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SERIE JUNIO, PELUQUERÍAS EN GUADALAJARA: Si nos dejan...seguir con este oficio

Conforme pasan los años, las peluquerías, esas que albergaban a los hombres tapatíos para tomar un momento de descanso

Se trata de un oficio que hasta hace unas décadas era de los más solicitados. Parece que conforme pasan los años, las peluquerías, esas que albergaban a los hombres tapatíos para tomar un momento de descanso, hablar de mujeres, amores, desamores o futbol... el espacio para encontrarse con los amigos, tienden a desaparecer.   

Más famoso de lo que se imagina

Es Pedro Álvarez Guzmán, un hombre con mirada bonachona que la mayoría lo conoce como “Don Peter”. Es el responsable de la peluquería del Hotel Camino Real, tiene 68 años y desde los 16, se dedica a este oficio. Su historia inicia en un rancho ubicado entre Jalostotitlán y Valle de Guadalupe, su tierra natal, por la necesidad de conseguir trabajo y dinero, llegó a Guadalajara con navaja en mano, tenía los conocimientos que su tío le heredó y sólo era cuestión de ponerlos en práctica en la ciudad.  “Empecé trabajando en un local por la calle de Abascal y Souza, al lado de con La Chata, ahí estuve desde 1961 hasta 1970”. Después llegó a un histórico y tradicional local del que hablaremos en la siguiente entrega, Peluquería Fénix ubicada dentro del hotel del mismo nombre.

“Mi cliente era el gerente del hotel Camino Real, un día me propuso irme, me dijo que tenía un local chiquito pero que iba ser para mí solo, y desde hace 34 años estoy aquí”. Don Pedro es referencia de la historia del hotel en donde trabaja y de las recomendaciones sobre peluqueros tapatíos, es de esos personajes urbanos que más identifican aquellos que recurren a su servicio, entre los que se encuentran políticos, empresarios, banqueros y generaciones de hombres que han pasado por su sillón y navaja. Es famoso, aunque él no lo crea. “No, nada de eso, yo sólo hago mi trabajo, hay que sacar para comer”.   

Peluquería tradicional

“Afilar la navaja, asentarla, es el verdadero arte, saber rasurar, cortar... cualquiera lo puede hacer, pero hay que saber utilizar la piedra para afilar, limarla en el asentador...”. Cree que el oficio se está perdiendo, que ya no es como antes, por la apertura de estéticas que ofrecen el servicio de una forma más rápida, “cualquiera dice que corta el cabello, toma cursos en la Calzada y en tres meses según esto ya sabe y es estilista”. Y es que “antes eran las barberías, así se conocía en los pueblos, era exclusivo para los hombres, para las damas estaban y están los salones de belleza, había respeto de clientes”. El trabajo era tan productivo en años anteriores que lo hacía desde las 8:00 de la mañana, hasta las 10:00 de la noche. Se atendía un cliente tras otro y no había descanso.  Hoy la realidad es diferente, don Pedro se queda callado, reflexivo y con una mirada que adelanta la melancolía de su respuesta, comenta: “A ratos hay clientes y a ratos no, me quedo, llega uno, luego se va y esperar el que sigue”.  

Clientes famosos

Tiene clientes asiduos y por las circunstancias de su ubicación, “hay muchachos que me dicen: mi papá estuvo aquí de luna de miel y empezó a cortarse el cabello con usted... ahora recibo a los hijos que nacieron de aquel entonces, son clientes que atiendo por generaciones, abuelos, padres e hijos...”. Pero cuando recuerda a sus clientes  famosos, está el consentido, José Alfredo Jiménez: “Uuuy, yo lo recuerdo con mucho gusto, fue cuando trabajé en el Holliday Inn, estuvo toda una semana, se la pasaba en la alberca casi todo el día, borracho y acompañado de mariachi”. Entre sus clientes también estuvo el gobernador de Jalisco; Enrique Alvarez del Castillo, los hijos de Guillermo Cosío Vidaurri, el secretario de Hacienda en el periodo del presidente José López Portillo, Julio Rodolfo Moctezuma, “lo conocí desde la campaña, quería que yo lo arreglara y personal del Estado Mayor fue por mí a las diez de la noche a mi casa. Lo atendí a él y al hijo de López Portillo, José Ramón”. Don Pedro no se acuerda de los nombres pero sabe que actores de novelas, cantantes y artistas en general, se han puesto en sus manos, nombres como Jorge Ortiz de Pinedo, Raúl Vale y el que sigue siendo su cliente habitual, Luis de Alba, han sido sólo algunos.  “Tengo la fortuna de conocer a mucha gente, en la cumbre de 1991 aquí en Guadalajara, vi a Carlos Salinas de Gortari, me tomé una foto con él para que algún día la vieran mis nietos, según yo iba ser de mucho orgullo, ¿sí como no?,  con las tarugadas con las que salió, mejor la escondí”.
 Su caminar por Guadalajara

Le gustan las enchiladas, el Teatro Degollado, caminar los sábados por la tarde y los domingos por las calles del centro de la ciudad, “y tomar un par de tequilas en el bar del hotel Aranzazú, no tomo más que dos y me voy a mi casa”. Hace una hora desde su casa en la colonia Lomas del Paradero hasta su trabajo ubicado en la avenida Niño Obrero, toma la ruta 360 que lo deja en Chapultepec y López Cotilla, y luego la 629 para estar puntal desde las 9:30 de la mañana hasta las siete de la noche.  Está convencido de hay que trabajar para comer, se piensa retirar hasta que no pueda más, pero mientras tanto, seguirá como su canción favorita de José Alfredo: Si nos dejan.


Destacado: Don Pedro es de esos personajes urbanos que más identifican aquellos que recurren a su servicio, entre los que se encuentran políticos, empresarios, banqueros y generaciones de hombres que han pasado por su sillón y navaja.

por: Gabriela aguilar

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