Jalisco
Kim, tres restaurantes en 12 años
''Vine porque un tío ya tenía un restaurante aquí y él habló con mis padres para pedirle si yo le podía ayudar, y aquí estoy''
GUADALAJARA, JALISCO (29/DIC/2011).- Cuando Jian Chang Zhou llegó a Guadalajara nunca se imaginó que algo tan típico como la banda, los sonidos estridentes de las trompetas, la tambora, la tuba y las acrobacias que hacen a este ritmo las parejas al bailar, se iban a convertir en la pasión de su vida.
Danzas folclóricas del sur de China, como las danzas del león, una especie de sincronía entre la música y las artes marciales como el kung fu, fueron remplazadas por movimientos como la quebradita, el duranguense, de brinquito; ese baile que lo hace sentir en un nuevo hogar y con el que puede evadir los episodios de nostalgia que de vez en cuando lo visitan.
''Lo que más me gusta es bailar banda, pistear con mis amigos y salir a cotorrear'', dice este cantonés, que lleva 12 años en la ciudad.
Entre el olor de los camarones preparados como le enseñaron desde siempre, entre el vapor del brócoli, espaguetis chinos, arroz con diferentes carnes y guisados, Kim, como le dicen sus amigos tapatíos, cuenta que llegó de Cantón, China, a Guadalajara cuando sólo tenía 16 años , un 10 de octubre de 1999.
''Vine porque un tío ya tenía un restaurante aquí y él habló con mis padres para pedirle si yo le podía ayudar, y aquí estoy'', dice con una sonrisa.
Cualquiera pensaría que una mala situación económica, social o política, sería la causa por la que tantos ciudadanos chinos se alojan en otros países, pero, aunque no quiso dar muchos detalles de su vida personal, este joven inmigrante estudiaba en su país, se estaba preparando para elaborar artefactos electrónicos, como DVD, entre otros, pero los giros del destino lo trajeron hasta aquí.
Kim cuenta que lo que más lo impresionó al llegar a la perla fue la devoción religiosa de sus habitantes. Explica que varios de su familiares practican el taoísmo y el budismo, y dice que no podía creer cuando en una Semana Santa, en un viacrucis, algunos feligreses se flagelaban y hasta incluso se perforaban las manos, imitando la muerte de Jesús, ''eso es muy loco, no lo podía creer'', dice.
Y aunque asegura que la gente de Guadalajara es muy amable y cálida, dice que lo más difícil de vivir aquí es el atraso en tecnología, en comparación con su país, pues dice que aquí es más difícil encontrar algunos artículos e incluso los trámites gubernamentales son más lentos por falta de tecnología.
Cuando Kim habla parece otro tapatío más, excepto por sus ojos rasgados y la letra ''L'' que remplaza todavía a la ''R'' al hablar, pero es otro tapatío porque se adaptó de manera increíble, entre frases usa el ''edá'' y para afirmar sus ideas responde ''ey''.
Pero así haga todo un esfuerzo consciente e inconsciente por adaptarse como camaleón a los mexicanos, su manera oriental de ver las cosas, de apreciar la realidad, es como una tinta indeleble que lo tiene marcado.
Por esto cuando se le pregunta por sus sueños, sus anhelos, no piensa en lo material, no piensa en una nueva casa, o en un carro, o en un terreno, porque dice que ya lo tiene todo; tiene como objetivo crecer en su interior, ''seguir siendo una persona buena, que no roba, que no mata, que no hace el mal''.
Kim, con sólo 28 años, es el dueño de tres restaurantes de comida china, su propio vehículo y ya tiene su propia casa, en la que vive con su hermana, la que lo acompaña para que no sienta tan lejos a su tierra.
También ha sido víctima
Ni los inmigrantes se salvan de la violencia, y es que quizá de las cosas más difíciles que le ha tocado vivir ha sido que en cuatro años lo han asaltado varias veces, le robaron su camioneta y entraron a su casa a robar.
