Internacional

''Un ser despreciable ha dejado este mundo'': Abuelas de Plaza de Mayo

Organizaciones civiles exigen que se abran los archivos secretos para acelerar la búsqueda de desaparecidos

''Un ser despreciable ha dejado este mundo'': Abuelas de Plaza de Mayo
BUENOS AIRES, ARGENTINA (18/MAY/2013).- La muerte del ex dictador argentino Jorge Rafael Videla fue recibida por las víctimas del régimen militar que encabezó y por organismos de defensa de los derechos humanos con la misma dureza que él demostró en vida.

“Me quedo tranquila de que un ser despreciable ha dejado este mundo”, dijo la titular de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carloto, tras conocer la noticia de su muerte.

Videla, de 87 años, falleció de muerte natural en una cárcel de la provincia de Buenos Aires, donde cumplía condena a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad. Lideró la primera junta militar entre el 24 de marzo de 1976 y el 29 de marzo de 1981, tras el golpe de Estado contra Isabel Perón. Entre mayo de 1978 y mayo de 1981 fue presidente militar y durante su mandato ejerció una gran represión.

Hijos de desaparecidos, víctimas de torturas y secuestros y activistas de derechos humanos emitieron duras palabras sobre Videla, quien no sólo no mostró nunca arrepentimiento sino que en sus últimas entrevistas arengó a los militares a levantarse contra el Gobierno de su país y luchar contra la subversión.

El argentino Adolfo Pérez Esquivel, el dirigente humanitario que recibió el Premio Nobel de la Paz en 1980 por sus denuncias  contra la dictadura, afirmó que no se alegra por la muerte del ex dictador, de quien, no obstante, dijo que hizo “mucho daño”. Añadió que “los militares guardan todo y algún día esa información va a salir a la luz”.

Amnistía Internacional (AI) y Human Rights Watch (HRW) destacaron el hecho de que no escapara a la justicia y que fuera juzgado, condenado y encarcelado en su propio país.

“Videla será recordado como el hombre que encabezó la dictadura más cruel de la historia de América”, indicó José Miguel Vivanco, director para el continente de HRW, en un comunicado.

“Argentina lideró el camino para perseguir a los responsables de la tortura, el asesinato y la desaparición de miles de personas durante los gobiernos militares en toda Latinoamérica”, señaló Mariel Belski, responsable de AI en Buenos Aires.

El vicepresidente argentino, Amado Boudou, dijo que lo más importante que se puede decir de él es que “terminó su vida preso, juzgado por una Justicia de la democracia y condenado por genocidio”.

Desde Uruguay, Macarena Gelman, cuyo padre fue asesinado, su madre secuestrada y desaparecida después de haberla traído al mundo y ella misma sufrió la pérdida de su identidad durante 23 años, manifestó su pesar porque Videla se llevó a la tumba la información sobre lo que ocurrió con los desaparecidos.

Por su parte, Nora Cortiñas, integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, reclamó que se abran todos los archivos secretos aún no revelados sobre la dictadura. “Se mueren los genocidas y no se van abriendo los archivos”.

PERFIL

El anticomunista


Nunca se arrepintió. El ex dictador argentino Jorge Rafael Videla reivindicó hasta su muerte los crímenes cometidos durante el último gobierno militar, porque consideró que tenía que exterminar a la “subversión comunista”.

Hacía años que era un asiduo visitante de los tribunales, pues tuvo que enfrentar dos juicios en los que fue condenado por genocidio y por el robo sistemático de bebés nacidos en las cárceles ilegales.

El pasado 5 de marzo comenzó el tercer juicio en su contra, en el que se juzga el “Plan Cóndor” que llevaron a cabo las dictaduras sudamericanas en los años setenta y ochenta para coordinar la represión regional y perseguir e intercambiar presos políticos.

Videla habló pocas veces, pero siempre para reivindicar una dictadura que dejó decenas de miles de “desaparecidos”, tantos, que esta palabra quedó inexorablemente ligada a Argentina en los informes internacionales de derechos humanos.

A fines de los ochenta, todavía como presidente de facto, el represor tuvo que dar públicamente una explicación sobre esos miles de argentinos capturados en sus casas o en la calle, y que no estaban en las cárceles, ni en ningún lado.

“Mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desaparecido”, dijo en una frase que pasó a la historia por el cinismo y desprecio con que trató a las víctimas.

