Jalisco
El recorrido por una licencia de conducir
Crónica sobre una mujer asiste a los ''nuevos'' para que no acepten ayuda de coyotes
GUADALAJARA, JALISCO (09/MAY/2013).- Esta mujer está atenta a cualquier ciudadano que, con una carpeta en las manos, salga o entre de la Secretaría de Movilidad. Del hombro trae una mochila mal colgada que le rebota en la espalda cuando acelera su paso para alcanzar a las personas que van a hacer trámites de vialidad: les ofrece su apoyo, les dice cómo llenar las solicitudes, les vende plumas, y cuando no hay posible cliente, toma sombra de un poste que anuncia: "No aceptes ayuda de coyotes. Tramitar tu licencia es fácil y rápido. Acude a los módulos de información".
La mujer de mochila al hombro es la única que esta mañana se acerca a ofrecer ayuda con quienes están por emprender la hazaña de un trámite de vialidad. Su estrategia es clara: aconseja y recibe dinero de quienes se lo quieran dar para agradecer. De eso y las plumas que vende saca para el día a día de ella y su hijo, quien se entretiene de improvisar juegos en la banqueta de la sede de la Secretaría. No hay más personas que se acerquen a ofrecer apoyo. No están quienes prometen a los ciudadanos que, a cambio de dinero, acelerarán su proceso o saltarán algunos turnos en la fila porque tienen contactos adentro de la oficina. No hay fila.
Genaro Gómez pidió llegar tarde a su trabajo porque se había programado sacar la licencia esta mañana. Acaba de llegar y en la plática espontánea con otras personas en la entrada expresa su flojera de comenzar el trámite. La última vez que vino tardó cuatro horas. Él acepta la ayuda de la mujer con mochila al hombro y le escucha las indicaciones de cómo llenar las solicitudes y cómo ordenar sus documentos. Entra.
Poner pie en la Secretaría de Movilidad es toparse con los módulos de información. Ahí Genaro frena y le indican que lo primero es pagar la cuota por su trámite. Paga. Lleva 10 minutos y ahora sí va por la licencia de conducir.
Hay barrotes de fierro para poner orden a las filas de personas, pero hoy están vacíos. Genaro no se para porque el paso está directo hacia el mostrador. Entrega sus papeles. Se reacomoda el peinado mientras camina frente a la cámara. Sonríe y le toman la foto.
Dos pasos después está el área de computadoras donde Genaro hace su examen de conocimientos. Pide ayuda con un par de preguntas, con lo que se entretiene unos cinco minutos más. En total lleva 23 minutos adentro de la Secretaría de Movilidad. Sale y solicita un turno para utilizar un auto de los que están al servicio de los ciudadanos. Hace su examen de manejo. Van 38 minutos.
Entre refrendos y trámites por primera vez, la Secretaría de Movilidad estima que el promedio de tardanza por una licencia es de 25 minutos. El mes pasado se entregaron 25 mil 795, un estimado de 859 diarias. Encabeza la lista de asuntos por los que los ciudadanos asisten a la Secretaría. Inconformidad de folios, por ejemplo, el promedio diario es 86; mientras que a solicitar la libertad de sus vehículos asisten unas 50 personas al día, informa la instancia de Difusión e Imagen de Movilidad.
A Genaro le entregan su licencia. Lo primero que hace es revisar la foto. La guarda. Camina a la puerta principal, ya de salida, con la mirada al frente porque busca a la mujer de mochila al hombro. Le da 20 pesos. La mujer los toma, pero mientras estira la mano le dice que es mucho dinero, que le da a cambio un par de plumas. Genaro se niega. La mujer ya no insiste. El dinero es para agradecer la ayuda que le dio hace 49 minutos, cuando inició con su trámite.
EL INFORMADOR / ALEJANDRA PEDROZA
La mujer de mochila al hombro es la única que esta mañana se acerca a ofrecer ayuda con quienes están por emprender la hazaña de un trámite de vialidad. Su estrategia es clara: aconseja y recibe dinero de quienes se lo quieran dar para agradecer. De eso y las plumas que vende saca para el día a día de ella y su hijo, quien se entretiene de improvisar juegos en la banqueta de la sede de la Secretaría. No hay más personas que se acerquen a ofrecer apoyo. No están quienes prometen a los ciudadanos que, a cambio de dinero, acelerarán su proceso o saltarán algunos turnos en la fila porque tienen contactos adentro de la oficina. No hay fila.
Genaro Gómez pidió llegar tarde a su trabajo porque se había programado sacar la licencia esta mañana. Acaba de llegar y en la plática espontánea con otras personas en la entrada expresa su flojera de comenzar el trámite. La última vez que vino tardó cuatro horas. Él acepta la ayuda de la mujer con mochila al hombro y le escucha las indicaciones de cómo llenar las solicitudes y cómo ordenar sus documentos. Entra.
Poner pie en la Secretaría de Movilidad es toparse con los módulos de información. Ahí Genaro frena y le indican que lo primero es pagar la cuota por su trámite. Paga. Lleva 10 minutos y ahora sí va por la licencia de conducir.
Hay barrotes de fierro para poner orden a las filas de personas, pero hoy están vacíos. Genaro no se para porque el paso está directo hacia el mostrador. Entrega sus papeles. Se reacomoda el peinado mientras camina frente a la cámara. Sonríe y le toman la foto.
Dos pasos después está el área de computadoras donde Genaro hace su examen de conocimientos. Pide ayuda con un par de preguntas, con lo que se entretiene unos cinco minutos más. En total lleva 23 minutos adentro de la Secretaría de Movilidad. Sale y solicita un turno para utilizar un auto de los que están al servicio de los ciudadanos. Hace su examen de manejo. Van 38 minutos.
Entre refrendos y trámites por primera vez, la Secretaría de Movilidad estima que el promedio de tardanza por una licencia es de 25 minutos. El mes pasado se entregaron 25 mil 795, un estimado de 859 diarias. Encabeza la lista de asuntos por los que los ciudadanos asisten a la Secretaría. Inconformidad de folios, por ejemplo, el promedio diario es 86; mientras que a solicitar la libertad de sus vehículos asisten unas 50 personas al día, informa la instancia de Difusión e Imagen de Movilidad.
A Genaro le entregan su licencia. Lo primero que hace es revisar la foto. La guarda. Camina a la puerta principal, ya de salida, con la mirada al frente porque busca a la mujer de mochila al hombro. Le da 20 pesos. La mujer los toma, pero mientras estira la mano le dice que es mucho dinero, que le da a cambio un par de plumas. Genaro se niega. La mujer ya no insiste. El dinero es para agradecer la ayuda que le dio hace 49 minutos, cuando inició con su trámite.
EL INFORMADOR / ALEJANDRA PEDROZA