Kim cuenta que por esa situación ahora es mucho más prevenido, ha dejado de bailar y de salir en las noches, para no volver a ser presa fácil del crimen.
Y así es la vida de este inmigrante que, aunque no quiso profundizar en su vida personal, dejó muy claro que le gustan las tapatías, dice que son lindas y que tienen armoniosos cuerpos, incluso confesó haber tenido varias novias, también cuenta que a parte de trabajar le gusta leer mucho, pero no ha podido leer muy bien en español, por eso sus padres le envían libros en chino con historias de karate o cuentos.
Agradece al destino por dejarlo vivir en esta ciudad que le abrió las puertas y que le ha dado todo lo que tiene, pero también acepta que lo más duro de vivir y trabajar con mexicanos es la falta de disciplina de los nacionales, pues considera que ''faltan mucho y piden muchos permisos, yo lo único que pido es que hagan su trabajo y que no falten''.
''El Gobierno debe proteger un poco más a sus extranjeros, porque cuando uno quiere invertir aquí, quisiera un lugar seguro ''
Jian Chang Zhou,
comerciante chino.
Poco conocida, la cultura de China en la metrópoli
Nuevo modelo de comercio
El presidente de la Comunidad del Águila y el Dragón, A.C., José Luis Ham, estima que en la ciudad hay alrededor de mil personas chinas tan sólo de origen, sin contar a sus descendientes que han nacido en los municipios metropolitanos. Aunque la presencia de los chinos en México no es precisa, en la década de 1950 en Guadalajara surgió la organización Circulo Chino.
Nacido en la Ciudad de México, hace 25 años José Luis llegó a Guadalajara. Desde entonces ha visto cómo ha crecido el número de personas chinas en la ciudad. Opina que los chinos que han llegado en los últimos cinco años ya no son simples trabajadores, sino personas que llegan a estudiar a la universidad o establecer alguna empresa o abrir un negocio, ''más bien vienen a hacer una inversión en tiempo, cultura y conocimientos''.
Recuerda que los primeros chinos que llegaron a territorio mexicano abandonaron su país para buscar mejores oportunidades en el nuestro: “Ya no veo que vengan a buscar trabajo, más bien vienen a invertir, y aunque sean pequeños restaurantes, vienen a aportar dinero y a establecer negocios. Algunos vienen a estudiar español”. Señala que abundan más hombres que mujeres de origen chino en México.
Apunta que con la instalación de restaurantes de comida china, los originarios del aquél país asiático vienen a buscar un método para ganar dinero y no para trabajar en sí. ''Es sorprendente ver cuántos restaurantes de comida hay ya''. Para él estos bufetes de comida china se están convirtiendo en nuevo modelo de comercio en el que los clientes pueden comer bien por poco dinero, y es la manera más fácil en que los chinos pueden insertarse en el comercio. ''A veces una torta ahogada te cuesta hasta treinta pesos o unos huevos 40 pesos en un restaurante. No hay ni comparación de lo que puedes comer en los restaurantes chinos''.
Señala que aún existe inmigración ilegal en México, porque hay tráfico de personas que quieren llegar a Estados Unidos, donde tienen familiares chinos. José Luis Ham comenta que 300 personas han visitado la Casa de la Cultura China en los últimos dos años, tiempo en el que se han impartido cursos sobre las costumbres y tradiciones de los chinos. Actualmente también se imparten clases del idioma chino.
Para 2012 tiene planeadas varias actividades culturales y espera que se concrete un convenio con algún ayuntamiento o la Secretaría de Educación para poderlas realizar.
Ham reconoce que los chinos de edad avanzada que viven en Guadalajara se aferran más a su idioma que los jóvenes, y señala que esto es un factor cultural pues quienes llegan a estudiar la universidad o algún posgrado les interesa aprender mejor el idioma español.
