Entretenimiento
Venecia se rinde ante el encanto de Fausto
El realizador ruso Alexander Sukurov lleva al cine una versión oscura del clásico de la literatura
VENECIA, ITALIA (09/SEP/2011).- El aclamado director ruso Alexander Sokurov volvió al tema de la corrupción del poder en su nueva película Fausto, la cuarta y última en una serie de cintas sobre el tema pero la primera sobre un personaje de ficción.
Las primeras tres películas de la tetralogía fueron Moloch (1999) sobre Adolf Hitler, Taurus (2000) sobre Vladimir Lenin y The Sun (2005) sobre el emperador Hirohito.
Fausto, que se presentó ayer en el Festival de Venecia, es una cinta está ligeramente basada en el mito del escritor Goethe del hombre que vende su alma al diablo.
El largometraje es uno de los 23 filmes que compiten en la categoría principal, y candidato a varios premios, incluido el codiciado León de Oro a la Mejor película, que se entregará en la ceremonia de clausura que se realizará mañana.
Reparto de lujo
En el Fausto de Sokurov, el personaje de Mefistófeles está convincentemente interpretado por Anton Adasinsky como un siniestro y grotesco viejo prestamista que lucha por mantener su presa sobre Fausto.
“Los tiranos de las películas anteriores de la tetralogía se veían a sí mismos como los representantes de Dios en la Tierra, pero hacían un desagradable descubrimiento: sólo eran humanos”, decían las notas de producción de la película entregadas a los periodistas.
“En Fausto sucede lo contrario: un hombre se convierte en ídolo ante nuestros propios ojos. La marcha triunfal de Fausto por el mundo sólo es el comienzo mientras la película termina. Se marcha para convertirse en un tirano, un líder político, un oligarca”, afirmó el realizador
La acción del Fausto alemán se situaba en el siglo XIX, en una ciudad de estrechos callejones, plazas abarrotadas y oscuros túneles. En la cinta imagen pierde el color mientras Fausto y el prestamista comienzan a seducir a la bella e inocente Margarita, a pesar de haber matado a su hermano en una gresca de taberna.
El hedor y la mugre nunca desaparecen, desde la primera escena en la que el científico Fausto extrae el corazón de un cuerpo hasta el terriblemente fofo prestamista defecando en una iglesia.
El realizador explicó a la prensa reunida en Venecia que la película podría haber sido incluso más grotesca. “Quité muchas escenas porque pensaba que eran demasiado extremas, insistiendo en la fealdad y el horror”, dijo el director de 60 años, quien agregó que “esta historia habla sobre el hombre, la historia del hombre y la de un individuo, sus temores y recelos y la eterna oportunidad del hombre para la traición. Tenemos que profundizar en todo lo que es oscuro en el hombre”.
Redención final
La película fue rodada en Islandia con actores alemanes, y hablada en ese idioma. El realizador explicó que no eligió otras locaciones, como Italia, porque “hay demasiada perfección, demasiada belleza y su arte decora todo lo que hay a su alrededor”, señaló Sokurov, quien además precisó que renunciaron a rodar en el Vaticano por motivos económicos.
Hacia la conclusión de la trama, Fausto toma una dimensión más heroica mientras viaja por un vasto panorama de montañas y glaciares donde las posibilidades parecen infinitas.
Sokurov dijo que su Fausto tenía más en común con tipos como Hitler y Lenin de lo que podría parecer a primera vista. “Un amor de palabras que es fácil de creer y la infelicidad patológica en todos los días de su vida”, anotó el realizador, quien sostuvo que “el mal es reproducible, y Goethe formuló su esencia: ‘La gente infeliz es peligrosa’”.
“(En Fausto) Quité muchas escenas porque pensaba que eran demasiado extremas, insistiendo en la fealdad y el horror'', Alexander Sokurov, director de Fausto.
Las primeras tres películas de la tetralogía fueron Moloch (1999) sobre Adolf Hitler, Taurus (2000) sobre Vladimir Lenin y The Sun (2005) sobre el emperador Hirohito.
Fausto, que se presentó ayer en el Festival de Venecia, es una cinta está ligeramente basada en el mito del escritor Goethe del hombre que vende su alma al diablo.
El largometraje es uno de los 23 filmes que compiten en la categoría principal, y candidato a varios premios, incluido el codiciado León de Oro a la Mejor película, que se entregará en la ceremonia de clausura que se realizará mañana.
Reparto de lujo
En el Fausto de Sokurov, el personaje de Mefistófeles está convincentemente interpretado por Anton Adasinsky como un siniestro y grotesco viejo prestamista que lucha por mantener su presa sobre Fausto.
“Los tiranos de las películas anteriores de la tetralogía se veían a sí mismos como los representantes de Dios en la Tierra, pero hacían un desagradable descubrimiento: sólo eran humanos”, decían las notas de producción de la película entregadas a los periodistas.
“En Fausto sucede lo contrario: un hombre se convierte en ídolo ante nuestros propios ojos. La marcha triunfal de Fausto por el mundo sólo es el comienzo mientras la película termina. Se marcha para convertirse en un tirano, un líder político, un oligarca”, afirmó el realizador
La acción del Fausto alemán se situaba en el siglo XIX, en una ciudad de estrechos callejones, plazas abarrotadas y oscuros túneles. En la cinta imagen pierde el color mientras Fausto y el prestamista comienzan a seducir a la bella e inocente Margarita, a pesar de haber matado a su hermano en una gresca de taberna.
El hedor y la mugre nunca desaparecen, desde la primera escena en la que el científico Fausto extrae el corazón de un cuerpo hasta el terriblemente fofo prestamista defecando en una iglesia.
El realizador explicó a la prensa reunida en Venecia que la película podría haber sido incluso más grotesca. “Quité muchas escenas porque pensaba que eran demasiado extremas, insistiendo en la fealdad y el horror”, dijo el director de 60 años, quien agregó que “esta historia habla sobre el hombre, la historia del hombre y la de un individuo, sus temores y recelos y la eterna oportunidad del hombre para la traición. Tenemos que profundizar en todo lo que es oscuro en el hombre”.
Redención final
La película fue rodada en Islandia con actores alemanes, y hablada en ese idioma. El realizador explicó que no eligió otras locaciones, como Italia, porque “hay demasiada perfección, demasiada belleza y su arte decora todo lo que hay a su alrededor”, señaló Sokurov, quien además precisó que renunciaron a rodar en el Vaticano por motivos económicos.
Hacia la conclusión de la trama, Fausto toma una dimensión más heroica mientras viaja por un vasto panorama de montañas y glaciares donde las posibilidades parecen infinitas.
Sokurov dijo que su Fausto tenía más en común con tipos como Hitler y Lenin de lo que podría parecer a primera vista. “Un amor de palabras que es fácil de creer y la infelicidad patológica en todos los días de su vida”, anotó el realizador, quien sostuvo que “el mal es reproducible, y Goethe formuló su esencia: ‘La gente infeliz es peligrosa’”.
“(En Fausto) Quité muchas escenas porque pensaba que eran demasiado extremas, insistiendo en la fealdad y el horror'', Alexander Sokurov, director de Fausto.