Internacional

Chávez ve posible ataque a Venezuela desde Colombia

El presidente de Venezuela deja abierta la posibilidad de normalizar la relación con Bogotá cuando asuma el presidente electo, Juan Manuel Santos

CARACAS, VENEZUELA (26/JUL/2010).- El presidente venezolano, Hugo Chávez Frías, canceló su viaje a Cuba previsto para ayer porque aseguró tener informes de inteligencia que indicaban que Colombia intentaría agredir Venezuela.

En un evento masivo de su partido en el Estadio de la Rinconada de Caracas, Chávez hizo el anuncio: “He decidido y así ya lo he comunicado al Gobierno cubano, a Raúl Castro, suspender el viaje que tenía hoy para Cuba después de este acto”.

El mandatario dijo que tiene información de inteligencia que le permite establecer que la posibilidad de una agresión armada contra territorio venezolano desde Colombia tiene una probabilidad como nunca la tuvo en todos estos años.

Además acusó a Washington de ser “el gran culpable” y “el gran instigador” de preparar una “fuerza de contención” para apoyar esa eventual agresión.

Chávez tenía previsto participar hoy en el acto de conmemoración del comienzo de la Revolución Cubana, el frustrado asalto al cuartel Moncada en 1953 por un grupo guerrillero encabezado por Fidel Castro.

Venezuela rompió relaciones con Colombia el jueves pasado, horas después que Bogotá denunciara ante la Organización de Estados Americanos (OEA) la presencia “activa” de unos mil 500 guerrilleros colombianos dentro de territorio venezolano.

Ese mismo día Chávez pidió a las Fuerzas Armadas de su país estar en “máxima alerta” en la zona fronteriza con Colombia para prevenir un eventual ataque.

Para la frontera común entre ambos países de frontera de dos mil kilómetros de extensión, ordenó desplegar a un total de 20 mil militares.

Chávez ha negado la versión colombiana desde el jueves y ayer, en el acto público del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), volvió a defenderse: “Nosotros rechazamos, hemos rechazado y rechazaremos siempre la posibilidad de que una fuerza guerrillera extranjera o paramilitar extranjera o militar extranjera se instale en el más pequeño milímetro cuadrado de nuestro territorio soberano”.

Dispuesto a zanjar diferencias

Chávez abrió una ventana para zanjar las diferencias con Colombia, pero aclaró que serían hasta que asuma el presidente electo de ese país, Juan Manuel Santos, el próximo 7 de agosto.

“Tenemos que recibir señales claras e inequívocas de que hay una voluntad  política real en el nuevo Gobierno de Colombia, para reemprender el camino del diálogo, sin trampas”, escribió Chávez en su columna dominical que se publica en algunos diarios venezolanos.

Chávez agregó que “el pueblo colombiano y venezolano somos los hijos de Bolívar, el gran Libertador de América, y estamos destinados a transitar los caminos de la unidad y para ello debemos vencer”.

Santos —quien realiza una gira por algunos países de la región—, rechazó pronunciarse sobre la crisis entre ambos países, enfatizando que Álvaro Uribe “es todavía el presidente en funciones”.

Debido a la ruptura entre ambos países la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) convocó a una cita de cancilleres para el próximo jueves en Quito, con el intento de mediar.

El canciller venezolano, Nicolás Maduro Caracas, dijo a medios venezolanos que  llevará a esa reunión “la posición de paz que propone Venezuela  para Colombia”.

FRASE

Si hubiera una agresión contra Venezuela impulsada por el imperio yanqui, le suspenderíamos el envío de petróleo a Estados Unidos aunque comiéramos piedras
Hugo Chávez,
mandatario de Venezuela

ANÁLISIS
Amores perros

Orestes E. Díaz Rodríguez


Una cosa es segura. Desde hace tiempo Bogotá tenía evidencias de que Caracas brinda refugio logístico a  los insurrectos. La antaña cooperación recibió impulso cuando, del tratado de operación de bases militares, emergió Colombia como portavión norteño enclavado en el corazón de la Amazonia.

¿Por qué Álvaro Uribe decidió emplear esa información a escasos días de su despedida? Dos son las posibles respuestas.

Uribe que ha dirigido con un consenso sin precedentes y que esperaba continuidad en sus políticas, se ha sentido agraviado por las primeras decisiones de su delfín, Juan Manuel Santos, especialmente por el vitoreado interés en recomponer las maltrechas relaciones con Quito y Caracas. Aún sin abandonar Nariño está viviendo una aguda revisión de sus políticas y la aproximación de sus críticos más acérrimos a puestos medulares.

 Le ha incomodado que el traspaso tenga más el sabor de una alternancia que el de una sucesión.

El último escenario garciamarquiano que le diseñaron fue recibir en la ceremonia de asunción nada menos que al Innombrable. Su decisión fue torpedear el espectáculo. Denunciando a Caracas y calculando de antemano las reacciones los vínculos vuelven a ser ríspidos y deja instalada una cuña que no podrá desprender con facilidad el nuevo Gobierno.

La segunda hipótesis es que la relación entre Santos y Uribe evolucionó desde la acostumbrada posición unívoca a la complementación de roles. Ahora mientras el primero tiende la mano con un discurso conciliatorio, al segundo corresponde el “trabajo desagradable”, resaltar el punto que necesita ser superado para un mejoramiento efectivo. Uribe se marcha, pero deja situado el listón. Santos llega, tiene un mensaje renovado, pero concretarlo entrañaría salvar ante todo el obstáculo.

La estrategia funciona, en Caracas se enojan, desisten en asistir a la celebración, rompen relaciones, pero dejan entrever que la distensión puede iniciarse una vez que Santos llegue a la presidencia.

Hay más, se logra que Caracas envíe a los de la selva un inusual mensaje, políticamente incorrecto según los cánones insurgentes, en un momento en que abundan informes de agotamiento y desesperanza en la guerrilla.

El nuevo episodio de confrontación tiene su origen probablemente en los motivos que enuncia la primera hipótesis. Pero dada la articulación de intereses entre Uribe y Santos, no es de extrañar que al menos en el tema Venezuela ambos den por concluido los desencuentros.

Un debilitamiento de la actividad extrafronteriza de los insurgentes y una recomposición de las relaciones con un país que comercialmente es importante en el esquema de crecimiento económico colombiano ameritan que ambos se complementen.

Faltaría ver si Caracas traga todo el señuelo. Allá son toscos, pero no tienen un pelo de tontos. Les agrada la idea de una Bogotá light en medio de su zona de intereses, pero mientras perciban el rugido de los motores del “navío” es de esperar que lo único que tiendan es a pasar la relación bilateral de un compartimiento de la heladera a otro.

Orestes E. Díaz Rodríguez / maestro de la UdeG.

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