Descarta la posibilidad de que los restaurantes chinos que abundan en el Centro Histórico tapatío sean administrados por empresas que contratan a familias chinas para que éstas los operen, y esto sea un factor para el crecimiento de la población china en la metrópoli. “Yo lo dudo mucho. Puedo apostar que las personas que llegan aquí lo hacen porque son invitadas por sus parientes y muchos de ellos traen a sus familiares y descendientes, pero eso de montar negocios para explotar a otras personas no, no lo he visto”.
PARA SABER
Próximas actividades
El 22 de enero la Casa de la Cultura China y la Comunidad del Águila y el Dragón darán la bienvenida al año nuevo chino en un conocido restaurante de la ciudad. Mientras que el 20 de enero en el Museo de la Ciudad dictarán una conferencia como antesala a esta celebración china que se replica en muchas otras ciudades del mundo. La cita para este último evento es en Independencia número 670, entre Mariano Bárcena y Contreras Medellín, en la zona Centro.
La Casa de la Cultura China se fundó en 1995 por la profesora de acupuntura Li Li. Está ubicada en la calle Lerdo de Tejada número 2526, entre las calles Emilio Castelar y Duque de Rivas.
LA VOZ DEL EXPERTO
Faltan políticas públicas para integrar a la comunidad
Jorge Durand
El profesor e investigador Jorge Durand, titular del Departamento de Estudios sobre los Movimientos Sociales de la Universidad de Guadalajara, considera que en México hacen falta políticas públicas para integrar a la comunidad de personas chinas a la sociedad mexicana: “Está llegando gente muy trabajadora, que se adapta muy bien al comercio, pero no tan bien a la sociedad; están más bien aislados”. Proyecta que en 10 años en México habrá un grupo de estudiantes o profesionales con descendencia china que podrán ser líderes en actividades comerciales entre China y México.
El académico observa que el idioma es una barrea que impide socializar con los mexicanos. Da como ejemplo la dinámica de servicio que hay en los restaurantes de comida china en el Centro Histórico de la ciudad, en los cuales los hijos de chinos que saben hablar español están en la puerta para atender a los comensales.
Durand explica que no han dejado de entrar de manera ilegal ciudadanos chinos a México. Algunos otros entran como turistas y se quedan en el país, otros más lo hacen como profesionales. ''En los archivos de migración de Guadalajara la mayoría de los chinos que les dan la residencia entraron como chef, pero cómo puedes comprobar que en realidad es un chef o un cocinero, o un chino más que está picando cebolla. Es ahí donde está el truco, encuentran esa rendija y por ahí se meten. Tienen un conjunto de abogados mexicanos que les hacen el trámite y luego se casan, consiguen la residencia y traen a la familia de acuerdo a las leyes''.
El especialista en fenómenos migratorios señala que hay una línea de trata de personas chinas que está ligada a compañías de migración, “los chinos no son como el migrante mexicano que se va pobre a los Estados Unidos y luego después de mucho trabajar pone un restaurante. Para poner uno en el Centro de Guadalajara tienes que pagar una renta muy cara”. Especula sobre si los dueños de los restaurantes son las familias que trabajan en ellos o si se trata de compañías que operan varios negocios y contratan a chinos para que los atiendan.
Analiza que, a diferencia de otras ciudades del mundo, en Guadalajara la comunidad china aún no ha formado su barrio chino, lugar donde acostumbran a concentrar sus actividades económicas y sus viviendas, para lo cual no pasarán muchos años, augura Jorge Durand. Hasta el momento en la ciudad sólo se puede ver en el Centro Histórico tapatío una proliferación de restaurantes de comida china. Recuerda que hace diez años sólo existían tres restaurantes de este tipo y que se han ido expandiendo no sólo en la zona metropolitana sino en municipios más pequeños de Jalisco, un fenómeno que se repite en muchas ciudades del país como en el Distrito Federal o Querétaro.
