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Un 'Chicharo' con destino de leyenda

Tomás Balcázar, abuelo de Javier Hernández, habla de los momentos difíciles que pasó su nieto y aclara que aún 'no es una realidad'

GUADALAJARA, JALISCO (21/AGO/2010).- Tomás Balcázar es una mezcla incesante de emociones. Su alegría está al tope al ver que su nieto Javier Hernández crece a niveles agigantados en la carrera que eligió por convicción, más allá de que el destino le tenía reservado ese sitio por su herencia familiar; sólo era cuestión de rebelarse a los obstáculos que se le atravesaron en el camino, si se rendía, posiblemente hoy sería un jugador más o ya se hubiera retirado. Pero el “Chicharito” reaccionó con furia contra toda adversidad.

Su carácter recuerda en parte, a un pasaje que tuvo otro gran goleador, el alemán Gerd Müller: “Yo entendí que sólo había una manera de ser titular: haciendo goles, y me mentalicé en eso, en anotar como fuera”, dijo recientemente en una entrevista a ESPN.

Y así sucedió con Javier, porque después de su debut con Chivas en el Torneo de Apertura 2006, se fue perdiendo en el olvido, hasta llegar a un punto crucial en el Clausura 2009. A base de derribar murallas defensivas, el delantero rojiblanco no le dejó otro camino al técnico en turno que darle la titularidad.

Luego de un año espectacular con una brillante con al Selección Nacional y dos golazos en el Mundial de Sudáfrica, actualmente, a sus 22 años es la sensación del Manchester United.

Pero, Tomás Balcázar no niega la nostalgia por el espacio vacío que dejó su nieto en la casa donde solía comer junto a él.

“Todos los días comíamos aquí juntos desde hace 15 años, esto parecía que diario teníamos una fiesta, y ahora nos ha cambiado la vida. Ahorita estoy totalmente solo en la casa. Extraño mucho no solamente a él, sino a mi hija, al ‘Chícharo’ grande que también es un enorme ser humano”.

—Pero sabía que él tenía que volar hacia otro rumbo para triunfar…
—Ah claro, y cuando estamos hablando por Internet con él, nunca me verán doblarme porque sería contra su carrera, y estoy seguro que se pone igual de triste y de menos dice: ‘pues me voy a apurar para ver si me lo traigo o me regreso a Guadalajara’.

—¿Qué consejos le daba cuando no era tomado en cuenta por los técnicos luego de su debut en 2006?
—Si se quiere ser alguien en la vida hay que ser tesoneros, necesitamos ser perseverantes en todo, preguntarse: ‘¿qué es lo que quiero ser y si está a mi alcance?’, y entonces hay que luchar, y luchar contra todos. Inclusive, lo veía desesperado, a ratos hasta lloraba, y decía: ‘pero si yo siento que lo hago bien’, y yo le decía: ‘si lo estás haciendo bien, lo que pasa es que no debes voltear ni a ver a los lados, tú mira al frente, y con eso tienes’.

¿Sentía él el peso de ser el nieto de Tomás Balcázar y el hijo de Javier Hernández?
No, fíjate que lo que sentíamos no ahora, sino cuando él jugaba en infantiles y juveniles, pues sí percibíamos que la gente siempre pensaba que él jugaba porque estábamos ahí, y nosotros nunca metimos una mano ni una voz para presionar a ninguno de sus entrenadores. Hubo un entrenador que lo metió un minuto en Estados Unidos, lloviendo le tiran una pelota hacia atrás y él quiso frenarse y se fue de sentaderas hasta la raya. Ese entrenador le dijo en la semana: ‘¿Ya viste? Te di la oportunidad y no la aprovechaste, y no pasó nada’. Eso pasó cuando ya era suplente con el primer equipo, hace como unos tres años, y no digo el nombre porque se arma el borlote. Javier nos dijo qué había pasado y yo le comenté: ‘pues qué pend... es tu entrenador’, porque si han jugado en Primera División los entrenadores ya deben saber lo que es jugar en pasto mojado y no echarle en cara de que no pasa nada.

