Deportes
Tres argentinos con poco cartel
Martín Vassallo Argüello, Eduardo Schwank y Diego Junqueira son representantes del “tenis pobre” argentino que no tiene mucho dinero, recorre todo el circuito para ganarse el dinero suficiente con el que poder sobrevivir y, de vez en cuando, dan la campanada en Roland Garros
Martín Vassallo Argüello, Eduardo Schwank y Diego Junqueira son representantes del “tenis pobre” argentino que no tiene mucho dinero, recorre todo el circuito para ganarse el dinero suficiente con el que poder sobrevivir y, de vez en cuando, dan la campanada en Roland Garros.
Schwank está ya en la tercera ronda del Grand Slam de tierra batida y los otros dos pasaron a la segunda. Todos ellos viven un sueño al que no están acostumbrados.
La vía la abrió hace dos años Vassallo Argüello, que se ganó el sobrenombre del tenista rojo por sus citas del “Che” al tiempo que avanzaba rondas hasta unos inesperados octavos de final que le sacaron de la pobreza.
“Desde aquel año todo cambió a mi alrededor, me entreno más parecido a los tenistas ricos, tengo una estructura entorno a mi, viajo a los torneos acompañado, juego menos, soy más profesional en lo que puedo, tengo un psicólogo, un entrenador, un preparador físico”, indicó.
A Vassallo no le asusta considerarse el líder de esa facción del tenis que lucha por la supervivencia y, desde la impunidad que le da la independencia, critica a la ATP, a las apuestas, a las costumbres aristocráticas.
Schwank ya superó dos rondas, pero antes había pasado la fase previa, que son tres partidos, y había encadenado victorias en tres torneos de promoción. El total suma 20 victorias consecutivas y ha alcanzado un estatus que ni él soñaba.
“Si hace unos meses me dicen que iba a ganar todo esto no me lo habría creído”, asegura.
Por un lado está el sueño, la gloria que tocan con los dedos y el ruido mediático que causan sus gestas. Pero no olvidan que estos triunfos son sinónimos de más dinero, de poder viajar con su entrenador, de tener que disputar menos torneos de medio pelo para centrarse en los importantes.
“Cuando tienes solucionados estos problemas económicos estás más tranquilo y eso se deja notar en la cancha”, afirma el de Rosario.
A Diego Junqueira su mayor éxito, alcanzar la segunda ronda de Roland Garros, le ha llegado a los 27 años, pero lo asume con la ilusión de un niño que recibe un caramelo.
“Hace 11 años que luchaba por algo como esto. Igual no tengo el talento de los otros para haber subido más deprisa, pero lo suplo con lucha”, asegura el tenista con los ojos brillantes y sin creerse del todo que está vivo en París.
Los vestuarios grandes, codearse con los primeros de la clase, ganarse la atención de los medios de comunicación les saca de su rutina de los torneos de promoción que ocupan el 80 por ciento de su tiempo.
Y avanzar en Roland Garros es todo un éxito.
“Roland Garros es como el Mundial de futbol”, dice Junqueira, que con el dinero que gana en París no cambiará su vida pero podrá vivir tranquilo durante un año.
Schwank está ya en la tercera ronda del Grand Slam de tierra batida y los otros dos pasaron a la segunda. Todos ellos viven un sueño al que no están acostumbrados.
La vía la abrió hace dos años Vassallo Argüello, que se ganó el sobrenombre del tenista rojo por sus citas del “Che” al tiempo que avanzaba rondas hasta unos inesperados octavos de final que le sacaron de la pobreza.
“Desde aquel año todo cambió a mi alrededor, me entreno más parecido a los tenistas ricos, tengo una estructura entorno a mi, viajo a los torneos acompañado, juego menos, soy más profesional en lo que puedo, tengo un psicólogo, un entrenador, un preparador físico”, indicó.
A Vassallo no le asusta considerarse el líder de esa facción del tenis que lucha por la supervivencia y, desde la impunidad que le da la independencia, critica a la ATP, a las apuestas, a las costumbres aristocráticas.
Schwank ya superó dos rondas, pero antes había pasado la fase previa, que son tres partidos, y había encadenado victorias en tres torneos de promoción. El total suma 20 victorias consecutivas y ha alcanzado un estatus que ni él soñaba.
“Si hace unos meses me dicen que iba a ganar todo esto no me lo habría creído”, asegura.
Por un lado está el sueño, la gloria que tocan con los dedos y el ruido mediático que causan sus gestas. Pero no olvidan que estos triunfos son sinónimos de más dinero, de poder viajar con su entrenador, de tener que disputar menos torneos de medio pelo para centrarse en los importantes.
“Cuando tienes solucionados estos problemas económicos estás más tranquilo y eso se deja notar en la cancha”, afirma el de Rosario.
A Diego Junqueira su mayor éxito, alcanzar la segunda ronda de Roland Garros, le ha llegado a los 27 años, pero lo asume con la ilusión de un niño que recibe un caramelo.
“Hace 11 años que luchaba por algo como esto. Igual no tengo el talento de los otros para haber subido más deprisa, pero lo suplo con lucha”, asegura el tenista con los ojos brillantes y sin creerse del todo que está vivo en París.
Los vestuarios grandes, codearse con los primeros de la clase, ganarse la atención de los medios de comunicación les saca de su rutina de los torneos de promoción que ocupan el 80 por ciento de su tiempo.
Y avanzar en Roland Garros es todo un éxito.
“Roland Garros es como el Mundial de futbol”, dice Junqueira, que con el dinero que gana en París no cambiará su vida pero podrá vivir tranquilo durante un año.