Economía
China cambia el signo de sus intereses
La profesora Sara Núñez de Prado afirma que el país asiático diversifica sus mercados y el destino de sus inversiones
CIUDAD DE MÉXICO (03/ENE/2012).- La fortaleza económica de China y su atractivo para la inversión servirán para blindarla de los embates de la crisis que se vive en Europa y la lenta recuperación económica de Estados Unidos.
El país asiático está mirando a nuevos países con el fin de evitar colapsos que le dañen directamente, afirma la investigadora Sara Núñez de Prado Clavell. En los últimos cinco años, sus inversiones han ido a otras naciones en detrimento de otras regiones, como América Latina.
La profesora titular de la Universidad “Rey Juan Carlos” de España sostiene que la china es una economía emergente que está dando muestras de responsabilidad, pero que tiene que hacer reformas estructurales que atemperen la desigualdad.
—La inversión extranjera en China bajó 9.8% en noviembre de 2011, ¿es consecuencia de la crisis o China es cada vez menos atractivo para las empresas?
—Es cierto que en noviembre cayó en relación al dato del mismo mes para el 2010. Pero hay que recordar que en octubre había subido algo más de ocho por ciento. Por otro lado, es importante no olvidar que en enero de 2010 se había producido la expo de Shangai, que permitió a los chinos firmar un número importante de acuerdos comerciales muy beneficiosos. De ahí que los datos posteriores fueran espectaculares, por lo que la bajada tampoco es tan preocupante. No obstante, ya hay quien habla de una especie de desaceleración, que también tiene que ver con la crisis, pero no creo que sea un efecto directo y único, sino que hay que contemplar otros factores y sobre todo tener en cuenta que es la primera vez que baja desde 2009.
Además, y sin minimizar el tema de la crisis, hay otras cuestiones a contemplar, como es el hecho de que las puertas no están recíprocamente igual de abiertas entre China y Europa. Si bien China ha cambiado y ha evolucionado mucho en los últimos tiempos, sigue siendo un país de difícil acceso para los extranjeros. Las facilidades que han encontrado los chinos en Europa por ser considerados como una tabla de salvación para la economía, no han sido las mismas en el caso de los extranjeros que han ido a invertir a China.
—El país ha tenido que subir los sueldos y prestaciones de sus ciudadanos. ¿Es consecuencia de su avance económico o una acción para mantener tranquilidad?
No creo que sean cuestiones excluyentes. Primero, son las condiciones laborales chinas las que permiten que el país sea tan competitivo internacionalmente, pero eso no significa que la población se haya enriquecido de manera paralela, sino sólo que ha habido una parte de dicha población (en torno a 7% según algunos estudios) que ha sido la que ha aumentado su riqueza. Eso, en la práctica, sólo significa mayores diferencias sociales. También hay que tener en cuenta que en los últimos años la inversión del Estado en educación ha sido muy alta, lo que ha permitido que surja una generación de trabajadores muy cualificados en ingenierías y tecnología, muy acostumbrado a trabajar duro, a quejarse poco y por tanto a conformarse con salarios inferiores a los europeos o estadounidenses.
A partir de la apertura de China hacia el capitalismo, algunos sectores laborales llevan tiempo luchando por mejorar su situación, han protagonizado huelgas y han demandado subidas salariales. De hecho, gracias a la ola de huelgas del año pasado, se consiguió un aumento salarial medio de 30 por ciento.
—La alza en los costos ha hecho que algunas empresas busquen otras naciones más baratas, ¿se mantendrá esta tendencia?
—Yo no uniría nación barata con nación competitiva. Una cosa son los productos que una empresa extranjera fabrica en un país en el que le resulta muy barato hacerlo, y otra es que ese país sea competitivo. Es más, es habitual encontrar una relación de riesgo/costo importante en esas decisiones, pues suelen ser países inestables, problemáticos, poco seguros, por lo que China se mantiene como una importante opción ya que sigue siendo un país de oportunidades, muy por encima de otros, que si bien pueden ser más baratos, no ofrecen las ventajas del país asiático.