Durante los últimos años, Videla desconoció la validez de los procesos, insistió en que un tribunal no era su “juez natural”, porque “sólo Dios puede condenarme” y calificó como “guerrilleros resentidos” a los presidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

PARA RECORDAR

El futbol y el campo de concentración


El dictador Jorge Rafael Videla celebó con entusiasmo los goles de Argentina en la final del Mundial de futbol de 1978 en el estadio Monumental ante Holanda, a menos de mil metros de un campo de concentración donde las Fuerzas Armadas torturaban y mataban gente.

> ANÁLISIS

Intrahistorias


Daniel Taborda (periodista)

Jorge Rafael Videla, aquel general delgado, de piel cetrina color mate y con rostro anguloso, fue condenado por delitos de lesa humanidad y murió a los 87 años, purgando una parte de sus crímenes —de los que nunca se arrepintió— en el penal de Marcos Paz, en la provincia de Buenos Aires. Esta es una historia más o menos conocida que la vuelve al primer plano por el hecho particular de su vulgar muerte en una celda. Fue un capítulo que se corporizó en miles y miles de intrahistorias, protagonizadas por personajes anónimos que por aquellos tiempos les tocó vivir-padecer-sufrir-emocionarse en Argentina.

Leer ''La Condición Humana'' de André Malraux era subversivo. Ni hablar de ''La interpretación de los sueños'' de Sigmund Freud o ''El Juguete Rabioso'' o ''Los Siete Locos'', de Roberto Artl. Literatura de alto riesgo. Era un peligro tener ese material en casa, a la vista de todos, porque quién sabe quién delataría a quién.

El sótano del bar del Richard, al frente de la Escuela de Ciencias de la Información, era el lugar para escuchar casetes, grabados y regrabados de Santiago Feliú, Silvio Rodríguez o Joan Manuel Serrat. “El Gordo” Báez y “El Tuerto” Requena, en ese entonces velador y director de la Escuela, respectivamente, sabían quiénes se juntaban en el lugar. Ellos sí conocían a la perfección de quién era el Citroën rojo 2CV estacionado siempre en la misma esquina, quién era la “novia rusa” de aquél tipo, qué lista estudiantil integraba.

Mejor, era caminar por la calle, no por la banqueta, en sentido contrario, de cara a la circulación de los autos porque así era más fácil ver los Falcon verde del Tercer Cuerpo de Ejército, en los que se manejaban los “servicios de inteligencia”. Los que secuestraban y desaparecían gente, previamente juzgada por ellos.

Los números telefónicos había que anotarlos al revés y era pecado mortal rayar con nombres propios apuntes de clase. Aún así las medidas no resultaban eficaces. Los camiones del Ejército cargados de civiles aterrorizados, reflectores, perros de Policía y armas largas, igual se aparecían por las noches en cualquier “casa de terrorista”. Algo habían hecho por lo que se les buscaba. Iban tras el “guerrillero de turno”, y si no estaba, igual les daba llevarse una foto, una tarjeta, una libreta de apuntes… ¡la agenda de teléfonos!

Nadie era dueño de sus cosas ni de su vida, así a quién reclamar las desapariciones, miles de recursos de hábeas corpus presentados, sin sentido, sin ton ni son.

Mariano Grondona y Bernardo Neustad en televisión; las revistas ''Siete Días'' y ''Gente'' eran los productos comunicativos de moda; mucha gente linda, mucha eficiencia, y el primer mundo como gran anhelo de vida único y nacional.  

Eran aquellos medios los traductores, a nivel micro, cotidiano, del mensaje de la Junta Militar para que la gente entendiera de una vez por todas y para siempre de lo que se quería decir.

Un modelo que Videla fraguó desde el Proceso de Reorganización Nacional, en el que importaban los objetivos y no los plazos, y que sirvió para poner en marcha, desde el Estado, un plan sistemático de terror.

En lo económico, el ministro José Martínez de Hoz, como punta del iceberg,  aterrizó la política económica neoliberal, que fue el punto de inicio de uno de los procesos más crudos de vaciamiento y entrega de recursos nacionales a capitales financieros, so pretexto de la eficiencia: lo privado era, según los traductores del sistema, a los que después se les llamó la “prensa canalla”, sinónimo de eficacia.

Falleció Videla, no murió impune. Los anónimos de la intrahistoria, los que se quedaron para contarla, perpetúan hoy la convicción del ''Nunca Más''.

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