Economía

Hermès, inmune a la crisis gracias a su calidad

Durante la recesión mundial, la casa de moda parisina tuvo un crecimiento sostenido y ha iniciado su expansión por México y Latinoamérica

GUADALAJARA, MÉXICO (14/OCT/2010).- La depresión económica mundial no afectó a Hermès, una empresa parisina creada desde 1837 y que hoy cuenta con 332 puntos de venta en todo el mundo.

La visión a largo plazo, la calidad de sus productos y la inversión del dinero obtenido de sus propias ganancias los hizo inmunes a la crisis y da la oportunidad de crecer su negocio.
Roland Herlory, director regional de Hermès para Latinoamérica asegura que la crisis es un pequeño momento en el tiempo, y ellos piensan a largo plazo.

“La crisis no ha tenido impacto en Hermès, primero porque nosotros desarrollamos nuestras ventas con nuestro propio dinero, no pedimos prestado porque aprendimos en la crisis de 1929, cuando abrimos varias tiendas en Estados Unidos y solicitamos préstamos a los bancos para ello, y la empresa estuvo a punto de morir, desde entonces jamás, e insisto, jamás pedimos un préstamo de bancos”.

“Invertimos nuestro propio dinero, buscamos socios locales y es por ello que la reciente crisis económica no tuvo mucho impacto en nosotros. Tampoco tenemos muchos problemas económicos porque nuestras ventas se están expandiendo por todo el mundo y lo estamos haciendo con fortaleza”.

Ayer fue la inauguración de la primera tienda de la marca fuera de la Ciudad de México. Hermès ya cuenta con un punto de venta dentro de las instalaciones de El Palacio de Hierro, en plaza Andares, y esperan para el próximo año hacer lo mismo en Monterrey.

“Tenemos otra tienda dentro de El Palacio de Hierro, en Perisur, en el Distrito Federal, somos socios, nos conocemos. Creo que es importante entender que la mitad de las tiendas de Hermès en el mundo son concesionadas y es la manera en la que creamos una red para trabajar con socios”.

Desde hace 17 años, Hermès está presente en México; su primera tienda se ubicó en la calle Presidente Masaryk, en la zona de Polanco de la Ciudad de México.

México fue el primer país de Latinoamérica en donde comenzó a vender la marca. Herlory asegura que suelen tomarse su tiempo para aprender sobre la gente y los lugares donde comienzan a vender.

En Perisur pusieron la segunda tienda, hace ocho años, y la última fue hace tres años en el centro comercial Santa Fe.

“Ahora es el momento de expandir nuestro negocio fuera del DF, para encontrarnos con los consumidores de la provincia. Ahora abrimos la primera tienda fuera de la capital, el próximo año será en Monterrey, luego será Puebla, después Los Cabos y Cancún. Tenemos muchos proyectos en México”.

Herlory comentó que Latinoamérica representa en su conjunto entre 2% y 3% de las ventas globales de Hermès; aparentemente no es una cifra muy importante, pero en realidad lo que hacen es prepararse para el futuro.

“Después de México que hoy en día tiene la mitad de las ventas en el continente, Brasil es segundo. Hace un año abrimos la primera tienda en el país sudamericano y sabemos que ese país representará una gran oportunidad de negocio”.


—¿Adaptan sus productos dependiendo del punto de venta?

—Nunca cambiamos nuestras creaciones, son únicas y son las mismas que vendemos en París. La mayoría de los productos que vendemos los creamos nosotros mismos con nuestras propias fábricas, unas trabajan exclusivamente piel, otras porcelana; somos un grupo de artesanos más que vendedores.

Pero no se vende lo mismo en todos los países...

Claro que cada país y cada mercado es diferente, incluso cada ciudad es distinta una de otra, pero algo muy específico que hacemos en Hermès es invitar a todos los gerentes de tienda a ir a París una o dos veces al año, para que elijan ellos mismos los productos que creen que se venderá bien en su tienda.

Es una forma de adaptarnos, y así evitamos crear productos específicos para cada lugar o país.

—¿Dónde tienen sus fábricas?

—La mayor parte de los productos de Hermès están hechos en Francia, los relojes se fabrican en Suiza, mientras que en Italia se crean la ropa y zapatos.

—¿Qué los hace competitivos?

—La fortaleza de Hermès es la calidad de su producto. Nuestros clientes saben que compran un producto que durará por lo menos toda su vida, y posiblemente podrá heredar a una segunda o tercera generación. Hay muchas historias que cuentan que una bolsa fue heredada a una hija o a su nieta. Entonces, la calidad es el máximo tesoro de la compañía.

Gran parte de nuestros productos están hechos a mano, con los mejores materiales y la mejor mano de obra para vender algo que posee creatividad y calidad. No hay que olvidarnos que ésta es una compañía familiar que no trabaja por un mercado en constante cambio, tampoco por obtener ganancias inmediatas, trabajan para el disfrute de la próxima generación. Los herederos de Hermès ya son la sexta generación y quieren transmitir este tesoro.

Jamás produciríamos en China por todas las razones anteriores.

—¿Hermès no implemente la mercadotecnia?


—No creo en la mercadotecnia, y la empresa no tiene un departamento dedicado al estudio del mercado, aunque me gusta la mercadotecnia y comprendo la necesidad de imaginar la realidad de un mercado y adaptar un producto al mismo. Pero no es nuestra forma de hacer negocios, porque somos artesanos y nos basamos en nuestras fábricas, nuestra creatividad y estilo. Y es con ello como queremos complacer a nuestros clientes.

La mercadotecnia es para el corto plazo, porque se quieren ajustar al mercado que existe hoy, pero mañana será distinto, así que siempre tendrán que cambiar su producto, su estilo y creación para adaptarse. Son muy respetables las empresas que hacen esas cosas, pero nosotros no podemos hacer eso porque nuestros procesos son muy largos y muchas manos aprendiendo a hacer un producto de una forma muy especial que no pueden cambiarlo de un día para otro. No tenemos máquinas que con sólo apretar un botón crearán un bolso, por ejemplo.

—¿Cuántas personas laboran en Hermès?

—Cada año contratamos a más gente para que se integre al equipo de artesanos de Hermès, pero lleva incluso años para entrenarlos. Actualmente trabajan para nosotros ocho mil personas.

—¿En qué se basan para producir o no un tipo de producto?


—Nosotros producimos las cosas que sabemos hacer bien, no creamos lentes, que son un buen negocio, pero no nos adentramos a aquello cuyo proceso no dominamos y controlamos al 100 por ciento. Tenemos que digerir primero los procesos antes de crear un producto nuevo.

—¿Puede describir a sus clientes, cómo es la persona que compra productos Hermès?

—Espero no poder describirlos. En Francia no hay un perfil de nuestros clientes, muchos compran, desde el más sencillo hasta el hombre más rico del país. Nosotros vendemos calidad, eso no es exclusivo de una elite, pero sí hay una parte elite en cada persona que tal vez quiera consentirse comprando una corbata o una bufanda porque sea parte de un sueño de poseer y disfrutar algo de tal calidad.

Vendemos una combinación de calidad y creatividad y cada persona la toma como lo desea. El cliente puede tomarlo como un símbolo de estatus, otro como un sueño. Cada quien es libre de darle su propio significado. Nosotros producimos y esperamos que guste lo que hacemos.

Una generación anterior de los dueños de Hermès solía decir que el producto por sí mismo no significa nada; el producto toma vida en las manos de los clientes.

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