Internacional
Cubanos sufren por el ruido sin control
La legislación sobre la protección del medio ambiente es muy estricta, pero cada vez más particulares y comercios la incumplen
LA HABANA.- Emeterio y Eva son dos octogenarios víctimas como la mayoría de sus connacionales de una epidemia que se extiende sin control en Cuba: la contaminación acústica, o sea el ruido ambiental que castiga desde recién nacidos hasta ancianos.
La pareja, residente en la ciudad oriental de Holguín, se queja del ruido atormentador que está afectando su calidad de vida, como ocurre en otras urbes de la isla, en especial esta capital de la nación caribeña.
“Existen en nuestro país varias leyes sobre la emisión de los ruidos, entre ellas, la Ley 81/97 del Medio Ambiente que en su precepto 147 prohibe producir ruidos y sonidos que afecten la salud humana o dañen su calidad de vida”.
Eva y Emeterio, de 84 y 89 años, denunciaron en el diario oficial “Granma” que “nadie se ocupa de hacer cumplir” el decreto Ley 141/84 del Ministerio del Interior que considera la contaminación acústica “una contravención del orden público y una indisciplina social”.
El periódico, del gobernante Partido Comunista, divulgó su carta con el título “Nadie se ocupa de la contaminación acústica”.
“Además de la existencia de otras leyes y disposiciones que hacen prevalecer la calma y tranquilidad de los ciudadanos”, dijeron los ancianos y señalaron que fueron ignorados por el delegado y el presidente del Poder Popular (Gobierno local).
Ni se oyen entre ellos
En el Bulevar de La Habana se instalaron equipos de audio de gran potencia que, “sin exagerar, impiden a los vecinos comunicarse dentro de sus casas como no sea a gritos, no podemos disfrutar de la televisión y mucho menos dormir”.
Las quejas de Emeterio y Eva ni son nuevas, ni únicas, ni privativas de Holguín, ubicado a unos 750 kilómetros de la capital donde el ruido ambiental, según un reportaje difundido el jueves por la televisión estatal, llegó a los buses de pasajeros del sistema de transporte urbano.
Esos vehículos adquiridos para aliviar la crisis del sector están dotados de sistemas de audio a través del cual, en lugar de música relajante, los pasajeros, abrumados por las carencias de la vida cotidiana en la isla, soportan indefensos música de reguetón a todo volumen.
La plaga de “contaminacion sonora” que afecta la vida en hogares y en centros de trabajo se extiende a muchos restaurantes y cafeterías, todos bajo control del Estado, donde los comensales gritan para hacerse oír por encima del alto nivel música bailable o cantantes estridentes.
Taxistas particulares “destrozan” los oídos de sus pasajeros con potentes bocinas dentro de sus viejos autos estadounidenses de las décadas del 30 al 50 del siglo pasado que recorren la ciudad en itinerarios fijos.
Pero el problema no termina ahí: es común que muchas personas coloquen fuera de sus casas altoparlantes sin importarles que perturban la paz de sus vecinos o, incluso, de quienes asisten al consultorio médico del barrio.
La prensa estatal se ocupa en forma periódica del tema, y tanto psicólogos como especialistas del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente se han referido al problema en programas de televisión.
Sinfonía de claxons
“Granma” se pregunta si hay reglas para erradicar la “sinfonía nocturna de claxons por las avenidas, o al amanecer debajo de los edificios multifamiliares (...) o de los chicos de la nueva onda en sus carros con el reguetón a todo volumen".
De acuerdo con la legislación cubana, el Ministerio de Salud Pública es el organismo encargado del control sanitario, a través de sus direcciones municipales de Higiene y Epidemiología.
Desde agosto de 1999 está vigente en esta capital un reglamento para controlar la “agresión sonora” en las zonas residenciales de la capital, fijando los niveles máximos admisibles de ruido en horarios diurnos y nocturnos en viviendas e instalaciones sociales.
Pero la solución, como para muchos otros males de la sociedad isleña, demora y no por falta de reglamentos, leyes e inspectores.
En medio de la impunidad de los infractores muchos se preguntan cómo y cuándo los agentes profesionales del orden, inspectores incluidos, aplicarán de forma efectiva la ley porque como dice Luis, un viejo carpintero jubilado: “Todo está legislado, lo que falta es cumplirlo”.
