Internacional
Hollande cierra un pésimo año en El Elíseo
Un brutal desplome de popularidad marca el aniversario del inicio de su mandato
PARÍS, FRANCIA (06/MAY/2013).- El Elíseo no polemiza con Alemania. Su mensaje es que la alianza franco-alemana sigue trabajando y siendo crucial para Europa, y que la relación acabará dando los frutos necesarios para lograr una Unión Europea más solidaria e integrada que permita salir de la que probablemente es la crisis —existencial y de credibilidad, sobre todo— más profunda de la historia. Pese a los desacuerdos, “normales en una amistad tan estrecha y especial como la que tienen París y Berlín después de mucho tiempo de odiarse”, explica un portavoz de François Hollande, “Alemania ha entendido que la crisis y la división perjudican a sus intereses nacionales”.
París cree que Angela Merkel reaccionará para consensuar con Francia y el resto de socios una Europa más unida y eficaz, y quizá, como piden los socialistas, “más cercana a los pueblos que a los mercados”. Pero eso solo será, si es, tras las elecciones alemanas de septiembre. En ningún caso antes.
El problema es que Hollande tiene prisa: Europa es el clavo ardiendo que puede salvar su mandato. El presidente socialista ha vivido un primer “año terrible”, como titulaba el martes Le Monde, y tras una década de gobiernos y de tres presidencias conservadoras, sabe por experiencia que, aunque la prima de riesgo francesa viaje en el mismo vagón que la alemana, sin una Europa próspera y más solidaria no hay crecimiento, ni reducción del desempleo, ni siquiera salvación política.
Los datos son claros: la popularidad del presidente se mueve en simas cercanas a 27%, y desde que llegó al Elíseo ha ido acumulando malas noticias hasta coronar en la peor: el desempleo alcanzó en marzo 10.6%, su cota más alta desde 1997. En menos de un año, el Partido Socialista (PS) ha perdido buena parte del crédito ciudadano que obtuvo en las presidenciales y las legislativas, y teme, con razón, que el creciente descontento social pueda suponer un castigo de grandes proporciones en las elecciones municipales y europeas de 2014.
En ese sentido, el presidente francés no está en absoluto alarmado por la precipitada filtración del agresivo borrador redactado por la dirección del PS, que fustigaba el egoísmo de la derecha alemana y el thatcherismo de la derecha británica. Según el portavoz del Elíseo, la polémica es solo “una anécdota mediática de corto alcance”.
Más allá de la polvareda, queda la sustancia: Francia quiere y necesita que Europa cambie y que lo haga rápido. El impulso europeísta es obligado para Hollande, y todo hace pensar que la escritura de un nuevo programa con la marca de la casa del PS es el primer paso hacia una política de Estado más agresiva en Bruselas. Las líneas maestras estaban ya en el programa electoral, pero el giro político se ha convertido en una necesidad imperiosa para un presidente y un partido atenazados por la política de rigor presupuestario, y vistos por muchos electores de izquierda como un equipo voluntarista pero inerme ante el poder de la gran tenaza formada por las finanzas sin reglas, los mercados especulativos y los Gobiernos conservadores.
Aunque el PS y el Elíseo afirman que desde junio “se ha avanzado en la unión y la supervisión bancaria, en la tasa Tobin, en el pacto por el crecimiento y en la liquidez que tanto preocupa, lo cierto es que Hollande no ha podido convencer a Merkel de poner fin a las sangrías de los recortes para probar con los estímulos.
Traicionados
Y sí, el tiempo parece acabarse. La izquierda radical, que critica las “promesas traicionadas” por los socialistas en el poder en Francia, reunió ayer a decenas de miles de manifestantes en París en una demostración de fuerza un día antes de que se cumpliera el primer aniversario de la elección de Hollande como presidente.
Los seguidores del Frente de Izquierda (FG), liderados por Jean-Luc Mélenchon, convocaron una “manifestación ciudadana” contra la “austeridad, las finanzas y por una VI República”.
“No queremos a las finanzas en el poder. No aceptamos las políticas de austeridad”, dijo Mélenchon.
El FG reivindicó la asistencia de 180 mil manifestantes, mientras que la policía avanzó la cifra de 30 mil participantes.
Con información de El País y AFP
> REUNIÓN FRANCIA-ALEMANIA
Un acuerdo sobre bases firmes
PARÍS, FRANCIA.- El congreso europeo del Partido Socialista (PS) será el 16 de junio, dos semanas antes del Consejo en el que Alemania y Francia deberían presentar ideas conjuntas. Esa será la prueba definitiva para François Hollande.
