Entretenimiento
Ermanno Olmi gana León de Oro en Venecia
Olmi, heredero directo, ya casi el único, del neorrealismo italiano, recordó cómo ese cine sacó a la cultura “del pantano”
ITALIA.- El cineasta italiano Ermanno Olmi recibió ayer en el
Festival Internacional de Cine de Venecia, de manos de su amigo Adriano Celentano, el León de Oro a toda su carrera, en la que con títulos como El árbol de los zuecos o La leyenda del santo bebedor miró la realidad desde el punto de vista de las clases menos favorecidas.
Olmi se reconoció “sordo como una tapia” durante la rueda de prensa que ofreció en la “Mostra”, pero fue desgranando con aureola de sabio venerable la filosofía de su cine y de su vida.
El director resumió su trayectoria como un trabajo consagrado “a una de las posibilidades más nobles que ofrece el cine: conseguir que la gente se reconozca en él, captar la civilización”.
Heredero directo, ya casi el único, del neorrealismo italiano, Olmi recordó cómo ese cine sacó a la cultura “del pantano en el que estaba, en ese estado absolutamente parado y fuera de la realidad”. Y así, Rossellini y Vittorio de Sica, primero, y Pasolini y él después, se atrevieron “a contar la realidad de la que procedían”.
Olmi recibió la Palma de Oro en el Festival de Cannes en 1977 gracias a El árbol de los zuecos y fue héroe en su patria con La leyenda del santo bebedor, en 1988, por la que ganó el León de Oro de la Mostra. Entre ambas, tuvo que retirarse debido a una grave enfermedad sanguínea.
Su adiós definitivo, en principio, lo anunció el año pasado tras presentar allí su última película, Cien clavos, pero “en realidad, no puedo saber ni lo que haré dentro de 10 minutos y mi vida está siempre abierta a la sorpresa. ¡Cuántas veces el hombre se reconoce traidor del juramento que se hizo a sí mismo!”.
La frase:
“Lo que menos me gusta de la época en la que vivimos es la falta de coraje para decir lo que se piensa”.
Olmi se reconoció “sordo como una tapia” durante la rueda de prensa que ofreció en la “Mostra”, pero fue desgranando con aureola de sabio venerable la filosofía de su cine y de su vida.
El director resumió su trayectoria como un trabajo consagrado “a una de las posibilidades más nobles que ofrece el cine: conseguir que la gente se reconozca en él, captar la civilización”.
Heredero directo, ya casi el único, del neorrealismo italiano, Olmi recordó cómo ese cine sacó a la cultura “del pantano en el que estaba, en ese estado absolutamente parado y fuera de la realidad”. Y así, Rossellini y Vittorio de Sica, primero, y Pasolini y él después, se atrevieron “a contar la realidad de la que procedían”.
Olmi recibió la Palma de Oro en el Festival de Cannes en 1977 gracias a El árbol de los zuecos y fue héroe en su patria con La leyenda del santo bebedor, en 1988, por la que ganó el León de Oro de la Mostra. Entre ambas, tuvo que retirarse debido a una grave enfermedad sanguínea.
Su adiós definitivo, en principio, lo anunció el año pasado tras presentar allí su última película, Cien clavos, pero “en realidad, no puedo saber ni lo que haré dentro de 10 minutos y mi vida está siempre abierta a la sorpresa. ¡Cuántas veces el hombre se reconoce traidor del juramento que se hizo a sí mismo!”.
La frase:
“Lo que menos me gusta de la época en la que vivimos es la falta de coraje para decir lo que se piensa”.