Viejos taxis de turismo son de los que más molestan con sus equipos de audio a todo volumen.
La pareja, residente en la ciudad oriental de Holguín, se queja del ruido atormentador que está afectando su calidad de vida, como ocurre en otras urbes de la isla, en especial esta capital de la nación caribeña.
“Existen en nuestro país varias leyes sobre la emisión de los ruidos, entre ellas, la Ley 81/97 del Medio Ambiente que en su precepto 147 prohibe producir ruidos y sonidos que afecten la salud humana o dañen su calidad de vida”.
Eva y Emeterio, de 84 y 89 años, denunciaron en el diario oficial “Granma” que “nadie se ocupa de hacer cumplir” el decreto Ley 141/84 del Ministerio del Interior que considera la contaminación acústica “una contravención del orden público y una indisciplina social”.
El periódico, del gobernante Partido Comunista, divulgó su carta con el título “Nadie se ocupa de la contaminación acústica”.
“Además de la existencia de otras leyes y disposiciones que hacen prevalecer la calma y tranquilidad de los ciudadanos”, dijeron los ancianos y señalaron que fueron ignorados por el delegado y el presidente del Poder Popular (Gobierno local).
Ni se oyen entre ellos
En el Bulevar de La Habana se instalaron equipos de audio de gran potencia que, “sin exagerar, impiden a los vecinos comunicarse dentro de sus casas como no sea a gritos, no podemos disfrutar de la televisión y mucho menos dormir”.
Las quejas de Emeterio y Eva ni son nuevas, ni únicas, ni privativas de Holguín, ubicado a unos 750 kilómetros de la capital donde el ruido ambiental, según un reportaje difundido el jueves por la televisión estatal, llegó a los buses de pasajeros del sistema de transporte urbano.
Esos vehículos adquiridos para aliviar la crisis del sector están dotados de sistemas de audio a través del cual, en lugar de música relajante, los pasajeros, abrumados por las carencias de la vida cotidiana en la isla, soportan indefensos música de reguetón a todo volumen.
La plaga de “contaminacion sonora” que afecta la vida en hogares y en centros de trabajo se extiende a muchos restaurantes y cafeterías, todos bajo control del Estado, donde los comensales gritan para hacerse oír por encima del alto nivel música bailable o cantantes estridentes.
Taxistas particulares “destrozan” los oídos de sus pasajeros con potentes bocinas dentro de sus viejos autos estadounidenses de las décadas del 30 al 50 del siglo pasado que recorren la ciudad en itinerarios fijos.
Pero el problema no termina ahí: es común que muchas personas coloquen fuera de sus casas altoparlantes sin importarles que perturban la paz de sus vecinos o, incluso, de quienes asisten al consultorio médico del barrio.
La prensa estatal se ocupa en forma periódica del tema, y tanto psicólogos como especialistas del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente se han referido al problema en programas de televisión.
Sinfonía de claxons
“Granma” se pregunta si hay reglas para erradicar la “sinfonía nocturna de claxons por las avenidas, o al amanecer debajo de los edificios multifamiliares (...) o de los chicos de la nueva onda en sus carros con el reguetón a todo volumen".
De acuerdo con la legislación cubana, el Ministerio de Salud Pública es el organismo encargado del control sanitario, a través de sus direcciones municipales de Higiene y Epidemiología.
Desde agosto de 1999 está vigente en esta capital un reglamento para controlar la “agresión sonora” en las zonas residenciales de la capital, fijando los niveles máximos admisibles de ruido en horarios diurnos y nocturnos en viviendas e instalaciones sociales.
Pero la solución, como para muchos otros males de la sociedad isleña, demora y no por falta de reglamentos, leyes e inspectores.
En medio de la impunidad de los infractores muchos se preguntan cómo y cuándo los agentes profesionales del orden, inspectores incluidos, aplicarán de forma efectiva la ley porque como dice Luis, un viejo carpintero jubilado: “Todo está legislado, lo que falta es cumplirlo”.
Viejos taxis de turismo son de los que más molestan con sus equipos de audio a todo volumen.