Jalisco

Cruceros internacionales en la Perla Tapatía

Ahí migrantes solicitan el apoyo de gente solidaria que igual les ofrece dinero, comida o un “aventón” para llevarlas a comer

GUADALAJARA, JALISCO (18/DIC/2012).- Viajan rumbo a Estados Unidos para trabajar “en lo que sea”, pues la ausencia de papeles en este país —y no en la Unión Americana, según se les comentó en su natal Nicaragua— les impide ser reconocidas como ciudadanas. Las oportunidades en Managua, capital del país sudamericano, se vieron frustradas para ambas cuando claudicaron en el estudio debido a un embarazo temprano y no deseado. Su padre abandonó a su progenitora hace años, y éste se desentendió de cuatro hijos: dos de ellos más pequeños que Alma y Berenice Noriega, quienes a sus 18 años decidieron dejar todo atrás y subir a “La Bestia”, el promisorio transporte que les llevaría a un lugar mejor…

Pero las erratas en una mole de acero que es aprovechada tanto por ciudadanos esperanzados, como por peligrosos pandilleros con más tinta en el cuerpo que humanidad, son la constante. Las jóvenes, que aparentan una menor edad a la que defienden tener, han visto brazos, piernas y sueños destruidos cuando las vías crujen y un lamento fuerte, pero cada vez más distante, llega a sus oídos.

“Cuando escuchas que ‘La Mara’ o ‘La Migra’ se subió, hay que bajarse y correr. Pero como el tren va bien rápido, a muchos ‘los jala’ (…) Hay que darle la vuelta, perderte para que no te agarren, y luego volver a subirse. Así, como va de rápido, porque si no te quedas”.

Se les observa a ambas en la intersección de las avenidas Los Arcos y Mariano Otero. Ahí solicitan el apoyo de gente solidaria que igual les ofrece dinero, comida o un “aventón” para llevarlas a comer. Pero menos de dos décadas en este plano agudizaron su instinto, y las ofertas por un paseo cómodo en vehículos lujosos no son aceptadas. Según Berenice, “ni aunque sean familias enteras les aceptamos; no sabemos luego dónde podemos parar”.

El diálogo con ellas inicia lento y monosílabo. “Sí… No… Managua…”. Se alejan del lente del fotógrafo y piden anonimato, aunque después de un rato ambas se relajan y las palabras comienzan a fluir, ventilando el característico acento del país que las vio nacer. “No pudimos terminar los estudios, por falta de economía (…) Como también tenemos hijos nosotros, pues ocupan. Está difícil, mucha gente se preocupa porque viene Navidad y no apoyan”.  

“No apoyan”, sentencia Berenice, y acto seguido un vehículo se detiene por el rojo en el semáforo. Su conductora toma dos sándwiches y una bolsa de plástico llena de plátanos, y lo entrega a ambas. “Gracias”, mencionan en coro. Rato más tarde, una nueva pausa a la circulación y el sonar de un claxon atraen a Alma. Se acerca con cautela y regresa con un billete de 50 pesos en la mano. En 15 minutos de diálogo frente a la grabadora esa cifra creció en cantidad, y más de 100 pesos entraron a sus bolsillos.  

Una bocanada de humo de tabaco y el clamor de igualdad y no discriminación salen al mismo tiempo de su boca. Piden que la comunidad entienda que hay una vida atrás de su presencia en aquel crucero internacional. Y aunque la belleza de la ciudad es pretexto para considerar una estadía permanente en la Perla Tapatía, hay personas y autoridades que les recuerdan su estatus errante con gran constancia, pero aguantar sin responder y seguir recibiendo el apoyo de los menos resulta imperativo: Guadalajara aún no es su destino final, y dos niñas en Managua que apenas balbucean “mamá” cuentan con que ellas gocen de una buena suerte.

EL INFORMADOR / ISAACK DE LOZA

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