Internacional
''Indignados'' celebran con ''cacerolada'' primer aniversario
Personas de todas las edades salen a las calles para protestar contra la crisis recurrente y la falta de empleo
MADRID, ESPAÑA (16/MAY/2012).- Fecha inolvidable. El movimiento de protesta social de los “indignados” culminó ayer la celebración de su primer aniversario con movilizaciones en varias ciudades de España en el último de cuatro días de manifestaciones y asambleas populares para denunciar la crisis y la corrupción.
Cientos de personas participaron por la tarde en una masiva “cacerolada” en la Puerta del Sol de Madrid, donde el ruido de todo tipo de cacharros reemplazó al “grito mudo” con el que los “indignados” habían inaugurado el sábado las movilizaciones para conmerorar su primer año.
Esta ruidosa protesta dio paso a la cuarta y última gran asamblea popular en esta céntrica plaza madrileña, donde el 15 de mayo del año pasado había surgido el campamento de carpas y sacos de dormir que se convirtió durante un mes en el símbolo del hartazgo popular por la crisis.
El movimiento “va avanzando, se ha movido durante un año, aunque mucha gente creía que se iba a terminar”, afirma Gastón Tagtachian, de 31 años, estudiante de fotografía argentino afincado en España.
Desde que el sábado comenzaron los “indignados”, con marchas en varias ciudades que sacaron a la calle a unas 30 mil personas en Madrid y 45 mil en Barcelona, las autoridades de la capital sólo autorizaron las concentraciones hasta las 22:00 horas.
Tres noches consecutivas, la Policía intervino de madrugada para desalojar a los grupos de manifestantes que pretendían mantener una “asamblea permanente” en la Puerta del Sol, con un saldo total de 28 detenidos que poco a poco iban siendo puestos en libertad.
También los activistas que acampaban en la barcelonesa Plaza de Cataluña, donde el sábado instalaron un “ágora” de debate ciudadano en una ocupación tolerada por las autoridades locales, debían levantar ayer el campamento.
En Barcelona, esta última jornada se dedicó a protestar ante oficinas y sedes de bancos, acusados por los de manifestantes ser principal “culpable y beneficiaria de la crisis”.
“Llevamos cuatro años de crisis, cuatro años de estafa, en los que (...) asistimos a un desmantelamiento de la sanidad y la educación pública, un trasvase de dinero público hacia entidades financieras privadas, un empobrecimiento de la población”, fustigó en un comunicado la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).
“Esto no es crisis, esto es una estafa” fue uno de los gritos más escuchados en la concentración barcelonesa, mayoritariamente de jóvenes pero en la que también hubo representes de la tercera edad. Símbolo más visible de la crisis, desde el estallido de la burbuja inmobiliaria española en 2008, unas 300 mil familias —españolas e inmigrantes— fueron desahuciadas de sus hogares por impago en un país donde el desempleo afecta ya a 24.44% de la población activa.
Pese a la confiscación de la vivienda, estas personas mantienen las deudas con sus bancos, una práctica contra la cual luchan los “indignados” y sobre la que el Gobierno aprobó un “código de buenas prácticas”, voluntario para los bancos, que protege a los más desfavorecidos.
FRASE
"Estamos junto a los jóvenes que luchan por aquellos derechos por los que peleamos contra el franquismo y luego conseguimos y ellos pueden perder "
Tomás Romero, taxista jubilado de 66 años suma su voz al movimiento.
Cientos de personas participaron por la tarde en una masiva “cacerolada” en la Puerta del Sol de Madrid, donde el ruido de todo tipo de cacharros reemplazó al “grito mudo” con el que los “indignados” habían inaugurado el sábado las movilizaciones para conmerorar su primer año.
Esta ruidosa protesta dio paso a la cuarta y última gran asamblea popular en esta céntrica plaza madrileña, donde el 15 de mayo del año pasado había surgido el campamento de carpas y sacos de dormir que se convirtió durante un mes en el símbolo del hartazgo popular por la crisis.
El movimiento “va avanzando, se ha movido durante un año, aunque mucha gente creía que se iba a terminar”, afirma Gastón Tagtachian, de 31 años, estudiante de fotografía argentino afincado en España.
Desde que el sábado comenzaron los “indignados”, con marchas en varias ciudades que sacaron a la calle a unas 30 mil personas en Madrid y 45 mil en Barcelona, las autoridades de la capital sólo autorizaron las concentraciones hasta las 22:00 horas.
Tres noches consecutivas, la Policía intervino de madrugada para desalojar a los grupos de manifestantes que pretendían mantener una “asamblea permanente” en la Puerta del Sol, con un saldo total de 28 detenidos que poco a poco iban siendo puestos en libertad.
También los activistas que acampaban en la barcelonesa Plaza de Cataluña, donde el sábado instalaron un “ágora” de debate ciudadano en una ocupación tolerada por las autoridades locales, debían levantar ayer el campamento.
En Barcelona, esta última jornada se dedicó a protestar ante oficinas y sedes de bancos, acusados por los de manifestantes ser principal “culpable y beneficiaria de la crisis”.
“Llevamos cuatro años de crisis, cuatro años de estafa, en los que (...) asistimos a un desmantelamiento de la sanidad y la educación pública, un trasvase de dinero público hacia entidades financieras privadas, un empobrecimiento de la población”, fustigó en un comunicado la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).
“Esto no es crisis, esto es una estafa” fue uno de los gritos más escuchados en la concentración barcelonesa, mayoritariamente de jóvenes pero en la que también hubo representes de la tercera edad. Símbolo más visible de la crisis, desde el estallido de la burbuja inmobiliaria española en 2008, unas 300 mil familias —españolas e inmigrantes— fueron desahuciadas de sus hogares por impago en un país donde el desempleo afecta ya a 24.44% de la población activa.
Pese a la confiscación de la vivienda, estas personas mantienen las deudas con sus bancos, una práctica contra la cual luchan los “indignados” y sobre la que el Gobierno aprobó un “código de buenas prácticas”, voluntario para los bancos, que protege a los más desfavorecidos.
FRASE
"Estamos junto a los jóvenes que luchan por aquellos derechos por los que peleamos contra el franquismo y luego conseguimos y ellos pueden perder "
Tomás Romero, taxista jubilado de 66 años suma su voz al movimiento.