Economía

Europa, el proyecto a la deriva

La Unión Europea, el gran acuerdo que acalló los cañones y las balas en el Viejo Continente, navega entre su declinación y la ausencia de rumbo

FRANKFURT, ALEMANIA (14/NOV/2011).- Del continente de la guerra al continente de la paz; del continente de los nacionalismos al continente de los horizontes comunes; del continente del armamentismo al continente de los derechos humanos y la diplomacia; del continente de las ideologías absolutas al continente de la tolerancia y la apertura. En todo esto se convirtió la Europa integrada. Siglos de rivalidades, conflictos y guerras fueron suplantados por décadas de cooperación y desarrollo económico. Siglos de suspicacias, sospechas y desconfianzas fueron enterrados por décadas de acuerdos y proyectos continentales. La Unión Europea, como lo señalara alguna vez el emérito jefe del Gobierno español, Felipe González, “es la gran esperanza de una humanidad más justa y colaboradora; la idea de que la guerra y las rivalidades pueden desaparecer”. No reconocer los logros de la Unión Europea sería abrazar los cánones de la lucha armada como la única vía para transformar la historia.

Sin embargo, la Unión Europea y, en particular, el Eurogrupo, vive momentos de debilidad y de amenaza existencial.

La Europa sólida, fincada en una moneda que crecía inagotablemente y un sistema sociobenefactor que impulsaba niveles alcanzables de igualdad entre las sociedades y los habitantes, se esfuma. Hundida en los laberintos de la deuda, el desempleo y la parálisis económica, se busca en el espejo para no encontrarse. La Unión se ha convertido en una instancia paquidérmico que políticamente no reacciona eficazmente, que económicamente no encuentra las herramientas para dotar de certidumbre a los mercados y a las finanzas públicas, que socialmente abandona sus preceptos subsidiarios en nombre del ajuste y la reestructura, y que culturalmente comienza a perder la batalla ideológica con grupos extremistas que denuncian a Bruselas como fuente y origen de la crisis.

¿Renunciar al proyecto de la Unión?

En términos estructurales, dos escenarios aparecen en el imaginario europeo. Cualquiera de ellos implica riesgos y oportunidades. El primero sería optar por lo que se ha catalogado como una Europa “a dos velocidades”, una integración flexible que moldee más eficazmente las disparidades económicas que existen en el Continente. Es decir, un modelo de integración que no exija los mismos ritmos de adaptación, disminuyendo los riesgos de contagio al interior del núcleo duro de la Unión.

Ésta es una idea que surge desde las cúpulas financieras y políticas alemanas, hartas de respaldar financieramente los desajustes provenientes de “naciones periféricas” como Grecia o Portugal. Francia, el bastión político de la Unión y que por muchos años se erigió en el centro de reflexión y transformación estructural de la comunidad de estados europeos, también ha decidido apoyar con ahínco esta idea de una Europa de evolución disímil.

El empeño del Gobierno de Nicolas Sarkozy en este tópico en particular ha llevado a la prensa francesa a bautizar al presidente como “Merkozy”, debido a la gran influencia que ejerce la canciller alemana Angela Merkel sobre el mandatario galo.

La segunda fórmula para rescatar al proyecto europeo de la inconsistencia financiera y estructural es profundizar el proceso de integración a un mismo ritmo. Una Europa unida que asuma compromisos conjuntos, que, consciente de su diversidad formativa, apueste por instituciones fuertes capaces de llevar a los distintos integrantes de la Unión Europea a objetivos compartidos.

De esta manera, no habría “países europeos de primera” y “países europeos de segunda”, sino, por el contrario, una apuesta por ir más allá en la agenda de integración continental.

Como lo señaló Felipe González en El País de España: “Los que proclaman la desaparición del euro o las dos velocidades en la propia eurozona siguen echando leña al fuego con la errónea pretensión de salvaguardar intereses nacionales. Si alguna vez se retrocede en esa dirección, el coste será inmenso y ningún país saldrá beneficiado. El mercado interior desaparecerá, víctima, entre otros efectos, de las devaluaciones irremediables y de las competitivas. Entonces tendrán que evaluar —otra vez a destiempo— el coste de la no Europa”.