Pero El Elíseo rebaja las expectativas, ya que no pone toda su confianza en esa cumbre: “Alemania estará pendiente de sus elecciones y no creemos que se pueda avanzar mucho. Llevaremos reflexiones conjuntas, pero no parece el momento de anunciar grandes cambios”.
París intentará forjar un acuerdo europeo sobre pilares fundamentales, anunciados en el texto del PS: El cambio de los estatutos del Banco Central Europeo, la licencia bancaria para el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), y la mutualización de la deuda: los famosos eurobonos. Son cuestiones tabú en Alemania, pero El Elíseo no es tan pesimista como antes. “Son asuntos importantes que hay que debatir con todos y sobre todo con Alemania. Estamos trabajando intensamente para buscar un consenso. Cuanto antes lo consigamos mejor será para la Zona Euro y para la Unión Europea (UE). Cuanta más confianza generemos y más integrados estemos, más fuerte será Europa y antes volverá la confianza. Tenemos que fortalecernos. La imagen de una UE dividida que no logra decidir sobre su futuro es una pésima señal”.
> SONDEOS DE INTENCIÓN DE VOTOS
Le Pen sube en las preferencias
PARÍS, FRANCIA.- “Hollande decepcionará primero a los franceses y enseguida a los propios socialistas”. Eso profetizó hace un año Marine Le Pen, la lideresa del Frente Nacional francés. El tiempo parece haberle dado la razón, y la ganadora moral de aquellas presidenciales —logró un histórico 17.9% de los votos en el primer turno, y muchas de sus ideas fueron plagiadas por Nicolas Sarkozy durante la campaña de la segunda vuelta— está más preparada que nunca para pescar en el río revuelto del desencanto popular en las elecciones europeas y municipales de la próxima primavera.
El Frente Nacional celebró el pasado miércoles su particular Primero de Mayo con su tradicional homenaje a Juana de Arco en París. Y este año la ultraderecha francesa tiene cosas que festejar. La coyuntura económica (o antieconómica) y la situación política (o antipolítica) conforman el escenario soñado desde hace tres décadas por la familia Le Pen. El Gobierno socialista se ha desgastado y ha vivido una enorme crisis moral por el escándalo del exministro de Hacienda que ocultaba su dinero en Suiza. La Unión por un Movimiento Popular (UMP) está partida por la mitad con dos líderes irreconciliables (Jean-François Copé y François Fillon) y sigue sintiendo nostalgia del retirado Nicolas Sarkozy. El antieuropeísmo no deja de crecer en toda la Unión Europea (UE) y el aumento histórico del paro favorece el desconsuelo social.
Un sondeo publicado por Le Figaro estima que Marine Le Pen sería otra vez la tercera candidata más votada si se celebraran hoy las elecciones presidenciales. Obtendría 21% de las preferencias, tres puntos más que hace un año, tras Sarkozy (28%) y Hollande (23%). Le Pen aumentaría su ventaja sobre su enemigo preferido, Jean-Luc Mélenchon, líder del Frente de Izquierda, que rozaría 11%. Pero otro sondeo de la televisión BFM indica que Le Pen está ya por delante de Hollande. Estos inquietantes datos, que explican la reacción antialemana del Partido Socialista (PS), se alinean con un cambio estratégico decidido por Le Pen en los últimos meses. La eurodiputada ha ido cambiando de actitud y de lenguaje y al oírla el miércoles muchos pensarían que milita en la extrema izquierda. El eslogan elegido para el acto del primero de mayo fue “Antes que nada, el pueblo”, y cada vez son más frecuentes sus apelaciones a proteger a “los invisibles, los olvidados, las víctimas de la crisis”, que atribuye al “horror ultraliberal que ha creado la sociedad de la pobreza y de las desigualdades extremas”.
Identificando a la UMP y al PS como cómplices de un mismo sistema de notables más cercano al poder financiero que a los ciudadanos y a la clase media, Le Pen ataca los efectos nocivos del euro citando los análisis del sociólogo Emmanuel Todd, muy cercano al ministro socialista Arnaud Montebourg, y adversario acérrimo del Frente Nacional.
La operación de estética iniciada hace tres años, cuando la hábil oradora sustituyó al anciano padre exparacaidista, ha dado otro sibilino giro aprovechando las manifestaciones contra la ley del matrimonio gay. Contra la opinión de otros dirigentes, Le Pen no se ha involucrado en las protestas de los tradicionalistas católicos y obligó a los representantes de su grupo a participar sólo a título personal. Así que cuando la organizadora de la protesta, Frigide Barjot, renegó de la violencia de la extrema derecha, Le Pen no sufrió el menor desgaste.
