Jalisco

El arte de la harina y el merengue en las academias de Zapopan

En los centros se enseña a las mujeres a hacer galletas, pan integral, pasteles y pan típico mexicano

GUADALAJARA, JALISCO (13/ABR/2013).- Hace 37 años que Alfredo López Villanueva llegó a Guadalajara con el objetivo de hacer vida: tener familia, amigos y trabajo. Lo que él no sabe es que desde hace ocho años como profesor de repostería en las academias municipales de Zapopan, él no sólo está haciendo su vida, sino que está encauzando la vida de cientos de mujeres que todos los días se esfuerzan por aprender a hacer galletas, pan integral, pasteles y pan típico mexicano.
 
"Lo más bonito es ver a las muchachas, que aprenden rápido y que se van independizando. Cuando llegan y te dicen que ya van a poner su propio negocio o cuando van a visitarte para contarte que les está yendo muy bien, esa es de las mejores partes de mi trabajo".
 
Alfredo es originario de El Fortín, Michoacán. Hace 23 años que comenzó en el arte de la harina y el merengue. Ha entrado a las entrañas de casi todas las panificadoras de Guadalajara de los últimos 25 años, desde la de Pedro Pan, pasando por La Francesa, hasta la pastelería OK y Mundo Café. Conoce la manera de operar en los programas federales que tienen la intención de construir tejido social: da clases con el programa federal de hábitat, y como ya lo dijimos, tiene ocho años yendo a las comunidades peligrosas de Zapopan para enseñar cómo se hace un buen pan.  
 
"Yo creo que la cocina, al igual que todo, evolucionó y ni cuenta nos dimos. Antes el pan sabía mejor no por los ingredientes, sino por la manera en que se hace pan. Yo les digo a mis alumnos que es mejor que amasen a mano, porque la batidora es la que le cambia el sabor a las mezclas".
 
Como un alquimista, Alfredo conoce la temperatura en la que un merengue se hace agua, memoriza la marca de la mantequilla que arruina el sabor del pan y sabe el momento exacto en que la levadura puede estropear el pastel de cumpleaños. Pero este hombre también sabe de convivencia social.
 
"Yo estaba en la academia (municipal) de el Centinela y nos iba bien. Era muy peligrosa, pero cuando saben que hay clases, las cosas se relajan. Ahora estamos en la academia de San Gonzalo. Allá también va mucha gente, pero sobre todo de colonias como la Mesa Colorada, de Tonalá... de muchas partes nos siguen".
 
Y es que, este hombre, quien sueña con poner su propia academia y dar clases particulares a quien lo necesita, sabe que su trabajo es más que dar recetas y supervisar batidos. Desde hace ocho años que este señor ha empoderado a mujeres que lo único que quieren "es ayudar con el gasto en la casa, porque con el salario del marido ya no alcanza. Y ellas también tienen derecho a ganarse su propio dinerito".

EL INFORMADOR / OMAR GARCÍA

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