Entretenimiento
Veneran a Lola Beltrán con un museo
El museo alberga vestuarios de la fallecida cantante y realiza tours por el pueblo natal de Lola ''la grande''
ROSARIO, SINALOA (18/AGO/2013).- Como una forma de retribuirle su altruismo hacia su pueblo natal, los habitantes de este municipio veneran a la fallecida
cantante y actriz Lola Beltrán a través de un museo dedicado a esta diva de México.
A 17 años de su partida terrenal, Lola Beltrán, la máxima exponente de la canción vernácula es venerada en su propio terruño, como lo fue en vida en todo México, Latinoamérica y el mundo.
Su trayectoria artística e innegable altruismo son reconocidos por propios y extraños.
En su natal Rosario, hoy convertido en Pueblo Mágico, esa fe es equiparable al que se tiene a una reina o una diosa, en gran similitud a la devoción que la artista tenía por la Virgen de Nuestra Señora del Rosario.
En reciprocidad a la gran carrera artística de la rosarense y para mantener vivo el recuerdo, autoridades locales crearon un museo que lleva su nombre y que, además, albergará a otros artistas que han puesto en alto el nombre de Rosario.
En entrevista, su directora, Rebeca Llamas, explica que la casona que alberga el Museo Lola Beltrán, ubicado por la calle Benito Juárez, en el centro de la cabecera municipal, construida en el siglo XIX (1810), es objeto de remodelación.
Relata que estos trabajos son supervisados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia -INAH- y que el inmueble tiene un gran significado histórico ya que en él se juró el Plan de Iguala.
De esa forma, Rosario se convirtió en la primera ciudad en el noroeste del país en sumarse a la lucha independentista que encabezó don Miguel Hidalgo y Costilla, entre otros.
El inmueble fue mandado a construir por don Ignacio Fletes, quien lo vendió a la familia Grey, originaria de Rosario, cuyos integrantes lo venderían a las autoridades locales (1988) que lo convirtieron en el Museo de Minería y de Lola Beltrán, en 1991.
Sin embargo, el desinterés del ayuntamiento de Rosario de esa época causó que el inmueble se deteriorara y permaneciera prácticamente en desuso.
En diciembre de 2012 al nombrarse Rosario como Pueblo Mágico, se determinó separar los museos.
El de Minería pasó a otro lugar y este inmueble quedó como Museo Lola Beltrán.
En la fachada del edificio -de una planta- a un lado de la entrada principal, se observa la figura de Lola Beltrán pintada en la pared, con énfasis especial en sus manos.
Al ingresar, al lado derecho del vestíbulo, penden una veintena de retratos de la artista rosarense en sus diferentes etapas cuando estuvo en las radiodifusoras XERJ de Mazatlán y XEW, en ese entonces la estación de radio más importante de América Latina.
Del lado izquierdo funcionan dos salas de cinco metros cuadrados cada una que guardan vitrinas en donde se exhibe parte del vestuario que utilizó la gran cantante mexicana.
Sobresalen los vestidos negro y blanco, respectivamente, que utilizó cuando ofreció exitosos conciertos en el Olimpia de París y en el teatro de Bellas Artes de la Ciudad de México.
El vestuario fue donado por la hija de Lola, la también cantante sinaloense María Elena Leal. De momento no se exhibe vestuario de tipo folclórico que también utilizó la embajadora de la canción mexicana.
El Museo Lola Beltrán es actualmente uno de los sitios que contempla el recorrido turístico que se implementó hace apenas cuatro semanas y que ya cuenta con bastante interés y aceptación.
A través de este Safari tour rosarense, sus usuarios, tanto locales como visitantes, recorren y conocen más al detalle la historia de este Pueblo Mágico.
La directora del Museo Lola Beltrán explica que desde niña la cantante estuvo muy ligada a la Iglesia católica y a la virgen del Rosario.
Comentó que a la edad de 3 años, María Lucila fue llevada a Chametla -primera población fundada en Rosario- por su mamá María Ruiz de Beltrán y estuvo a punto de ahogarse en el río.
"Doña María le pidió a la virgen que salvara a su hija y se le concedió; de ahí viene la devoción por nuestra Señora del Rosario", explica.
Recuerda también que a Lola Beltrán le tocó el proceso del traslado -piedra por piedra- de la iglesia que se construyó en honor a la virgen rosarense, y que tuvo que ser derruida porque estaba sobre varios túneles de minas.
Asimismo, formó parte de las niñas que vendían ramos de flores a parejas en la iglesia y el dinero que captaba lo donaba al comité de construcción de la nueva parroquia en honor a la patrona de Rosario.
En 1954, cuando Lola era ya la gran figura de México, donó dos candiles, el presbiterio y el confesionario de la nueva iglesia.
Desde que inició su carrera artística y hasta un año antes de su fallecimiento (24 de marzo de 1996), Lola Beltrán le entonó "Las Mañanitas" a la Virgen del Rosario.
En la plaza principal de la cabecera municipal y frente a la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, las autoridades y el pueblo en general financiaron la construcción de un monumento en honor de la cantante vernácula.
El monolito representa la figura de Lola y es considerado orgullosamente como símbolo local.