—¿Con qué región del mundo tiene más problemas para la entrada de sus productos?
—Desde que China entró en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en 2002 las cosas son muy parejas entre todos los estados miembros. En los últimos tiempos, para contrarrestar la debilidad de la economía europea, China está mirando a nuevos países, como Rusia. En los últimos cinco años el signo de las inversiones chinas en el extranjero ha cambiado, dirigiéndose a países como Irán, Turkmenistán o Camboya. Paralelamente ha disminuido en otros lugares, por ejemplo en América Latina. En 2009 China era ya el primer exportador mundial y en 2010 su cuota de exportación estaba ya dos puntos por encima de la de Estados Unidos (10.4% frente a 8.4% de los estadounidenses). Las inversiones directas chinas en el extranjero han alcanzado 317 mil 210 millones de dólares, aunque todavía están muy lejos de las de Japón, Alemania o Estados Unidos.
—¿Qué tan fuerte es su mercado interno?
—El mercado interno chino es débil, y tiene la necesidad de reformas estructurales. Además, está fragmentado. Tiene tasas muy altas de ciudadanos dependientes y económicamente frágiles. La mitad de la población es rural; y la otra mitad, la urbana, tiene un poder adquisitivo escaso debido a esos bajos salarios. No es ningún secreto que su crecimiento depende en buena medida del extranjero y está, por tanto, sujeto a las fluctuaciones del exterior. En la otra cara de la moneda, parece que se están acometiendo reformas para fortalecer ese mercado interno: trasladar industrias al interior, terminar con prácticas políticas corruptas, aumentar la capacidad general de consumo de su población, o lo que es lo mismo, aminorar las desigualdades.
—¿Soportaría una recesión mundial?
—China tiene posibilidades para blindarse frente a una recesión mundial, aunque es obvio que le afectaría y puede que con cierta severidad. Pero ello dependería en buena medida de su dinamismo interno. Soportaron bien la crisis de 2008, lo que hasta cierto punto es un indicador de que tienen margen de acción.
La sociedad china tiene tasas muy altas de ciudadanos dependientes y económicamente frágiles, afirma la profesora de la Universidad “Rey Juan Carlos” de España.
El país asiático está mirando a nuevos países con el fin de evitar colapsos que le dañen directamente, afirma la investigadora Sara Núñez de Prado Clavell. En los últimos cinco años, sus inversiones han ido a otras naciones en detrimento de otras regiones, como América Latina.
La profesora titular de la Universidad “Rey Juan Carlos” de España sostiene que la china es una economía emergente que está dando muestras de responsabilidad, pero que tiene que hacer reformas estructurales que atemperen la desigualdad.
—La inversión extranjera en China bajó 9.8% en noviembre de 2011, ¿es consecuencia de la crisis o China es cada vez menos atractivo para las empresas?
—Es cierto que en noviembre cayó en relación al dato del mismo mes para el 2010. Pero hay que recordar que en octubre había subido algo más de ocho por ciento. Por otro lado, es importante no olvidar que en enero de 2010 se había producido la expo de Shangai, que permitió a los chinos firmar un número importante de acuerdos comerciales muy beneficiosos. De ahí que los datos posteriores fueran espectaculares, por lo que la bajada tampoco es tan preocupante. No obstante, ya hay quien habla de una especie de desaceleración, que también tiene que ver con la crisis, pero no creo que sea un efecto directo y único, sino que hay que contemplar otros factores y sobre todo tener en cuenta que es la primera vez que baja desde 2009.
Además, y sin minimizar el tema de la crisis, hay otras cuestiones a contemplar, como es el hecho de que las puertas no están recíprocamente igual de abiertas entre China y Europa. Si bien China ha cambiado y ha evolucionado mucho en los últimos tiempos, sigue siendo un país de difícil acceso para los extranjeros. Las facilidades que han encontrado los chinos en Europa por ser considerados como una tabla de salvación para la economía, no han sido las mismas en el caso de los extranjeros que han ido a invertir a China.