Así, como reconocen destacados europeólogos de la talla del propio González, Ulrich Beck o Lionel Jospin, la estrategia de las “dos velocidades” es de proyección primordialmente nacional, mientras que la segunda opción es de corte continental: resolver la crisis con más Europa, en el tono defendido por el escritor mexicano Jorge Volpi.

Gobiernos contra las cuerdas

Los gobiernos de los países europeos están contra las cuerdas. Las cabezas ruedan y los líderes políticos de las naciones clave en la distribución de poder europeo tienen que voltear y escuchar a su electorado. Ningún jefe de Estado ni de Gobierno de la Europa nuclear cuenta con niveles de aprobación holgados. Angela Merkel ha dilapidado buena parte de su capital político en la defensa de un programa de apoyo híbrido y comprensivo a Grecia. El partido de la canciller, el Democristiano, ha caído a niveles de votación sumamente bajos y ha perdido regiones clave del país con el Partido Socialdemócrata. La misma coalición de Gobierno con el Partido Liberal está en horas débiles. Para acercarse a las cúpulas de este partido y estrechar vínculos con una ciudadanía que la percibe lejana, ya prometió bajar los impuestos en el año 2013.

En Francia, la situación es similar. Sarkozy es un mandatario sumamente debilitado, con márgenes de aprobación que han descendido hasta 35% y con un frente socialista que gira en torno a su candidato François Hollande.

De la misma manera, la ultraderecha, representada en el Frente Nacional del legendario líder conservador Jean Marie Le Pen, alcanza cotas de popularidad nunca antes vista y, no sólo eso, también ha logrado imprimir un sello al debate que pone contra las cuerdas al Elíseo y a las instituciones europeas.

España, Italia e Inglaterra presentan escenarios similares. Gobiernos débiles que no pueden encarar reformas costosas, alta volatilidad política, crisis de empleo y de gasto público y, por supuesto, un ascenso rampante de los movimientos de ultraderecha o ultraizquierda nacionalista que denuncian a las instituciones europeas como una de las causantes de los problemas estructurales de la Unión.

La voz del experto
El rescate, desde la gobernanza


Jean Pierre Brossard (internacionalista)

La situación financiera en Europa llevará al Viejo Continente a poner el dedo en la llaga y reforzar liderazgos gubernamentales con especialistas en finanzas que eviten la ruina económica, además de que serán más escrupulosos con los países que pretendan ingresar a la Unión Europea y a la zona euro, indica el internacionalista Jean Pierre Brossard.

Experto en Relaciones Internacionales y profesor del Tec de Monterrey, Brossard menciona que la actual crisis de deuda “es un fuego que podría expandirse, e Italia se encuentra en el peor estado, aunque otros han hecho esfuerzos para protegerse, como España, Portugal e Irlanda”.

En su opinión, un escenario pesimista es que nadie encontraría soluciones para Grecia, país que terminaría por salir de la zona euro y de la Unión Europea y provocaría un efecto dominó en otras nacionaes.

No obstante, recalca que “nadie tiene interés en que se caiga el sistema europeo, por lo que no se puede dejar de lado el rescate”. Hasta China daría la cara, al tener las reservas más elevadas del mundo, pues incluso el grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) ha salido con un plan de rescate, con el interés de salvaguardar sus mercados.

“Estamos en un momento clave para rescatar a Europa”, subraya Brossard, y enfatiza que el eje será la gobernanza, “donde hacen falta expertos en finanzas como Jacques Delors, y se espera que altos dirigentes sean reemplazados por expertos en la materia, que apoyen puestos clave del Gobierno europeo y sobre todo al ministro de finanzas”.

Señala además que deberán ser más escrupulosos en el procedimiento de entrada a la Unión Europea en cuanto a la revisión de finanzas, pues recuerda que la actual situación “empezó con engaños. Grecia contrató los servicios financieros de Goldman Sachs para que maquillara su mal estado financiero e hiciera presentable su carpeta de entrada a la Unión Europea”.

El académico del Tec de Monterrey prevé que la actual situación económica generará un retraso en la ampliación de la Unión Europea, seguido de un periodo de recuperación para las finanzas de 10 años.

De acuerdo con Brossard, es poco probable que México se vea muy afectado por ese periodo de transición, aunque sí se espera la caída de negocios europeos, así como menor intercambio con el Viejo Continente.

