejó 772 mil. Se aceptó la segunda cantidad, pero es fecha que no les llega el dinero, prometido desde abril.
Por esa falta de dinero es que las ocho personas que viven en el número 28 de Cuauhtémoc no se han podido salir de su casa. ¿A dónde se van sin un cinco? Y la preocupación empeora conforme se acercan las lluvias. ¿Qué va a pasar con su casa? Las autoridades ya no les han dicho más, menciona el joven César Alejandro Vázquez, inquilino de esa vivienda.
En los muros desbaratados todavía queda dibujado con azulejos, pinturas y tapizado dónde era el baño de algunas casas y su división con la recámara infantil. Dónde estaba la cocina y cuál era el marco de su puerta. El panorama general es de escombro que bordea el canal, donde va 70% de la demolición de las 68 fincas en zona de riesgo, que pretenden sea un parque.
EL INFORMADOR / ALEJANDRA PEDROZA
Quedan ruinas al borde de un canal. Cuando Consuelo Rodríguez y su esposo compraron el terreno y construyeron su casa, al abrir la puerta tenían un arroyo y pastizales enfrente; sus hijos ahí se bañaban. Eran tierras ejidales que se regularizaron en tiempos de Carlos Salinas de Gortari como presidente.
"Si Salinas hubiera dicho: 'Saben qué, aquí no se puede porque es zona de riesgo'; desde entonces hubieran hecho algo por sacarnos. Hasta esta última inundación (de 2011) ya no nos dejaron vivir aquí".
Después de 38 años de vivir ahí, Consuelo y su esposo echan vueltas en la camioneta con sus muebles a su nueva casa. La lluvia ya viene y se tienen que salir, porque es casi garantía que las aguas se metan a su hogar; antes no sucedía esto.
Una tarde de junio de 2011 se empezaron a escuchar gritos: "¡Sálganse!". "¡Ahí viene el agua!". Eran trabajadores que laboraban en la obra que amuralla el arroyo. Llevaban trabajando casi todo el período de estiaje, fincaron calles aledañas y aprovecharon para edificar infraestructura hidráulica: un ducto y modificar una boca de tormenta cercana. Ése fue el problema y la primera lluvia fuerte no respetó las nuevas construcciones ni las antiguas casas.
La familia de Consuelo fue de las primeras en llegar a la calle Cuauhtémoc, y en las casi cuatro décadas de vivir ahí no les había tocado una inundación como ésa. Hace unos 20 años se desbordó el agua del canal porque por ahí corrían tablas y materiales, de alguna construcción desbaratada, que taparon la boca de tormenta. El desastre de 2011 fue porque hicieron más pequeña la boca de tormenta y no tuvo capacidad para el flujo con ramas y basura. Las aguas la rebasaron y fueron a dar a las casas. Las taparon.
Consuelo se acuerda y se limpia el lagrimal. La suya es de las últimas casas que quedan habitadas y construidas, y si no se ha salido es porque no había llegado a un acuerdo con el Ayuntamiento: le querían pagar 350 mil pesos y su valuador particular le aconsejó 772 mil. Se aceptó la segunda cantidad, pero es fecha que no les llega el dinero, prometido desde abril.
Por esa falta de dinero es que las ocho personas que viven en el número 28 de Cuauhtémoc no se han podido salir de su casa. ¿A dónde se van sin un cinco? Y la preocupación empeora conforme se acercan las lluvias. ¿Qué va a pasar con su casa? Las autoridades ya no les han dicho más, menciona el joven César Alejandro Vázquez, inquilino de esa vivienda.
En los muros desbaratados todavía queda dibujado con azulejos, pinturas y tapizado dónde era el baño de algunas casas y su división con la recámara infantil. Dónde estaba la cocina y cuál era el marco de su puerta. El panorama general es de escombro que bordea el canal, donde va 70% de la demolición de las 68 fincas en zona de riesgo, que pretenden sea un parque.
EL INFORMADOR / ALEJANDRA PEDROZA