''Esto forma parte de una nueva salida de población china que había estado recluida por muchos años, porque no se les permitía salir''. El experto en migraciones considera que el Gobierno chino tienen la estrategia de mandar avanzadas a distintos países, porque finalmente lo que están generando son condiciones para en un futuro abrir su comercio a esas naciones.
Danzas folclóricas del sur de China, como las danzas del león, una especie de sincronía entre la música y las artes marciales como el kung fu, fueron remplazadas por movimientos como la quebradita, el duranguense, de brinquito; ese baile que lo hace sentir en un nuevo hogar y con el que puede evadir los episodios de nostalgia que de vez en cuando lo visitan.
''Lo que más me gusta es bailar banda, pistear con mis amigos y salir a cotorrear'', dice este cantonés, que lleva 12 años en la ciudad.
Entre el olor de los camarones preparados como le enseñaron desde siempre, entre el vapor del brócoli, espaguetis chinos, arroz con diferentes carnes y guisados, Kim, como le dicen sus amigos tapatíos, cuenta que llegó de Cantón, China, a Guadalajara cuando sólo tenía 16 años , un 10 de octubre de 1999.
''Vine porque un tío ya tenía un restaurante aquí y él habló con mis padres para pedirle si yo le podía ayudar, y aquí estoy'', dice con una sonrisa.
Cualquiera pensaría que una mala situación económica, social o política, sería la causa por la que tantos ciudadanos chinos se alojan en otros países, pero, aunque no quiso dar muchos detalles de su vida personal, este joven inmigrante estudiaba en su país, se estaba preparando para elaborar artefactos electrónicos, como DVD, entre otros, pero los giros del destino lo trajeron hasta aquí.
Kim cuenta que lo que más lo impresionó al llegar a la perla fue la devoción religiosa de sus habitantes. Explica que varios de su familiares practican el taoísmo y el budismo, y dice que no podía creer cuando en una Semana Santa, en un viacrucis, algunos feligreses se flagelaban y hasta incluso se perforaban las manos, imitando la muerte de Jesús, ''eso es muy loco, no lo podía creer'', dice.
Y aunque asegura que la gente de Guadalajara es muy amable y cálida, dice que lo más difícil de vivir aquí es el atraso en tecnología, en comparación con su país, pues dice que aquí es más difícil encontrar algunos artículos e incluso los trámites gubernamentales son más lentos por falta de tecnología.
Cuando Kim habla parece otro tapatío más, excepto por sus ojos rasgados y la letra ''L'' que remplaza todavía a la ''R'' al hablar, pero es otro tapatío porque se adaptó de manera increíble, entre frases usa el ''edá'' y para afirmar sus ideas responde ''ey''.
Pero así haga todo un esfuerzo consciente e inconsciente por adaptarse como camaleón a los mexicanos, su manera oriental de ver las cosas, de apreciar la realidad, es como una tinta indeleble que lo tiene marcado.
Por esto cuando se le pregunta por sus sueños, sus anhelos, no piensa en lo material, no piensa en una nueva casa, o en un carro, o en un terreno, porque dice que ya lo tiene todo; tiene como objetivo crecer en su interior, ''seguir siendo una persona buena, que no roba, que no mata, que no hace el mal''.
Kim, con sólo 28 años, es el dueño de tres restaurantes de comida china, su propio vehículo y ya tiene su propia casa, en la que vive con su hermana, la que lo acompaña para que no sienta tan lejos a su tierra.
También ha sido víctima
Ni los inmigrantes se salvan de la violencia, y es que quizá de las cosas más difíciles que le ha tocado vivir ha sido que en cuatro años lo han asaltado varias veces, le robaron su camioneta y entraron a su casa a robar.
Kim cuenta que por esa situación ahora es mucho más prevenido, ha dejado de bailar y de salir en las noches, para no volver a ser presa fácil del crimen.