Lola Beltrán labró una de las carreras profesionales con más impacto dentro de la cultura popular de México, y que -parafraseando al periodista Ricardo Rocha- cantó con la piel, con las manos y con el corazón.
A 17 años de su partida terrenal, Lola Beltrán, la máxima exponente de la canción vernácula es venerada en su propio terruño, como lo fue en vida en todo México, Latinoamérica y el mundo.
Su trayectoria artística e innegable altruismo son reconocidos por propios y extraños.
En su natal Rosario, hoy convertido en Pueblo Mágico, esa fe es equiparable al que se tiene a una reina o una diosa, en gran similitud a la devoción que la artista tenía por la Virgen de Nuestra Señora del Rosario.
En reciprocidad a la gran carrera artística de la rosarense y para mantener vivo el recuerdo, autoridades locales crearon un museo que lleva su nombre y que, además, albergará a otros artistas que han puesto en alto el nombre de Rosario.
En entrevista, su directora, Rebeca Llamas, explica que la casona que alberga el Museo Lola Beltrán, ubicado por la calle Benito Juárez, en el centro de la cabecera municipal, construida en el siglo XIX (1810), es objeto de remodelación.
Relata que estos trabajos son supervisados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia -INAH- y que el inmueble tiene un gran significado histórico ya que en él se juró el Plan de Iguala.
De esa forma, Rosario se convirtió en la primera ciudad en el noroeste del país en sumarse a la lucha independentista que encabezó don Miguel Hidalgo y Costilla, entre otros.
El inmueble fue mandado a construir por don Ignacio Fletes, quien lo vendió a la familia Grey, originaria de Rosario, cuyos integrantes lo venderían a las autoridades locales (1988) que lo convirtieron en el Museo de Minería y de Lola Beltrán, en 1991.
Sin embargo, el desinterés del ayuntamiento de Rosario de esa época causó que el inmueble se deteriorara y permaneciera prácticamente en desuso.
En diciembre de 2012 al nombrarse Rosario como Pueblo Mágico, se determinó separar los museos.
El de Minería pasó a otro lugar y este inmueble quedó como Museo Lola Beltrán.
En la fachada del edificio -de una planta- a un lado de la entrada principal, se observa la figura de Lola Beltrán pintada en la pared, con énfasis especial en sus manos.
Al ingresar, al lado derecho del vestíbulo, penden una veintena de retratos de la artista rosarense en sus diferentes etapas cuando estuvo en las radiodifusoras XERJ de Mazatlán y XEW, en ese entonces la estación de radio más importante de América Latina.
Del lado izquierdo funcionan dos salas de cinco metros cuadrados cada una que guardan vitrinas en donde se exhibe parte del vestuario que utilizó la gran cantante mexicana.
Sobresalen los vestidos negro y blanco, respectivamente, que utilizó cuando ofreció exitosos conciertos en el Olimpia de París y en el teatro de Bellas Artes de la Ciudad de México.
El vestuario fue donado por la hija de Lola, la también cantante sinaloense María Elena Leal. De momento no se exhibe vestuario de tipo folclórico que también utilizó la embajadora de la canción mexicana.
El Museo Lola Beltrán es actualmente uno de los sitios que contempla el recorrido turístico que se implementó hace apenas cuatro semanas y que ya cuenta con bastante interés y aceptación.
A través de este Safari tour rosarense, sus usuarios, tanto locales como visitantes, recorren y conocen más al detalle la historia de este Pueblo Mágico.
La directora del Museo Lola Beltrán explica que desde niña la cantante estuvo muy ligada a la Iglesia católica y a la virgen del Rosario.
Comentó que a la edad de 3 años, María Lucila fue llevada a Chametla -primera población fundada en Rosario- por su mamá María Ruiz de Beltrán y estuvo a punto de ahogarse en el río.
"Doña María le pidió a la virgen que salvara a su hija y se le concedió; de ahí viene la devoción por nuestra Señora del Rosario", explica.
Recuerda también que a Lola Beltrán le tocó el proceso del traslado -piedra por piedra- de la iglesia que se construyó en honor a la virgen rosarense, y que tuvo que ser derruida porque estaba sobre varios túneles de minas.
Asimismo, formó parte de las niñas que vendían ramos de flores a parejas en la iglesia y el dinero que captaba lo donaba al comité de construcción de la nueva parroquia en honor a la patrona de Rosario.
En 1954, cuando Lola era ya la gran figura de México, donó dos candiles, el presbiterio y el confesionario de la nueva iglesia.
Desde que inició su carrera artística y hasta un año antes de su fallecimiento (24 de marzo de 1996), Lola Beltrán le entonó "Las Mañanitas" a la Virgen del Rosario.
En la plaza principal de la cabecera municipal y frente a la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, las autoridades y el pueblo en general financiaron la construcción de un monumento en honor de la cantante vernácula.
El monolito representa la figura de Lola y es considerado orgullosamente como símbolo local.
Lola Beltrán labró una de las carreras profesionales con más impacto dentro de la cultura popular de México, y que -parafraseando al periodista Ricardo Rocha- cantó con la piel, con las manos y con el corazón.