FRASE

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Nadie tiene interés en que se caiga el sistema europeo, por lo que no se puede dejar de lado el rescate […] Estamos en un momento clave para rescatar a Europa ''

Jean Pierre Brossard,
internacionalista


Escenarios
Tres posibles formas de superar la crisis

La Europa de los fuertes

Las naciones más importantes de la Unión Europea deciden continuar con el proceso de integración, pero solamente con la participación de un grupo reducido de países financieramente solventes. El euro queda como moneda de transacción, y se decide desvincularla del mercado interno. Los países de la Unión que no demuestren solidez fiscal y presupuestal tendrían que volver a las monedas nacionales del pasado.

La Europa “a dos velocidades”

Ciertas naciones —como Francia, Alemania y Holanda, y algunas otras que demuestran responsabilidad en el manejo de la deuda y finanzas públicas— avanzan a un sistema de integración más complejo con homologaciones en política fiscal y monetaria, así como un énfasis de interlocución político. Países como Grecia o Portugal tendrían que comenzar un tortuoso proceso de ajuste para poder alcanzar los ritmos de integración anteriores.

Profundizar la integración

Para algunos de los comentaristas, la única forma sustentable de salir del problema europeo es que los participantes demuestren ser más ambiciosos en los planteamientos de integración: buscar coordinación fiscal, de política exterior, energética, etcétera.

Los abanderados de estos postulados consideran que cualquier otra decisión significaría tanto como darle la espalda al proyecto europeo.

Se prepara para el peor escenario
Entre sentimientos encontrados, Reino Unido pone sus barbas a remojar

LONDRES, INGLATERRA.-
Londres se prepara para el peor de los escenarios: la ruptura del euro. No es que el Gobierno británico desee que ocurra eso, ni lo pronostica, pero el primer ministro, el conservador David Cameron, ha declarado que el país ha de estar preparado ante la posibilidad de que ocurra. Y el responsable de Negocios, el liberal-demócrata y europeísta Vince Cable, ha afirmado también que el Tesoro contempla ese escenario, aunque a su juicio el actual pesimismo es exagerado y hay que tener en cuenta la fortaleza de la economía italiana, país al que, opina, no hay que equiparar a Grecia.

Reino Unido observa la crisis del euro con sentimientos encontrados. Incluso los más europeístas respiran aliviados por no estar en la zona euro y muchos parecen haber olvidado que el mundo de los negocios y la mayoría de la City defendían la moneda única.

Mientras tanto, el líder de la oposición, Ed Miliband, ha pedido al Consejo Europeo que se reúna con urgencia y no se levante de la mesa hasta dar con una solución a la crisis, Cameron ha pedido también “acción” a sus colegas europeos.

Quizás Cameron represente mejor que nadie el sentimiento de contradicción que embarga al país. Él sí puede proclamar que se oponía al euro, pero sabe muy bien que estar en el euro no deja al país a salvo de nada y que una ruptura de la moneda única puede provocar una crisis que afecte de lleno a la economía británica, porque vende en la zona euro 40% de sus exportaciones.

“No es de nuestro interés que la zona euro se rompa, que haya países que lo abandonen”, insistió ayer, convirtiendo sus palabras de supuesto ánimo en una declaración alarmista. Si dice eso es que realmente teme que pueda ocurrir. “Tenemos que mantener a la economía británica a salvo, sacar a la economía británica de esta tormenta. Eso significa prepararnos para todas las eventualidades. Y eso es exactamente lo que haremos”, ha añadido, agorero.

La libra no tiene problemas de encarecimiento de las emisiones de deuda, pero el estar fuera del euro no le ha dejado en mejor posición que a otros países: sus cuentas públicas son peores que la de la mayoría, sus bancos han necesitado más ayudas que en ningún otro país y la gran ventaja de mantener la independencia monetaria, la depreciación de su divisa, no se ha traducido en un tirón de las exportaciones.

Ayer mismo, la Comisión Europea predijo un horizonte bastante gris para la economía británica, con un crecimiento de 0.7% este año y de 0.6% y 1.5% en 2012 y 2013. En marzo, la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria británica, en cuyas cifras se basa el Tesoro para elaborar los presupuestos, predijo para esos años crecimientos de 1.7%, 2.5% y 2.9%. Es decir: la libra no está en el euro, pero Reino Unido sí está en esta crisis.

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