Y así es la vida de este inmigrante que, aunque no quiso profundizar en su vida personal, dejó muy claro que le gustan las tapatías, dice que son lindas y que tienen armoniosos cuerpos, incluso confesó haber tenido varias novias, también cuenta que a parte de trabajar le gusta leer mucho, pero no ha podido leer muy bien en español, por eso sus padres le envían libros en chino con historias de karate o cuentos.
Agradece al destino por dejarlo vivir en esta ciudad que le abrió las puertas y que le ha dado todo lo que tiene, pero también acepta que lo más duro de vivir y trabajar con mexicanos es la falta de disciplina de los nacionales, pues considera que ''faltan mucho y piden muchos permisos, yo lo único que pido es que hagan su trabajo y que no falten''.
''El Gobierno debe proteger un poco más a sus extranjeros, porque cuando uno quiere invertir aquí, quisiera un lugar seguro ''
Jian Chang Zhou,
comerciante chino.
Poco conocida, la cultura de China en la metrópoli
Nuevo modelo de comercio
El presidente de la Comunidad del Águila y el Dragón, A.C., José Luis Ham, estima que en la ciudad hay alrededor de mil personas chinas tan sólo de origen, sin contar a sus descendientes que han nacido en los municipios metropolitanos. Aunque la presencia de los chinos en México no es precisa, en la década de 1950 en Guadalajara surgió la organización Circulo Chino.
Nacido en la Ciudad de México, hace 25 años José Luis llegó a Guadalajara. Desde entonces ha visto cómo ha crecido el número de personas chinas en la ciudad. Opina que los chinos que han llegado en los últimos cinco años ya no son simples trabajadores, sino personas que llegan a estudiar a la universidad o establecer alguna empresa o abrir un negocio, ''más bien vienen a hacer una inversión en tiempo, cultura y conocimientos''.
Recuerda que los primeros chinos que llegaron a territorio mexicano abandonaron su país para buscar mejores oportunidades en el nuestro: “Ya no veo que vengan a buscar trabajo, más bien vienen a invertir, y aunque sean pequeños restaurantes, vienen a aportar dinero y a establecer negocios. Algunos vienen a estudiar español”. Señala que abundan más hombres que mujeres de origen chino en México.
Apunta que con la instalación de restaurantes de comida china, los originarios del aquél país asiático vienen a buscar un método para ganar dinero y no para trabajar en sí. ''Es sorprendente ver cuántos restaurantes de comida hay ya''. Para él estos bufetes de comida china se están convirtiendo en nuevo modelo de comercio en el que los clientes pueden comer bien por poco dinero, y es la manera más fácil en que los chinos pueden insertarse en el comercio. ''A veces una torta ahogada te cuesta hasta treinta pesos o unos huevos 40 pesos en un restaurante. No hay ni comparación de lo que puedes comer en los restaurantes chinos''.
Señala que aún existe inmigración ilegal en México, porque hay tráfico de personas que quieren llegar a Estados Unidos, donde tienen familiares chinos. José Luis Ham comenta que 300 personas han visitado la Casa de la Cultura China en los últimos dos años, tiempo en el que se han impartido cursos sobre las costumbres y tradiciones de los chinos. Actualmente también se imparten clases del idioma chino.
Para 2012 tiene planeadas varias actividades culturales y espera que se concrete un convenio con algún ayuntamiento o la Secretaría de Educación para poderlas realizar.
Ham reconoce que los chinos de edad avanzada que viven en Guadalajara se aferran más a su idioma que los jóvenes, y señala que esto es un factor cultural pues quienes llegan a estudiar la universidad o algún posgrado les interesa aprender mejor el idioma español.
Descarta la posibilidad de que los restaurantes chinos que abundan en el Centro Histórico tapatío sean administrados por empresas que contratan a familias chinas para que éstas los operen, y esto sea un factor para el crecimiento de la población china en la metrópoli. “Yo lo dudo mucho. Puedo apostar que las personas que llegan aquí lo hacen porque son invitadas por sus parientes y muchos de ellos traen a sus familiares y descendientes, pero eso de montar negocios para explotar a otras personas no, no lo he visto”.