—El país ha tenido que subir los sueldos y prestaciones de sus ciudadanos. ¿Es consecuencia de su avance económico o una acción para mantener tranquilidad?
No creo que sean cuestiones excluyentes. Primero, son las condiciones laborales chinas las que permiten que el país sea tan competitivo internacionalmente, pero eso no significa que la población se haya enriquecido de manera paralela, sino sólo que ha habido una parte de dicha población (en torno a 7% según algunos estudios) que ha sido la que ha aumentado su riqueza. Eso, en la práctica, sólo significa mayores diferencias sociales. También hay que tener en cuenta que en los últimos años la inversión del Estado en educación ha sido muy alta, lo que ha permitido que surja una generación de trabajadores muy cualificados en ingenierías y tecnología, muy acostumbrado a trabajar duro, a quejarse poco y por tanto a conformarse con salarios inferiores a los europeos o estadounidenses.
A partir de la apertura de China hacia el capitalismo, algunos sectores laborales llevan tiempo luchando por mejorar su situación, han protagonizado huelgas y han demandado subidas salariales. De hecho, gracias a la ola de huelgas del año pasado, se consiguió un aumento salarial medio de 30 por ciento.
—La alza en los costos ha hecho que algunas empresas busquen otras naciones más baratas, ¿se mantendrá esta tendencia?
—Yo no uniría nación barata con nación competitiva. Una cosa son los productos que una empresa extranjera fabrica en un país en el que le resulta muy barato hacerlo, y otra es que ese país sea competitivo. Es más, es habitual encontrar una relación de riesgo/costo importante en esas decisiones, pues suelen ser países inestables, problemáticos, poco seguros, por lo que China se mantiene como una importante opción ya que sigue siendo un país de oportunidades, muy por encima de otros, que si bien pueden ser más baratos, no ofrecen las ventajas del país asiático.
—¿Con qué región del mundo tiene más problemas para la entrada de sus productos?
—Desde que China entró en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en 2002 las cosas son muy parejas entre todos los estados miembros. En los últimos tiempos, para contrarrestar la debilidad de la economía europea, China está mirando a nuevos países, como Rusia. En los últimos cinco años el signo de las inversiones chinas en el extranjero ha cambiado, dirigiéndose a países como Irán, Turkmenistán o Camboya. Paralelamente ha disminuido en otros lugares, por ejemplo en América Latina. En 2009 China era ya el primer exportador mundial y en 2010 su cuota de exportación estaba ya dos puntos por encima de la de Estados Unidos (10.4% frente a 8.4% de los estadounidenses). Las inversiones directas chinas en el extranjero han alcanzado 317 mil 210 millones de dólares, aunque todavía están muy lejos de las de Japón, Alemania o Estados Unidos.
—¿Qué tan fuerte es su mercado interno?
—El mercado interno chino es débil, y tiene la necesidad de reformas estructurales. Además, está fragmentado. Tiene tasas muy altas de ciudadanos dependientes y económicamente frágiles. La mitad de la población es rural; y la otra mitad, la urbana, tiene un poder adquisitivo escaso debido a esos bajos salarios. No es ningún secreto que su crecimiento depende en buena medida del extranjero y está, por tanto, sujeto a las fluctuaciones del exterior. En la otra cara de la moneda, parece que se están acometiendo reformas para fortalecer ese mercado interno: trasladar industrias al interior, terminar con prácticas políticas corruptas, aumentar la capacidad general de consumo de su población, o lo que es lo mismo, aminorar las desigualdades.
—¿Soportaría una recesión mundial?
—China tiene posibilidades para blindarse frente a una recesión mundial, aunque es obvio que le afectaría y puede que con cierta severidad. Pero ello dependería en buena medida de su dinamismo interno. Soportaron bien la crisis de 2008, lo que hasta cierto punto es un indicador de que tienen margen de acción.
La sociedad china tiene tasas muy altas de ciudadanos dependientes y económicamente frágiles, afirma la profesora de la Universidad “Rey Juan Carlos” de España.