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Tributo, rock y lluvia para Patton

Seis bandas le rindieron homenaje al cantante, compositor e instrumentista estadounidense Mike Patton

GUADALAJARA, JALISCO (04/AGO/2011).- Voces, carcajadas, botellas que chocan entre sí, en penumbras, con Depeche Mode de fondo es lo que se vivía antes de que explotara el rock de Mike Patton emulado desde la batería, guitarra y la voz de seis bandas que se reunieron el miércoles para rendirle tributo.

Se preparan los instrumentos y es inevitable escuchar las ráfagas de lluvia que azotan el techo del bar, que cada vez caen con más violencia y se suman a los sonidos de la banda. Justo a tiempo: el rock apenas comienza.

Aplausos y gritos del inquieto público, que se sacia con metal de los 80’s y considerables dosis de cerveza, mientras la banda híbrida de Radaid, Klaus Meyer, Mariento, Los savats, El cuervo de Poe y Diablero arrancan con The gentle art. Estalla el metal con la voz áspera de Iram Chávez.

Hace frío, la tormenta no se detiene y la cerveza tampoco, vibra el pecho, el corazón ya no necesita ayuda para seguir latiendo, los acordes de los éxitos del contemporáneo Mike Patton, el héroe de la noche, aceleran la cadencia de los presentes, que se comienzan a agitar.

Da un trago a su bebida, toma su saxofón y lo comienza a tocar, lo conoce muy bien, lo seduce. De golpe, el resto de los músicos y la voz lo acompañan para hacer sonar 24 mil baci, besos, en español, una canción con toques de Jazz, que no deja de ser rockera, “¡Muy buen tema!” exclama el vocalista. Y sorprende a los presentes.

“Fíjate que no lo conocía (a Patton), pero me gusta, está muy divertido”, de cabello largo y con una cerveza en la mano, disfruta Cristhian del Toro, uno de los asistentes que llenó cómodamente el bar esa noche.

En el escenario el vocalista se desgarraba la voz mientras la batería retumbaba en los oídos y el bajo vibraba con Evidence, y, abajo, las botellas de cerveza se baten en el aire, las cabezas parecen estar a punto de rodar por el suelo, sin control.

Ahora, sube una mujer al escenario y toma el micrófono, duelo de voces entre Radaid y Diablero para jugar con géneros, cual Patton, que distingue su música por hacer desde rock hasta tintes de ópera, pasando por el jazz y el metal, según el criterio de Iram, vocalista en turno.

“El que es fanático así traumado con Mike Patton es Darko, fue el que organizó esto y me dijo ‘oye, ¿me haces el paro de cantar una rola?’, y yo ‘va’, y luego le dijo al Muerto a tocar la guitarra en otra, a Fede en la batería y así”, Sofía, de Radaid, antes de traer a la memoria Just a man, con su voz.

La lluvia se detuvo, el rock continuó a lo largo de 15 rolas que ensordecían a los jóvenes presentes, buen motivo para acercar sus rostros y comunicarse.Esa noche Patton fue un pretexto, un pretexto verosímil para reunirse las bandas y enloquecer juntas en el Barramericano, en Chapultepec.

Epic, la última canción, fue la más drisfutada, la más desquiciada, la que hizo a los presentes agitar sus brazos y cabezas simultáneamente, al ritmo de las notas que salían como golpes hacia los rostros del público.

"¡Otra, ándale chaparro, otra!" gritaban los jóvenes que seguían bebiendo, pero no fueron escuchados.

La música grabada volvió, bajó de decibeles, los asistentes volvieron a sus conversaciones, a sus tragos, los músicos desaparecieron, Mike Patton volvió a la historia, y, la lluvia cansó de gritar, de azotar, y acompaño a Patton, cedió.

EL INFORMADOR / VIOLETA MELÉNDEZ

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