Lo más inquietante es la investigación de Libération, que reveló que el FN lleva meses trabajando en silencio captando y formando a jóvenes militantes con la idea de ampliar y rejuvenecer su aparato político. Se trata de una estrategia de management a largo plazo, realizada puerta a puerta por los pueblos, que imparte a jovencísimos adeptos el ideario xenófobo de siempre. El diario la define como una ‘mutación subterránea de gran aliento’. La neomaoísta Le Pen la llama su “revolución cultural”.
París cree que Angela Merkel reaccionará para consensuar con Francia y el resto de socios una Europa más unida y eficaz, y quizá, como piden los socialistas, “más cercana a los pueblos que a los mercados”. Pero eso solo será, si es, tras las elecciones alemanas de septiembre. En ningún caso antes.
El problema es que Hollande tiene prisa: Europa es el clavo ardiendo que puede salvar su mandato. El presidente socialista ha vivido un primer “año terrible”, como titulaba el martes Le Monde, y tras una década de gobiernos y de tres presidencias conservadoras, sabe por experiencia que, aunque la prima de riesgo francesa viaje en el mismo vagón que la alemana, sin una Europa próspera y más solidaria no hay crecimiento, ni reducción del desempleo, ni siquiera salvación política.
Los datos son claros: la popularidad del presidente se mueve en simas cercanas a 27%, y desde que llegó al Elíseo ha ido acumulando malas noticias hasta coronar en la peor: el desempleo alcanzó en marzo 10.6%, su cota más alta desde 1997. En menos de un año, el Partido Socialista (PS) ha perdido buena parte del crédito ciudadano que obtuvo en las presidenciales y las legislativas, y teme, con razón, que el creciente descontento social pueda suponer un castigo de grandes proporciones en las elecciones municipales y europeas de 2014.
En ese sentido, el presidente francés no está en absoluto alarmado por la precipitada filtración del agresivo borrador redactado por la dirección del PS, que fustigaba el egoísmo de la derecha alemana y el thatcherismo de la derecha británica. Según el portavoz del Elíseo, la polémica es solo “una anécdota mediática de corto alcance”.
Más allá de la polvareda, queda la sustancia: Francia quiere y necesita que Europa cambie y que lo haga rápido. El impulso europeísta es obligado para Hollande, y todo hace pensar que la escritura de un nuevo programa con la marca de la casa del PS es el primer paso hacia una política de Estado más agresiva en Bruselas. Las líneas maestras estaban ya en el programa electoral, pero el giro político se ha convertido en una necesidad imperiosa para un presidente y un partido atenazados por la política de rigor presupuestario, y vistos por muchos electores de izquierda como un equipo voluntarista pero inerme ante el poder de la gran tenaza formada por las finanzas sin reglas, los mercados especulativos y los Gobiernos conservadores.
Aunque el PS y el Elíseo afirman que desde junio “se ha avanzado en la unión y la supervisión bancaria, en la tasa Tobin, en el pacto por el crecimiento y en la liquidez que tanto preocupa, lo cierto es que Hollande no ha podido convencer a Merkel de poner fin a las sangrías de los recortes para probar con los estímulos.
Traicionados
Y sí, el tiempo parece acabarse. La izquierda radical, que critica las “promesas traicionadas” por los socialistas en el poder en Francia, reunió ayer a decenas de miles de manifestantes en París en una demostración de fuerza un día antes de que se cumpliera el primer aniversario de la elección de Hollande como presidente.
Los seguidores del Frente de Izquierda (FG), liderados por Jean-Luc Mélenchon, convocaron una “manifestación ciudadana” contra la “austeridad, las finanzas y por una VI República”.
“No queremos a las finanzas en el poder. No aceptamos las políticas de austeridad”, dijo Mélenchon.
El FG reivindicó la asistencia de 180 mil manifestantes, mientras que la policía avanzó la cifra de 30 mil participantes.
Con información de El País y AFP
> REUNIÓN FRANCIA-ALEMANIA
Un acuerdo sobre bases firmes
PARÍS, FRANCIA.- El congreso europeo del Partido Socialista (PS) será el 16 de junio, dos semanas antes del Consejo en el que Alemania y Francia deberían presentar ideas conjuntas. Esa será la prueba definitiva para François Hollande.
Pero El Elíseo rebaja las expectativas, ya que no pone toda su confianza en esa cumbre: “Alemania estará pendiente de sus elecciones y no creemos que se pueda avanzar mucho. Llevaremos reflexiones conjuntas, pero no parece el momento de anunciar grandes cambios”.
