Jalisco

Las explosiones no enterraron la memoria del barrio de Analco

Las promesas incumplidas se acumulan para quienes sufrieron la tragedia del 22 de abril; la espera por justicia cumple 18 años

GUADALAJARA, JALISCO.- La tragedia del 22 de abril cumplió ayer su mayoría de edad. El hijo de Roberto Hernández tendría 20 años, de no ser porque murió enterrado debajo de los muros en los que aprendió a caminar, en Gante 257, esquina con Gabino Barreda.

Roberto Hernández está parado a unos metros de aquella esquina que voló con su hermana y su primogénito de dos años, afuera de la capilla Guadalupana 22 de abril, esperando a que el alcalde de Guadalajara, Aristóteles Sandoval, asista a la misa que anualmente realizan en memoria de las víctimas.

El funcionario no llegó, a pesar de representar al PRI que apenas regresa al poder, después de que las explosiones también enterraron a este partido.

En la banqueta, los recuerdos bombardean a Roberto Hernández, como en una noche de pesadilla. Aquel miércoles de 1992 salió a trabajar. Después de las 10:00 horas voló en pedazos el Sector Reforma. Dos horas después regresó, aturdido por los gritos de su mujer que buscaba desesperada a su hijo entre los escombros. Corrió a mover piedras, tierra… pero sus manos eran insuficientes para arrebatar las lozas que privaron del aire a su pequeño.

“Todo el día buscamos cuerpos. Al día siguiente los sepultamos, regresamos a rescatar gente todo el jueves y hasta el viernes en la mañana me acosté. Desperté ese mismo día en la noche… y supe que no era un sueño.
¿Cómo nos pudo pasar algo así?”.

El también secretario de la Brigada 22 de abril jugó cascaritas y canicas con sus vecinos de Analco. Creció ahí, pero a muchos de ellos los vio por última vez tendidos en el Code, llenos de tierra, vestidos como cualquier día de vacaciones de Semana Santa.

Después de la tragedia, decidió mudarse a la colonia Atlas con un crédito de Infonavit. Cada que pude regresa a su barrio, aquel que le regaló sonrisas y que después se las arrancó a lágrimas.

—A 18 años, ¿ha cambiado la imagen de lo que sucedió?
—Es que no tengo una imagen, una visión. Haz de cuenta que fue ayer. Es mucho tiempo, pero a mí me duele igual.

En ese momento, el obispo auxiliar Juan Humberto Gutiérrez resalta en su sermón, a los más de 350 asistentes, que a 18 años de la tragedia no se ha hecho justicia, porque no se ha determinado quiénes son los responsables.

Roberto Hernández ya está pensando en regresar a su barrio, porque ya perdió el miedo. “Ya hay monitoreo cada tercer día de Protección Civil y del SIAPA. Ellos checan, aunque no sé qué tan seguro sea. Antes de la explosión en el Sector Reforma hubo otra en Sierra Morena, cerca del Centro Médico.

“La ciudad está llena de colectores y tenemos una cultura de echar todo al drenaje, y esto puede suceder en cualquier punto de la ciudad. Dios no lo quiera, que no vuelva a suceder”.

El barrio de Analco quedó tatuado de dolor, pero también perdió gran parte de su historia, sus tradiciones. La mayoría de las fincas quedaron intestadas y mucha gente compró las tierras para poner negocios.

“Empezó el robo de autopartes, comenzó la inseguridad. Porque antes vendían autopartes pero hasta la (calle) 5 de febrero, y después del 22 de abril se extendieron hasta acá”.
La calle Gante es una mezcla de negocios nuevos, casas reconstruidas y lotes aún baldíos.

Roberto Hernández explica que cuando se hizo el patronato de reconstrucción y adecuación de Analco, Gabriel Covarrubias Ibarra acordó con los afectados que se respetaría el uso de suelo: donde había casas, casas habría.

 “Pero no se respetó y todo se llenó de negocios”.

—¿Cuál es su conclusión de lo que pasó?
—Creo que se estaban robando la gasolina, y que les iban a hacer una auditoría y echaron todo al drenaje para que no los descubrieran. No es posible que hubiera tanta en el drenaje, y que nos quieran hacer la fábula de que por un agujerito metieron un tubo, y se derramaron tantos litros de gasolina. 

“El mundo se acabó en Gante”

Teresa Franco es de las pocas que se quedaron en Analco, porque nunca recibió apoyo, a pesar de que su casa quedó destruida. Es consciente de que el dolor que la acompaña desde aquel día se generó bajo el imperio priista. Luego vino el “cambio” con el PAN, y “nos dieron la espalda”, así que el año pasado decidió votar por Aristóteles Sandoval.

