Economía
Tapatías llegan al mercado de la nostalgia con receta familiar
A una de las tres hermanas la liquidaron en un banco. Hoy ya envían su salsa en California
El sabor inconfundible de los chilaquiles y su olor, que a cualquier olfato seduce, se convirtió en el negocio de las hermanas Pulido, quienes con una receta familiar de salsa para preparar chilaquiles tienen todo un mercado por conquistar: el de la nostalgia.
Adriana y Marcela Pulido Viruete, mercadóloga y administradora financiera, respectivamente, “se la jugaron” para cristalizar un sueño. “Todos decimos que queremos tener un negocio, pero es muy difícil; eso es verdad”, comenta Marcela, mientras recuerda los inicios de la salsa La Vencedora, como nombraron al producto que las ha llevado a pisar suelo estadounidense.
El inicio de su microempresa se remonta a 2003, cuando Adriana fue víctima laboral con la compra de Banamex por el estadounidense Citigroup. Su hermana Marcela resolvió que era el momento para arriesgarse a lo que por años le había comentado a Adriana: comercializar la salsa de chilaquiles que tan famosa era entre sus familiares.
“A Adriana le encanta la cocina, y esta receta le queda muy bien. Siempre que había una reunión le decían que se llevara la salsa. Un día, platicando, le dije que porqué no nos juntábamos. Ella ya tenía ganas de autoemplearse”. Comenzaron a desarrollar el concepto.
A las dos hermanas se les unió una más, Claudia. Las tres tomaron el proyecto con la mayor seriedad. “Si íbamos a salir, lo íbamos a hacer bien”, dice. Envase, nombre, etiqueta, código de barras, pruebas del producto, investigaciones de mercado y búsqueda de proveedores fueron las primeras labores que realizaron.
Salsa La Vencedora salió al mercado dos años después. En 2005 las hermanas, entusiasmadas y nerviosas, pero sobre todo con la confianza de que su producto tendría aceptación salieron a tocar puertas de tiendas y cremerías para conseguir un espacio en los anaqueles para que su salsa fuera conocida. Incluso realizaron muestras para repartir entre sus conocidos.
Todos los comentarios fueron buenos, recuerdan, pero lo que más destaca en la remembranza es el apoyo de su familia. El resto de los hermanos y todos los sobrinos acomodaban la salsa dentro de las cajas para empezar a comercializarla. “Ellos repartían las muestras entre sus amigos”, explica.
A tres años de que salsa La Vencedora saliera al mercado, el producto jalisciense reporta ahora gran aceptación en el mercado estadounidense, en Los Ángeles principalmente. Y es que los paisanos encuentran un sabor que les recuerda su tierra con un producto de calidad. “No escatimamos en nada”, presume Marcela cual madre a su retoño.
El parteaguas para la recién formada empresa fue acercarse a la Secretaría de Promoción Económica (Seproe). “Yo iba muy escéptica”, señala Marcela. “Ya sabes, el Gobierno y todo eso”. La dependencia apoyó al proyecto al incluirla en ferias de proveedores.
La Vencedora se vendió con gran éxito en el Distrito Federal y Los Ángeles, ferias en las que participaron. No alcanzaron en la de Guadalajara. Ahora son proveedoras de Walmart en sus tiendas en Guadalajara y Puerto Vallarta, mantiene su presencia en tiendas de Los Ángeles y ya se sumaron los envíos a Texas.
La microempresa, con cinco empleados, tiene en la mira llegar a Europa. La puerta de entrada la ubican en España. Actualmente las hermanas Pulido se informan de los apoyos económicos que otorga la Unión Europea.
Si bien los planes lucen ambiciosos, no todo fue “miel sobre hojuelas”. Marcela recuerda el camino recorrido como “sinuoso”. Incluso admite que hubo momentos en los que las ganas de “aventar la toalla” se presentaron. “Pero sabíamos que teníamos un producto que iba a funcionar. Teníamos los estudios de mercado que nos lo decían”.
