Deportes
'Ponchito' González y la falla que pasará a la historia
El mediocampista de Atlas dejó ir la oportunidad de ser héroe en el Clásico Tapatío
GUADALAJARA, JALISCO (05/ABR/2015).- Un Clásico tan bien jugado y de tanta pasión, no podía terminarse sólo con el 1-1 y sin algo más que contar. Una jugada como la que protagonizó
Ponchito González no podía quedarse en un simplón "la falló y se escapó la victoria del Atlas".
La falla del mejor tirador de penaltis de los Zorros fue la suma de todo y la ausencia de temple en el juvenil rojinegro.
Ponchito se consumió en sus propios nervios conforme pasaron los minutos desde la marcación de la falta, hasta que decidió patear a lo Panenka su cobro.
Primero, lo atacó la ansiedad de esperar a que se decretara la pena máxima. Desde la indecisión del juez central Alfredo Peñaloza, hasta la insistencia de Juan Carlos Medina al árbitro auxiliar Alberto Morín de que le dijera al silbante lo que él había sancionado con su bandera.
Peñaloza, que ya iba al área a amonestar a Daniel Álvarez por creer que había fingido la falta, finalmente escucha a su abanderado y marca el penalti.
Entonces, de la ansiedad pasa al más puro estado de nerviosismo. Primero, porque le tiene que arrebatar de las manos la pelota a Aldo Leao, que se aprestaba a ser el cobrador. Después, porque vendría otra andanada de reclamos de los jugadores del Guadalajara.
En ese lapso, comienza la labor de contraespionaje en el Rebaño. Carlos Salcedo se acerca a Luis Michel para decirle cómo tira Ponchito los penales. La semana previa habían convivido en la Selección Sub 22.
"Su primera opción es bombeado y al centro, cuando el arquero lo aguanta entonces cruza su tiro", reveló a algunos colegas Salcedo, pero, mucho antes, se lo reveló a Michel.
Faltaba el "as bajo la manga" del Rebaño. Fernando Arce detectó el nerviosismo de Ponchito y decidió reventar al novato rojinegro.
Arce hizo un absurdo reclamo de la colocación del balón en el manchón de penalti. Invadió el área para decirle al árbitro que el esférico tenía que montarse de manera correcta en la mancha de cal más temida del campo. Leao y Medina entendieron las intenciones de Fernando y fueron a sacarlo del área. El volante de las Chivas salió lo más lento que pudo ante los empellones de los rojinegros.
Para entonces, el rostro de Ponchito estaba desencajado. Al sonido del silbatazo esperó unos segundos más para el cobro. Se encarreró y Michel hizo el movimiento a la izquierda, al tiro cruzado del zurdo. Ponchito cambió su decisión sobre la marcha e intentó tirar a lo Panenka, pero ya iba con la inercia para pegarle cruzado.
Ponchito sacó pasto al ejecutar, señal de que no le dio de lleno al esférico. Su tiro no salió al centro de la portería como ordena el manual del penalti inmortal del checo. Michel estiró su mano derecha y evitó que el tiro se fuera dentro de la portería. Concentrado, esperó que la pelota bajara para quedarse con ella y no cometer una torpeza en la que él mismo pusiera el balón en las redes.
Ponchito, para entonces, tenía los ojos desorbitados. Su último intento de reclamarle al silbante que la pelota había entrado en el manotazo de Michel fue por pura inercia y sin convencimiento.
El triunfo más deseado se esfumó. La derrota más prohibida desapareció. La jugada más comentada del Clásico más comentado de los últimos años lo tendrá como eterno protagonista.
Su técnico, lapidario como es, lo dejó claro minutos después en la conferencia: "Tendrá que aprender a vivir con eso".
EL INFORMADOR / MARIO VALDEZ
La falla del mejor tirador de penaltis de los Zorros fue la suma de todo y la ausencia de temple en el juvenil rojinegro.
Ponchito se consumió en sus propios nervios conforme pasaron los minutos desde la marcación de la falta, hasta que decidió patear a lo Panenka su cobro.
Primero, lo atacó la ansiedad de esperar a que se decretara la pena máxima. Desde la indecisión del juez central Alfredo Peñaloza, hasta la insistencia de Juan Carlos Medina al árbitro auxiliar Alberto Morín de que le dijera al silbante lo que él había sancionado con su bandera.
Peñaloza, que ya iba al área a amonestar a Daniel Álvarez por creer que había fingido la falta, finalmente escucha a su abanderado y marca el penalti.
Entonces, de la ansiedad pasa al más puro estado de nerviosismo. Primero, porque le tiene que arrebatar de las manos la pelota a Aldo Leao, que se aprestaba a ser el cobrador. Después, porque vendría otra andanada de reclamos de los jugadores del Guadalajara.
En ese lapso, comienza la labor de contraespionaje en el Rebaño. Carlos Salcedo se acerca a Luis Michel para decirle cómo tira Ponchito los penales. La semana previa habían convivido en la Selección Sub 22.
"Su primera opción es bombeado y al centro, cuando el arquero lo aguanta entonces cruza su tiro", reveló a algunos colegas Salcedo, pero, mucho antes, se lo reveló a Michel.
Faltaba el "as bajo la manga" del Rebaño. Fernando Arce detectó el nerviosismo de Ponchito y decidió reventar al novato rojinegro.
Arce hizo un absurdo reclamo de la colocación del balón en el manchón de penalti. Invadió el área para decirle al árbitro que el esférico tenía que montarse de manera correcta en la mancha de cal más temida del campo. Leao y Medina entendieron las intenciones de Fernando y fueron a sacarlo del área. El volante de las Chivas salió lo más lento que pudo ante los empellones de los rojinegros.
Para entonces, el rostro de Ponchito estaba desencajado. Al sonido del silbatazo esperó unos segundos más para el cobro. Se encarreró y Michel hizo el movimiento a la izquierda, al tiro cruzado del zurdo. Ponchito cambió su decisión sobre la marcha e intentó tirar a lo Panenka, pero ya iba con la inercia para pegarle cruzado.
Ponchito sacó pasto al ejecutar, señal de que no le dio de lleno al esférico. Su tiro no salió al centro de la portería como ordena el manual del penalti inmortal del checo. Michel estiró su mano derecha y evitó que el tiro se fuera dentro de la portería. Concentrado, esperó que la pelota bajara para quedarse con ella y no cometer una torpeza en la que él mismo pusiera el balón en las redes.
Ponchito, para entonces, tenía los ojos desorbitados. Su último intento de reclamarle al silbante que la pelota había entrado en el manotazo de Michel fue por pura inercia y sin convencimiento.
El triunfo más deseado se esfumó. La derrota más prohibida desapareció. La jugada más comentada del Clásico más comentado de los últimos años lo tendrá como eterno protagonista.
Su técnico, lapidario como es, lo dejó claro minutos después en la conferencia: "Tendrá que aprender a vivir con eso".
EL INFORMADOR / MARIO VALDEZ