Vive a la vuelta de la capilla y prefiere irse del evento, porque su ilusión era que el alcalde de Guadalajara asistiera.

Pero al fin que ya está acostumbrada a las promesas incumplidas. Después de que las cifras oficiales fueron 209 muertos, “ya no creo en la televisión. Desde el 22 de abril, no creo en nada”.

Teresa Franco estaba en su casa y de repente escuchó un estruendo, como un trueno. La tierra se cimbró y todo se volvió negro. “Ya explotó, ya explotó, gritaba mi hijo.

Afortunadamente nos salvamos y salimos. Escuchábamos gritos de auxilio por todos lados. Mi comadre me decía que no volteara para abajo y corrimos a La Bandera. Yo pensé que se iba a acabar el mundo, porque caminabas y sentías que iba a pasar algo, como en campo minado, te agarran los nervios y pues íbamos como volando”.

Ese día, su hijo fue el único que se quedó a rescatar gente en Analco. El jueves se encontró con su madre, destrozado: “El mundo se acabó allá en Gante. Todos quedaron enterrados”.

El reparto del fideicomiso

La presidenta de la asociación civil 22 de abril en Guadalajara, Lilia Ruiz Chávez, resaltó que en el Fideicomiso de Atención y Seguridad Social que se integró en un inicio con 70 afectados, y que es manejado por la Secretaría de Desarrollo Humano, se ha incrementado por lo menos con 30 personas más, que “nadie sabe si son lesionados por el 22 de abril”.

Mientras tanto, Lilia tiene documentados 10 casos de gente que no ha recibido apoyo y que no están en el fideicomiso. Uno de ellos es José Antonio Vargas, quien dejó de caminar después de la tragedia, pero como tenía 14 años, no recibió ningún apoyo.

La presidenta Lilia Ruiz Chávez leyó en la Plaza de Analco un pliego petitorio, el mismo desde 2003 y que básicamente exige justicia.

Por otro lado, Sonia Solórzano, una de las representantes ante el fideicomiso y que ocupa un cargo inamovible ante la Secretaría de Desarrollo Humano, pide que no se incluya a la gente que piden otros grupos, como el de Lilia Ruiz. En lo que coincide es que hay un manejo discrecional de las credenciales para recibir atención en el Hospital General de Occidente para los lesionados del 22 de abril y sus familias, pues asegura que hay 300 personas más que han sido beneficiadas recientemente.

Las víctimas


"La ciudad está llena de colectores y tenemos una cultura de echar todo al drenaje, esto puede suceder en cualquier punto. Dios no lo quiera, que no vuelva a suceder"
Roberto Hernández.

"Yo pensé que se iba a acabar el mundo, porque caminabas y sentías que iba a pasar algo, como en campo minado"
Teresa Franco.

Instalan en la Costa jalisciense sistema para prevenir tsunamis


De acuerdo con el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), Jalisco se encuentra ubicado en una zona D, es decir una de las localidades donde han ocurrido con mayor frecuencia grandes temblores.

Con este antecedente, el Gobierno estatal se ha dado a la tarea de buscar un mecanismo que ayude a prevenir, en la medida de lo posible, las afectaciones de los fenómenos naturales.

Para ello, las autoridades federales y las de Jalisco conjuntaron sus recursos para adquirir un sistema de alerta de tsunamis por la cantidad de 24 millones de pesos, el cual fue instalado en toda la Costa jalisciense.

El sistema se divide en tres etapas, de las cuales sólo dos han quedado consolidadas. La primera consistió en la instalación de una cabina central, que se ubica en Cihuatlán. El sistema recorre toda la Costa del Estado con 27 alarmas, hasta Puerto Melaque. La segunda fue la capacitación, socialización y fomento de la cultura de prevención y del propio sistema.
 
Está pendiente la tercera etapa, que es la conclusión de la calibración e instalación del sistema Tremos (evaluación de riesgo de tsunami a través de un momento sísmico, desde un sistema en tiempo real).

Sobre Tremos, explicó el gobernador: “Lo que busca es hacer el análisis de los movimientos telúricos y el posible impacto en la generación de tsunamis”.

Por otro lado, el diputado presidente de la Comisión de Hacienda en el Congreso local, Sergio Chávez Dávalos, propuso etiquetar recursos para que los municipios conformen su atlas de riesgo. Subrayó que sólo 85 de los 125 municipios jaliscienses cuentan con uno, y de éstos, no todos están actualizados.

Temas

Sigue navegando