Ahora Marcela se siente satisfecha porque fueron fieles a su sueño y la paciencia no las abandonó, que es la clave para los emprendedores, dice la nueva empresaria.
Adriana y Marcela Pulido Viruete, mercadóloga y administradora financiera, respectivamente, “se la jugaron” para cristalizar un sueño. “Todos decimos que queremos tener un negocio, pero es muy difícil; eso es verdad”, comenta Marcela, mientras recuerda los inicios de la salsa La Vencedora, como nombraron al producto que las ha llevado a pisar suelo estadounidense.
El inicio de su microempresa se remonta a 2003, cuando Adriana fue víctima laboral con la compra de Banamex por el estadounidense Citigroup. Su hermana Marcela resolvió que era el momento para arriesgarse a lo que por años le había comentado a Adriana: comercializar la salsa de chilaquiles que tan famosa era entre sus familiares.
“A Adriana le encanta la cocina, y esta receta le queda muy bien. Siempre que había una reunión le decían que se llevara la salsa. Un día, platicando, le dije que porqué no nos juntábamos. Ella ya tenía ganas de autoemplearse”. Comenzaron a desarrollar el concepto.
A las dos hermanas se les unió una más, Claudia. Las tres tomaron el proyecto con la mayor seriedad. “Si íbamos a salir, lo íbamos a hacer bien”, dice. Envase, nombre, etiqueta, código de barras, pruebas del producto, investigaciones de mercado y búsqueda de proveedores fueron las primeras labores que realizaron.
Salsa La Vencedora salió al mercado dos años después. En 2005 las hermanas, entusiasmadas y nerviosas, pero sobre todo con la confianza de que su producto tendría aceptación salieron a tocar puertas de tiendas y cremerías para conseguir un espacio en los anaqueles para que su salsa fuera conocida. Incluso realizaron muestras para repartir entre sus conocidos.
Todos los comentarios fueron buenos, recuerdan, pero lo que más destaca en la remembranza es el apoyo de su familia. El resto de los hermanos y todos los sobrinos acomodaban la salsa dentro de las cajas para empezar a comercializarla. “Ellos repartían las muestras entre sus amigos”, explica.
A tres años de que salsa La Vencedora saliera al mercado, el producto jalisciense reporta ahora gran aceptación en el mercado estadounidense, en Los Ángeles principalmente. Y es que los paisanos encuentran un sabor que les recuerda su tierra con un producto de calidad. “No escatimamos en nada”, presume Marcela cual madre a su retoño.
El parteaguas para la recién formada empresa fue acercarse a la Secretaría de Promoción Económica (Seproe). “Yo iba muy escéptica”, señala Marcela. “Ya sabes, el Gobierno y todo eso”. La dependencia apoyó al proyecto al incluirla en ferias de proveedores.
La Vencedora se vendió con gran éxito en el Distrito Federal y Los Ángeles, ferias en las que participaron. No alcanzaron en la de Guadalajara. Ahora son proveedoras de Walmart en sus tiendas en Guadalajara y Puerto Vallarta, mantiene su presencia en tiendas de Los Ángeles y ya se sumaron los envíos a Texas.
La microempresa, con cinco empleados, tiene en la mira llegar a Europa. La puerta de entrada la ubican en España. Actualmente las hermanas Pulido se informan de los apoyos económicos que otorga la Unión Europea.
Si bien los planes lucen ambiciosos, no todo fue “miel sobre hojuelas”. Marcela recuerda el camino recorrido como “sinuoso”. Incluso admite que hubo momentos en los que las ganas de “aventar la toalla” se presentaron. “Pero sabíamos que teníamos un producto que iba a funcionar. Teníamos los estudios de mercado que nos lo decían”.
Ahora Marcela se siente satisfecha porque fueron fieles a su sueño y la paciencia no las abandonó, que es la clave para los emprendedores, dice la nueva empresaria.