Jalisco
Empiezan de cero en la Presa Valencia
Habitantes hablan de dificultades para cubrir necesidades básicas en la zona
ACATLÁN, JALISCO (13/SEP/2013).- El hedor imperante ha desaparecido, casi a totalidad. La pestilencia que otrora golpeaba con fuerza al sentido del olfato, incluso a kilómetros de siquiera observar el primer atisbo de agua de la Presa Valencia, no es más distractor. El factor que ahora roba la mirada es el tono particular del agua almacenada en la represa.
El azul del cielo ya no se refleja en el líquido contaminado. Las toneladas de melaza que se vertieron al vaso desde un potrero habilitado como empresa en Tlajomulco han dado un toque particular a Valencia: un distintivo café que destaca aún más en ciertos puntos, donde el agua no se mueve tanto. Donde, pasada la contingencia, ahora muchos deberán empezar de cero.
"Ya está más arriba. L´agua de las lluvias si l´entra, pero pos sigue viéndose así", narra Rafael, un "valenciano desde la cuna" que, al no tener ocupación ni en su casa ni en el campo, sale a dar una caminata. Celebra, como otros vecinos del lugar, que los medios acudan y enciendan su equipo ahí, pues "solo así nos voltean a ver".
Las autoridades notan que hay descontento. Peor aún: que éste se hace público y que puede salir de Acatlán. Aunque hay quienes prefieren platicar "a pelo", pero no frente a una grabadora, la señora María del Carmen Estrada y Adán Flores lanzan fuertes consignas a los cuatro dispositivos colocados junto a sus bocas. Y las hacen explotar.
"Debemos hasta mil 500 o dos mil pesos en la tiendita. Ahí ya no nos quieren ni ver; luego ahora nos va a cortar la luz (...) Nada más tuvimos ayuda como un mes, una supervisora juntó una despensa chiquita, pero no es lo suficiente: tiene un cloro, rollo de papel, pasta, un aceite chiquito y atún, ¿cree usted que eso es para mantener a una familia de siete u ocho personas?".
El tortillero huye y prefiere no acercarse a Valencia para no seguir regalando sus ganancias; el del agua también; los fondos no fluyen y la autoridad "se esconde": "Cuando entregaron las mochilas gratis, el alcalde mandó un representante. Él hasta ahorita no se ha parado".
Pero sí está ahí. Y aparentemente se le ha puesto al tanto de la inconformidad.
"¡Juancho, que ´amos a la Cooperativa!".
Varios de los reunidos se acercan al domicilio donde hasta hace tres meses se retiraban los órganos de los peces que daban de comer en Valencia. Y la puerta se cierra. Pero un reportero logra filtrarse, y la credencial de la empresa lo distingue del resto. "¿Nos permite?", expone cordial el primer edil. Se le invita a salir.
Transcurren los minutos y el alcalde abandona el sitio. Una comitiva de quienes aparentemente estaban inconformes ahora lo escolta, hasta el punto donde se celebrará la reapertura de cinco restaurantes. Y su discurso es incendiario y contundente: se dice "inconforme" porque no siente el cobijo de la autoridad estatal; ahora sólo Salud está a su lado y llama al resto de dependencias "retomar" el caso. Incluso habla de acelerar la entrega de recursos.
Lo logra. La gente ya aplaude su presencia. Continúa con el protocolo y visita los cinco restaurantes en su anhelado día de reapertura. Camina por el lugar con una escolta reforzada, e incluso se le ofrece un buffet de comida marina.
Don Emeterio Corona corta el listón y toma un pescado. Lo muerde con confianza y disfruta su sabor; no hay impedimento para ello, pues el hedor imperante ha desaparecido, casi a totalidad...
EL INFORMADOR / ISAACK DE LOZA
El azul del cielo ya no se refleja en el líquido contaminado. Las toneladas de melaza que se vertieron al vaso desde un potrero habilitado como empresa en Tlajomulco han dado un toque particular a Valencia: un distintivo café que destaca aún más en ciertos puntos, donde el agua no se mueve tanto. Donde, pasada la contingencia, ahora muchos deberán empezar de cero.
"Ya está más arriba. L´agua de las lluvias si l´entra, pero pos sigue viéndose así", narra Rafael, un "valenciano desde la cuna" que, al no tener ocupación ni en su casa ni en el campo, sale a dar una caminata. Celebra, como otros vecinos del lugar, que los medios acudan y enciendan su equipo ahí, pues "solo así nos voltean a ver".
Las autoridades notan que hay descontento. Peor aún: que éste se hace público y que puede salir de Acatlán. Aunque hay quienes prefieren platicar "a pelo", pero no frente a una grabadora, la señora María del Carmen Estrada y Adán Flores lanzan fuertes consignas a los cuatro dispositivos colocados junto a sus bocas. Y las hacen explotar.
"Debemos hasta mil 500 o dos mil pesos en la tiendita. Ahí ya no nos quieren ni ver; luego ahora nos va a cortar la luz (...) Nada más tuvimos ayuda como un mes, una supervisora juntó una despensa chiquita, pero no es lo suficiente: tiene un cloro, rollo de papel, pasta, un aceite chiquito y atún, ¿cree usted que eso es para mantener a una familia de siete u ocho personas?".
El tortillero huye y prefiere no acercarse a Valencia para no seguir regalando sus ganancias; el del agua también; los fondos no fluyen y la autoridad "se esconde": "Cuando entregaron las mochilas gratis, el alcalde mandó un representante. Él hasta ahorita no se ha parado".
Pero sí está ahí. Y aparentemente se le ha puesto al tanto de la inconformidad.
"¡Juancho, que ´amos a la Cooperativa!".
Varios de los reunidos se acercan al domicilio donde hasta hace tres meses se retiraban los órganos de los peces que daban de comer en Valencia. Y la puerta se cierra. Pero un reportero logra filtrarse, y la credencial de la empresa lo distingue del resto. "¿Nos permite?", expone cordial el primer edil. Se le invita a salir.
Transcurren los minutos y el alcalde abandona el sitio. Una comitiva de quienes aparentemente estaban inconformes ahora lo escolta, hasta el punto donde se celebrará la reapertura de cinco restaurantes. Y su discurso es incendiario y contundente: se dice "inconforme" porque no siente el cobijo de la autoridad estatal; ahora sólo Salud está a su lado y llama al resto de dependencias "retomar" el caso. Incluso habla de acelerar la entrega de recursos.
Lo logra. La gente ya aplaude su presencia. Continúa con el protocolo y visita los cinco restaurantes en su anhelado día de reapertura. Camina por el lugar con una escolta reforzada, e incluso se le ofrece un buffet de comida marina.
Don Emeterio Corona corta el listón y toma un pescado. Lo muerde con confianza y disfruta su sabor; no hay impedimento para ello, pues el hedor imperante ha desaparecido, casi a totalidad...
EL INFORMADOR / ISAACK DE LOZA