Internacional

Carta de Caracas

Orestes E. Díaz Rodríguez

MÉXICO.- Sin congeniar con visiones de motivación sospechosa, el Bicentenario es una fecha que los latinoamericanos no debemos pasar por alto. Conmemora el momento en que 300 años de dominación y extravío generan un fruto inesperado. Es también el instante fundacional de nuestra búsqueda: ¿acaso podemos llegar a ser nosotros mismos en lugar de simples imitadores de culturas colonizadoras?

Es legítimo esclarecer las visiones emanadas de los festejos por el Bicentenario en Caracas, sin que entrañe envilecer el recuerdo y el aprecio a la gesta de nuestra propia historia.

El Gobierno venezolano ha estado sometido en los últimos meses a un llamativo proceso de erosión interna que continuó minando su imagen exterior. La pomposidad de la ceremonia de Caracas reflejaría no sólo los rasgos mesiánicos de un liderazgo concentrador de un poder excesivo, sino que intentaría lanzar una cortina de humo sobre las vulnerabilidad internas y promocionar una imagen de fortaleza dirigida hacia los dos principales adversarios continentales.

Llamó la atención la ausencia, entre los invitados, de los líderes de izquierda regionales propensos a asumir posturas moderadas, así como que el orador extranjero principal (Cristina Fernández) no fuera uno de los presidentes de los países afiliados a la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba). La responsabilidad recayó en otro ejecutivo que enfrenta una inocultable erosión de sus bases de apoyo y cuya cercanía con el anfitrión es más pragmática que ideológica.

La sorpresiva asistencia del presidente dominicano Leonel Fernández, encargado de limar las asperezas en las relaciones entre estados vecinos, sería una oportunidad de sensibilizarlo con el respaldo unánime de los miembros del Alba a las visiones de su liderazgo.

Lo que aflora de la celebración de Caracas es que el bloque más ideologizado dentro de los procesos de integración regionales, se declara listo para desempeñar un rol protagónico. De modo que para el éxito de la unidad será importante el aporte de los líderes proclives a posiciones en las que prevalezca el diálogo, los entendimientos y consensos. Pero ellos, justamente, no viajaron a Caracas.

Maestro Orestes E. Díaz Rodríguez / UdeG.

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