París intentará forjar un acuerdo europeo sobre pilares fundamentales, anunciados en el texto del PS: El cambio de los estatutos del Banco Central Europeo, la licencia bancaria para el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), y la mutualización de la deuda: los famosos eurobonos. Son cuestiones tabú en Alemania, pero El Elíseo no es tan pesimista como antes. “Son asuntos importantes que hay que debatir con todos y sobre todo con Alemania. Estamos trabajando intensamente para buscar un consenso. Cuanto antes lo consigamos mejor será para la Zona Euro y para la Unión Europea (UE). Cuanta más confianza generemos y más integrados estemos, más fuerte será Europa y antes volverá la confianza. Tenemos que fortalecernos. La imagen de una UE dividida que no logra decidir sobre su futuro es una pésima señal”.
> SONDEOS DE INTENCIÓN DE VOTOS
Le Pen sube en las preferencias
PARÍS, FRANCIA.- “Hollande decepcionará primero a los franceses y enseguida a los propios socialistas”. Eso profetizó hace un año Marine Le Pen, la lideresa del Frente Nacional francés. El tiempo parece haberle dado la razón, y la ganadora moral de aquellas presidenciales —logró un histórico 17.9% de los votos en el primer turno, y muchas de sus ideas fueron plagiadas por Nicolas Sarkozy durante la campaña de la segunda vuelta— está más preparada que nunca para pescar en el río revuelto del desencanto popular en las elecciones europeas y municipales de la próxima primavera.
El Frente Nacional celebró el pasado miércoles su particular Primero de Mayo con su tradicional homenaje a Juana de Arco en París. Y este año la ultraderecha francesa tiene cosas que festejar. La coyuntura económica (o antieconómica) y la situación política (o antipolítica) conforman el escenario soñado desde hace tres décadas por la familia Le Pen. El Gobierno socialista se ha desgastado y ha vivido una enorme crisis moral por el escándalo del exministro de Hacienda que ocultaba su dinero en Suiza. La Unión por un Movimiento Popular (UMP) está partida por la mitad con dos líderes irreconciliables (Jean-François Copé y François Fillon) y sigue sintiendo nostalgia del retirado Nicolas Sarkozy. El antieuropeísmo no deja de crecer en toda la Unión Europea (UE) y el aumento histórico del paro favorece el desconsuelo social.
Un sondeo publicado por Le Figaro estima que Marine Le Pen sería otra vez la tercera candidata más votada si se celebraran hoy las elecciones presidenciales. Obtendría 21% de las preferencias, tres puntos más que hace un año, tras Sarkozy (28%) y Hollande (23%). Le Pen aumentaría su ventaja sobre su enemigo preferido, Jean-Luc Mélenchon, líder del Frente de Izquierda, que rozaría 11%. Pero otro sondeo de la televisión BFM indica que Le Pen está ya por delante de Hollande. Estos inquietantes datos, que explican la reacción antialemana del Partido Socialista (PS), se alinean con un cambio estratégico decidido por Le Pen en los últimos meses. La eurodiputada ha ido cambiando de actitud y de lenguaje y al oírla el miércoles muchos pensarían que milita en la extrema izquierda. El eslogan elegido para el acto del primero de mayo fue “Antes que nada, el pueblo”, y cada vez son más frecuentes sus apelaciones a proteger a “los invisibles, los olvidados, las víctimas de la crisis”, que atribuye al “horror ultraliberal que ha creado la sociedad de la pobreza y de las desigualdades extremas”.
Identificando a la UMP y al PS como cómplices de un mismo sistema de notables más cercano al poder financiero que a los ciudadanos y a la clase media, Le Pen ataca los efectos nocivos del euro citando los análisis del sociólogo Emmanuel Todd, muy cercano al ministro socialista Arnaud Montebourg, y adversario acérrimo del Frente Nacional.
La operación de estética iniciada hace tres años, cuando la hábil oradora sustituyó al anciano padre exparacaidista, ha dado otro sibilino giro aprovechando las manifestaciones contra la ley del matrimonio gay. Contra la opinión de otros dirigentes, Le Pen no se ha involucrado en las protestas de los tradicionalistas católicos y obligó a los representantes de su grupo a participar sólo a título personal. Así que cuando la organizadora de la protesta, Frigide Barjot, renegó de la violencia de la extrema derecha, Le Pen no sufrió el menor desgaste.
Lo más inquietante es la investigación de Libération, que reveló que el FN lleva meses trabajando en silencio captando y formando a jóvenes militantes con la idea de ampliar y rejuvenecer su aparato político. Se trata de una estrategia de management a largo plazo, realizada puerta a puerta por los pueblos, que imparte a jovencísimos adeptos el ideario xenófobo de siempre. El diario la define como una ‘mutación subterránea de gran aliento’. La neomaoísta Le Pen la llama su “revolución cultural”.