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TEATRO: Desierto intencional

Hernán Galindo, nuestro autor entrañable, nos narra su historia Círculos en el jardín enmarcada en este desierto intencional sembrado por las ciudades que crecen con actitud explosiva.

Por: Moisés Orozco

El verde que calma y conforta, la hierba que despide un aroma delicado, los árboles curanderos, con su fresca sombra, del calor y el agobio que el astro rey impone; las flores que desde antiguo acompañan nuestro gozo o mitigan nuestro sufrimiento, las hojas y tallos que se vuelven remedios de nuestros males y alimento de nuestros cansancios... la flora... otro mundo; reino distinto y al mismo tiempo tan cercano del corazón nuestro, verde diverso de nuestro encarnado color, pero metido en nuestra vida hasta la médula...vida que nos hace vivir.

Sin embargo, nos gusta regodearnos en las glorias de nuestros triunfos tecnológicos y, como dice Eduardo Galeano: “nos volvemos adoradores de máquinas” para olvidarnos de la compañía benévola y silenciosa de esa verde exuberancia. Los árboles levantan las aceras y estorban para mirar volar nuestros aviones; las flores, por toneladas, no compran una sola lap top, y la hierba o la tierra fértil se convierten en obstáculos resbaladizos para los neumáticos de nuestros vehículos. Aunque la Tierra no es plana, la queremos hacer así, para que todo nuestro confort se establezca. Un hule centenario de tronco tan grueso que se necesitaban varios tapatíos para darle un abrazo, importó menos que un túnel destinado a agilizar el tránsito de carros... aún así, los carros se siguen atorando, ahora en el túnel y semejante contradicción no nos hace pensar.

Al clima le da lo mismo arena de desierto que asfalto de ciudad... este clima tapatío antes tan delicioso y tan envidiado, tan diplomático y estable, ahora se enfurece porque ya no encuentra el verde que lo hacía estar de buenas con nosotros. El termómetro marca 28 grados en un área verde mientras que puede llegar a 45 sobre una plancha de concreto bajo los rayos del mismo sol, a la misma hora del día. Sepultamos los jardines bajo la ambición de nuestro ambiente construido. Hacemos sin querer un desierto intencionado; y decimos sin querer porque nos hiere la vista el espejismo que el rayo del sol dibuja en  la mancha urbana y nos quejamos de los extremos climáticos, pero cuando usamos la maquinaria pesada e imaginamos las ganancias por agregar fraccionamientos en donde sea, brillan nuestros ojos. Después de todo, cada uno merece su pedazo de tierra para asfaltar y tener un vehículo que se atore por esa planicie artificial de avenidas intrincadas.

Hernán Galindo, nuestro autor entrañable, nos narra su historia Círculos en el jardín enmarcada en este desierto intencional sembrado por las ciudades que crecen con actitud explosiva. La historia de generaciones que se unen a la savia de las plantas, la historia de una familia que transformó la tierra seca en un vergel que luego sirvió de bocado para la avasalladora cobija urbana que todo lo sepulta. Presentamos su obra en el teatro Experimental de Jalisco, ahí juntito al Agua Azul, que ahora de azul sólo tiene el nombre. Los tapatíos testigos de tiempos más amables recordarán que esta zona llegó a ser un paseo obligado para todos y un paisaje de los más hermosos de la ciudad. La coincidencia, madre de todas las moralejas, nos hace darle a Guadalajara una historia que nos recuerda, como rumor de remordimiento, el desierto que le construimos en sus jardines de antaño, precisamente ahí, donde ahora relucen las paredes con grafitis y retumban las planchas de concreto ante la marcha del ejército con ruedas.
Ojalá nuestras plantas nos dolieran un poco y viéramos que su savia alimenta nuestra sangre.

Círculos en el jardín.
Dirección: Moisés Orozco
Miércoles y jueves 21y 22 de mayo, 20:30 horas.
Teatro Experimental de Jalisco.
Clazada Independencia S/N, Núcleo Agua Azul.

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