¿Su momento decisivo es cuando llegan dos delanteros de renombre como Jared Borgetti y Carlos Ochoa el año pasado?
Ahí viene la reacción normal que debe tener el ser humano. Es cuando uno se pregunta: ‘¿por qué trajeron a estos, porque no servimos nosotros?  Voy a demostrar que sirvo’. No creo que le haya calado, pero sí hizo que pusiera más entusiasmo o dedicación, fue algo más, ese puntito que te hace falta.

¿Qué cualidades futbolísticas destaca de él?
Nomás te digo una cosa: cuando trae la pelota el compañero, él hace unos recorridos en diagonales para cualquier parte del área, ya sea para que le den la pelota o para que se la den al compañero, o sea, te lleva marcas, cosa que no hace ningún delantero de todo México.

En una entrevista reciente a Ricardo La Volpe él comentó que le sorprendía la facilidad que tiene para hablar inglés y lo calificó como un futbolista muy preparado…

¡Claro! Porque estamos acostumbrados a que el que es futbolista profesional casi siempre viene de lo más hondo de la sociedad, siempre estamos pensando en que este viene del llano, no, también hay gente preparada como la habido siempre con José Antonio Roca. Ya no están los tiempos de un Tomás Balcázar que éramos de un barrio y sin preparación, y algunos apenas con primaria.

¿Este aspecto siempre quedó claro para él, que debía tener una preparación académica?
La preparación siempre debe haberla en todas las familias porque no a fuerzas tenemos que ser futbolistas, tienes inclinación por un deporte, pero eso no te dice que a fuerzas tengas que ser ese deportista que va a sacar dinero hasta por debajo de la tierra.

¿En qué momento se dieron cuenta de que el futbol era el camino de Javier?
Desde el momento que jugó en el Tapatío, porque ahí empezaron a pagarle 20 pesos, no sé cuánto, y lo ves y dices: ‘es la carrera que él quiere’, pues hay que estimularlo. Nosotros no hicimos más que orientarlo sobre cómo debía comportarse, por eso siempre se lo he dicho muchas veces: ‘primero hay que atender al hombre que va a la tribuna porque es el que te va a dar de comer, y en segundo debes atender a todos los medios que son los que te van a dar difusión; y después haz lo que quieras’.

¿Le ponen ejemplos de deportistas que prometían llegar lejos y se derrumbaron por falta de preparación?
Pocas veces hablamos de personas que no han llegado, más bien hablamos de los que sí. Y le decimos: ‘pero así como han llegado un puño, también hay puño y medio, y dos puños de gente que anhelaba o que tenía facultades’. Pero no tenemos por qué señalar a nadie.

¿Es bueno o malo que ya se le compare con Hugo Sánchez?
Bueno, nuestro México así es. Hay que dejarlo que ruede y buscar la manera que no se desubique, que siga siendo una persona tranquila, que esté pegado al piso, porque todo lo que sube, baja. Hugo Sánchez, Maradona, Pelé, todos ellos han sido grandes figuras, pero como en la rueda de la fortuna: todo lo que sube baja, para eso hay que estar siempre atento con el que está en la tribuna, siempre atento con ustedes, para que cuando las cosas rueden mal no estén burlándose o haciendo fiesta de que le está yendo mal.

¿Sentía que había escepticismo de la gente hacia él poco antes del Mundial?
Cuando él fue a la Selección, lo primero que hizo fue mostrar su tarjeta de presentación: hacer goles. Ese fue el aval que lo llevó al Mundial y que provocó que la gente protestara en la tribuna para ver al chamaco que promete.

-¿Qué sensación tuvo cuando anotó el gol de rebote en la boca en su debut oficial con el Manchester?
-Le dije cuando hablamos: ‘ya sólo falta que metas uno con el trasero’, ja, ja, ja.

Sin embargo, con todas las ilusiones que tiene el también ex jugador de Chivas y seleccionado nacional en el Mundial de Suiza 1954, enfatiza: “Él se está haciendo un hombre gol, todavía no es una realidad, seguido se lo digo: ‘tú dale, anota el gol como puedas’.

Y remata: “Él se fue para hacerle la lucha, él está haciendo una carrera internacional, de él depende hacer un logro en Europa”.

Omar Fares Parra

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