PARA SABER
Próximas actividades
El 22 de enero la Casa de la Cultura China y la Comunidad del Águila y el Dragón darán la bienvenida al año nuevo chino en un conocido restaurante de la ciudad. Mientras que el 20 de enero en el Museo de la Ciudad dictarán una conferencia como antesala a esta celebración china que se replica en muchas otras ciudades del mundo. La cita para este último evento es en Independencia número 670, entre Mariano Bárcena y Contreras Medellín, en la zona Centro.
La Casa de la Cultura China se fundó en 1995 por la profesora de acupuntura Li Li. Está ubicada en la calle Lerdo de Tejada número 2526, entre las calles Emilio Castelar y Duque de Rivas.
LA VOZ DEL EXPERTO
Faltan políticas públicas para integrar a la comunidad
Jorge Durand
El profesor e investigador Jorge Durand, titular del Departamento de Estudios sobre los Movimientos Sociales de la Universidad de Guadalajara, considera que en México hacen falta políticas públicas para integrar a la comunidad de personas chinas a la sociedad mexicana: “Está llegando gente muy trabajadora, que se adapta muy bien al comercio, pero no tan bien a la sociedad; están más bien aislados”. Proyecta que en 10 años en México habrá un grupo de estudiantes o profesionales con descendencia china que podrán ser líderes en actividades comerciales entre China y México.
El académico observa que el idioma es una barrea que impide socializar con los mexicanos. Da como ejemplo la dinámica de servicio que hay en los restaurantes de comida china en el Centro Histórico de la ciudad, en los cuales los hijos de chinos que saben hablar español están en la puerta para atender a los comensales.
Durand explica que no han dejado de entrar de manera ilegal ciudadanos chinos a México. Algunos otros entran como turistas y se quedan en el país, otros más lo hacen como profesionales. ''En los archivos de migración de Guadalajara la mayoría de los chinos que les dan la residencia entraron como chef, pero cómo puedes comprobar que en realidad es un chef o un cocinero, o un chino más que está picando cebolla. Es ahí donde está el truco, encuentran esa rendija y por ahí se meten. Tienen un conjunto de abogados mexicanos que les hacen el trámite y luego se casan, consiguen la residencia y traen a la familia de acuerdo a las leyes''.
El especialista en fenómenos migratorios señala que hay una línea de trata de personas chinas que está ligada a compañías de migración, “los chinos no son como el migrante mexicano que se va pobre a los Estados Unidos y luego después de mucho trabajar pone un restaurante. Para poner uno en el Centro de Guadalajara tienes que pagar una renta muy cara”. Especula sobre si los dueños de los restaurantes son las familias que trabajan en ellos o si se trata de compañías que operan varios negocios y contratan a chinos para que los atiendan.
Analiza que, a diferencia de otras ciudades del mundo, en Guadalajara la comunidad china aún no ha formado su barrio chino, lugar donde acostumbran a concentrar sus actividades económicas y sus viviendas, para lo cual no pasarán muchos años, augura Jorge Durand. Hasta el momento en la ciudad sólo se puede ver en el Centro Histórico tapatío una proliferación de restaurantes de comida china. Recuerda que hace diez años sólo existían tres restaurantes de este tipo y que se han ido expandiendo no sólo en la zona metropolitana sino en municipios más pequeños de Jalisco, un fenómeno que se repite en muchas ciudades del país como en el Distrito Federal o Querétaro.
''Esto forma parte de una nueva salida de población china que había estado recluida por muchos años, porque no se les permitía salir''. El experto en migraciones considera que el Gobierno chino tienen la estrategia de mandar avanzadas a distintos países, porque finalmente lo que están generando son condiciones para en un futuro abrir su comercio a esas naciones.