Entretenimiento

Los Tudors entran en etapa “sangrienta”

La ejecución de Thomas Cromwell a manos de un verdugo con resaca en la serie Los Tudors

ESTADOS UNIDOS.- La ejecución de Thomas Cromwell a manos de un verdugo con resaca que lo fue cortando en pedacitos, haciéndolo sufrir más de la cuenta, deja a la serie Los Tudor, que se transmitía los domingos a las 21:00, por People and Arts, sin un actor exquisito que, probablemente, haya regalado en el rol del primer ministro de la corte de Enrique VIII la mejor performance de su carrera.

Se trata de James Frain, nacido el 14 de marzo de 1968 en la ciudad inglesa de Leeds y producto de la prestigiosa Royal Shakespeare Company, quien se diera a conocer internacionalmente en 1993 en la que la crítica dio en llamar la mejor película de Richard Attenborough, Shadowlands.

El histrión explicó que “yo estaba en mi tercer año de la escuela de Arte Dramático y Attenborough estaba buscando un rostro desconocido. Hice una audición y cuando me llamaron para decirme que finalmente me habían dado el papel, no lo podía creer. Está claro que nunca terminé la escuela de teatro”. Pero eso jamás fue un obstáculo impasable.

Histrión maleable
Frain, el mayor de ocho hijos, pasó su infancia y juventud en Hertfordshire y es famoso a ambos lados del Atlántico por su ductilidad interpretativa y, sobre todo, por la gran facilidad que tiene para los acentos. Prueba de ello es la candidatura que obtuvo en la categoría de Mejor actor en el Festival de Venecia en 1995, por su atribulado rol de un terrorista irlandés en el polémico filme de Thaddeus O’Sullivan, Nada personal.

Otro justo reconocimiento es el premio al Mejor Actor de Reparto en Toronto por su desempeño en la genial Sunshine, de István Szabó, en 1999.

En 2005 participó junto a la monumental Jessica Alba en Azul extremo, de John Stockwell, filme en el que Frain, como buen británico, trató de mantenerse muy lejos del agua. “A los ingleses nos gusta permanecer adentro de los barcos y no somos muy aficionados a que el sol penetre en nuestra piel. Más bien adoramos el tocino frito y el humo”, declaró en la premier.

Delgado, menudo, con un rostro contundente, de facciones duras y tiernas en partes iguales, el actor fue uno de los grandes ejes que explican el éxito de Los Tudor, creación de Michael Hirst que vio la luz en 2007 y para la que ya hay comprometida una cuarta temporada.
Con modales austeros y gestos solemnes, el Thomas Cromwell de James recorre la serie sin perder nunca la calma y haciendo del silencio espeso su arma letal. La relación con el rey es reflejo de un vínculo enfermizo, como la que podrían tener dos leones puestos a dirimir fuerzas en un circo romano.

Dice Frain que la buena experiencia que representó haber estado en la serie consistió —sobre todo— “en lo bien que nos llevábamos entre nosotros todos los miembros del elenco”. Tal es así que a pesar de que ya ha sido ejecutado y que no estará más en Los Tudor, el actor sigue viendo a sus compañeros. “No puedo dejarlo del todo y hasta pensé que a último momento no me iban a cortar la cabeza, que me iban a hacer levantar para que pudiera seguir en la cuarta temporada”, bromeó, a sabiendas de que la Historia tenía ya el guión escrito hace siglos.

Temas

Sigue navegando